Las cinco leyes de la biblioteconomía son cinco frases breves con las que el bibliotecario indio Shiyali Ramamrita Ranganathan resumió en 1931 el propósito de una biblioteca: los libros son para usarse; a cada lector, su libro; a cada libro, su lector; hay que ahorrar tiempo al lector; y la biblioteca es un organismo en crecimiento. No son leyes en el sentido de la física, sino principios normativos, y su fuerza está en que sirven para juzgar cualquier decisión, desde el horario de apertura hasta el diseño de un catálogo en línea. Casi un siglo después siguen siendo lo primero que se enseña en muchas facultades de biblioteconomía.
Ranganathan (1892-1972) no llegó a las bibliotecas por vocación. Era profesor de matemáticas en Madrás cuando, en 1924, la universidad lo nombró su primer bibliotecario, un puesto que aceptó sin entusiasmo. Como condición lo enviaron a formarse a la escuela de biblioteconomía del University College de Londres, donde estudió con W. C. Berwick Sayers, uno de los grandes teóricos de la clasificación. Visitó decenas de bibliotecas inglesas y volvió convencido de que el oficio necesitaba una base teórica, algo que se pudiera razonar como un problema matemático y no solo aprender por costumbre.
La primera ley, los libros son para usarse, parece obvia, pero iba contra una práctica muy extendida: la biblioteca como depósito que protege los libros de los lectores. Libros encadenados, estanterías cerradas, horarios cortos y préstamos restringidos. Ranganathan pedía lo contrario: acceso libre a las estanterías, horarios pensados para el público, mobiliario cómodo y un personal que ayudara a encontrar. Un libro que nadie lee, venía a decir, no cumple su función por bien conservado que esté.
La segunda, a cada lector, su libro, afirma que la biblioteca debe servir a todos, sin distinción de clase, sexo o formación. En la India colonial, donde la mayoría de la población era analfabeta y las bibliotecas eran cosa de élites, la frase tenía un contenido político. De ella se deduce la obligación de conocer a los usuarios y de formar una colección que responda a lo que necesitan, no a lo que el bibliotecario cree que deberían leer.
La tercera, a cada libro, su lector, mira el problema desde el otro lado. Cada libro de la colección tiene alguien a quien le sería útil, y la biblioteca debe ayudar a que se encuentren. De aquí salen la estantería abierta, las exposiciones de novedades, los catálogos bien hechos y las guías de lectura. Es la ley que justifica el trabajo de difusión.

La cuarta, ahorra tiempo al lector, es la más práctica y la más citada fuera de las bibliotecas. Todo lo que obliga al usuario a esperar, a dar vueltas o a preguntar dos veces es un fallo. Ranganathan la aplicaba a la colocación de los libros, a la señalización, al préstamo y sobre todo a la clasificación: un buen sistema de materias pone juntos los libros que un lector querría ver juntos. La misma lógica se aplica hoy a un buscador, a la página de resultados de un catálogo o a la estructura de un sitio web. Añadía que también había que ahorrar tiempo al personal, porque el tiempo del bibliotecario es tiempo que no dedica al lector.
La quinta, la biblioteca es un organismo en crecimiento, recuerda que las colecciones, los usuarios y el personal aumentan, y que cualquier edificio, sistema o catálogo debe preverlo. Un organismo que crece también cambia de forma, y Ranganathan admitía que una biblioteca podía dejar de crecer en tamaño y seguir creciendo en calidad, por ejemplo retirando lo que ya no se usa. Es el principio detrás del expurgo y de la planificación de espacios.
De su obsesión por ahorrar tiempo al lector salió su otra gran aportación, la clasificación colonada, publicada en 1933. Según contaba, la idea se le ocurrió en Londres viendo un juego de Meccano en unos grandes almacenes: con unas pocas piezas se podían montar objetos muy distintos. Las clasificaciones de Dewey o de la Biblioteca del Congreso eran enumerativas, es decir, intentaban listar de antemano todas las materias posibles. Ranganathan propuso descomponer cada materia en facetas y combinarlas en el momento de clasificar. Reconocía cinco categorías fundamentales, conocidas por sus iniciales inglesas PMEST: personalidad, materia, energía, espacio y tiempo.
Cada faceta tenía su propia tabla y un signo de puntuación, los dos puntos en la primera versión, que daba nombre al sistema. La clasificación colonada se usó poco fuera de la India, porque sus números resultaban largos y difíciles de leer en el lomo de un libro. Pero la idea de las facetas se impuso. En Inglaterra, el Classification Research Group la desarrolló desde 1952, la clasificación decimal universal incorporó más facetas en sus revisiones, y cualquier tienda en línea que deja filtrar por talla, color y precio aplica, sin saberlo, un esquema de facetas.
En la India, Ranganathan fundó en Madrás una de las primeras escuelas de biblioteconomía del país, promovió leyes de bibliotecas públicas y se le considera el padre de la profesión; el día de su nacimiento, el 12 de agosto, se celebra como Día Nacional del Bibliotecario. En 1995, Walt Crawford y Michael Gorman propusieron cinco nuevas leyes para la era digital: las bibliotecas sirven a la humanidad; respeta todas las formas de comunicar el conocimiento; usa la tecnología con inteligencia para mejorar el servicio; protege el libre acceso al conocimiento; honra el pasado y crea el futuro. La reformulación prueba la fuerza del original más que su caducidad.
Biblioteca – Catálogo de biblioteca – Usuario de información – Clasificación documental – La clasificación decimal Dewey – El tesauro documental
Fuentes
- S. R. RanganathanThe Five Laws of Library ScienceMadras Library Association, Madrás1931
- S. R. RanganathanColon ClassificationMadras Library Association, Madrás1933
- Walt Crawford y Michael GormanFuture Libraries: Dreams, Madness & RealityAmerican Library Association, Chicago1995
- Michael GormanOur Enduring Values: Librarianship in the 21st CenturyAmerican Library Association, Chicago2000
- Alireza NoruziApplication of Ranganathan's Laws to the WebWebology 1 (2)2004
- Brian C. VickeryFaceted Classification: A Guide to Construction and Use of Special SchemesAslib, Londres1960