La hiperinflación húngara de 1946

En julio de 1946 los precios se duplicaban en Hungría cada quince horas. Por qué la peor inflación de la historia es mucho menos conocida que la alemana.

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La hiperinflación húngara de 1945 y 1946 es la mayor que se ha medido nunca. En julio de 1946, el peor mes, los precios subieron en Hungría cerca de un 42.000 billones por ciento, es decir, se multiplicaron por unos 419 billones en treinta días. Dicho de una forma más manejable, se duplicaban cada quince horas: lo que por la mañana costaba un pengő costaba dos a medianoche y cuatro al día siguiente a media tarde. Cuando se hace una lista de hiperinflaciones, la alemana de 1923 queda muy por debajo y la de Zimbabue de 2008, la segunda de la historia, también. Y sin embargo, cuando alguien quiere un ejemplo de inflación desbocada, casi nunca piensa en Budapest.

El pengő se había creado en 1927 para sustituir a la corona, hundida en la inflación posterior a la Primera Guerra Mundial, y había sido una moneda razonablemente estable. La Segunda Guerra lo destruyó por varias vías a la vez. El país fue campo de batalla durante meses, el asedio de Budapest entre diciembre de 1944 y febrero de 1945 arrasó la capital y voló todos sus puentes, y buena parte del equipo industrial y del ganado se perdió o fue requisado. El armisticio de enero de 1945 obligó a pagar 300 millones de dólares de reparaciones, dos tercios a la Unión Soviética, y además había que mantener al ejército de ocupación, que al principio llegó a imprimir sus propios pengős. El Estado recaudaba una fracción mínima de lo que gastaba y cubría el resto con la imprenta.

Billete azul húngaro de 1946 con la leyenda Százmillió B.-pengő, el retrato de una mujer joven a la derecha y una letra B grande en las esquinas
Fig. 1 Billete de cien millones de b.-pengő, fechado el 3 de junio de 1946 y puesto en circulación en julio. La «b» abreviaba billió, un millón de millones, así que el billete valía 10²⁰ pengős: el valor nominal más alto que ha circulado nunca. Se llegó a imprimir otro de mil millones de b.-pengő que no se emitió.Banco Nacional de Hungría · 1946 · Dominio público · Wikimedia Commons

La mecánica fue la de toda hiperinflación, llevada al extremo. Como el dinero perdía valor a cada hora, nadie quería guardarlo, se gastaba en cuanto se cobraba y eso aceleraba la subida de precios; cuanto más subían, menos valían los impuestos cuando por fin se ingresaban, y más había que imprimir. En enero de 1946 el gobierno introdujo el adópengő, el «pengő fiscal», una unidad de cuenta que se ajustaba cada día a los precios para que los impuestos no se evaporaran entre la liquidación y el pago. William Bomberger y Gail Makinen estudiaron el experimento y mostraron que tuvo un efecto perverso. Al permitir que los depósitos bancarios y luego ciertos billetes se denominaran en adópengő, el pengő corriente quedó como un dinero que nadie quería tener ni un minuto, y su velocidad de circulación se disparó.

Certificado húngaro de 1946 impreso en azul claro con la leyenda Pénztárjegy Egymillió adópengőről, número de serie y un taladro de cancelación en el centro
Fig. 2 Certificado de la Caja Postal de Ahorros húngara por un millón de adópengős, 1946. El adópengő nació como unidad de cuenta indexada para cobrar impuestos; en verano de 1946 circulaba como dinero junto al pengő, que para entonces ya no servía para casi nada.Caja Postal de Ahorros de Hungría · 1946 · Dominio público · Wikimedia Commons

En julio los billetes no valían ni el papel en que estaban impresos, y la vida cotidiana se organizó al margen de ellos. Los salarios se pagaban en especie o varias veces al día, los campesinos solo vendían a cambio de otras mercancías y los precios se fijaban en dólares, en oro o en adópengő. Los que tenían ahorros en pengős los perdieron por completo, igual que los que tenían bonos del Estado o pensiones. Las deudas desaparecieron con la misma rapidez, de modo que salieron bien parados quienes debían dinero y poseían cosas: tierras, edificios, fábricas, mercancías.

La estabilización fue tan brusca como la caída. El 1 de agosto de 1946 se creó el florín, el forint, que equivalía a 400.000 cuatrillones de pengős, un 4 seguido de 29 ceros, o a 200 millones de adópengős. Para que la nueva moneda no siguiera el mismo camino, el gobierno recortó el gasto con dureza, subió impuestos, limitó la emisión por ley y consiguió un respaldo que llegó en el momento justo: las reservas de oro del Banco Nacional, unas treinta toneladas que se habían evacuado a Austria al final de la guerra y habían acabado en manos del ejército estadounidense en Fráncfort, fueron devueltas ese mismo mes. El florín aguantó. Es la moneda que Hungría sigue usando hoy.

La gestión política del episodio sigue discutiéndose. El Consejo Económico Supremo, que coordinaba la política económica y preparó la estabilización, estaba muy influido por el Partido Comunista, y se ha sostenido que la inflación sirvió para liquidar el patrimonio de las clases medias y facilitar la toma del poder que llegó en 1947 y 1948. Bomberger y Makinen analizan la emisión como lo que en la práctica fue, un impuesto que el gobierno cobraba imprimiendo, y no como un accidente. Pero no hace falta una conspiración para explicar el fenómeno: un Estado arruinado, con reparaciones que pagar y sin base fiscal, tenía muy pocas alternativas.

Que se recuerde tan poco tiene explicaciones sencillas. La hiperinflación alemana ocurrió en un país grande, con una literatura enorme, y quedó unida en la memoria al ascenso del nazismo. La húngara ocurrió en un país pequeño, ocupado, en plena posguerra, cuando media Europa estaba en ruinas y la atención estaba en otra parte, y detrás vino la cortina de hierro. Para los economistas, sin embargo, es un caso de estudio precioso. Muestra que la inflación no tiene techo cuando el Estado financia con la imprenta casi todo su gasto, que la indexación puede empeorar las cosas, y lo que Thomas Sargent defendió para las inflaciones de los años veinte: que una hiperinflación puede terminar de un día para otro si se cambia de verdad la política fiscal que la alimenta.

La hiperinflación alemana de 1923 – Dinero fiduciario – Política inflacionista – Economía de guerra – La revolución de los precios

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Fuentes

  1. William A. Bomberger y Gail E. MakinenIndexation, Inflationary Finance, and Hyperinflation: The 1945-1946 Hungarian ExperienceJournal of Political Economy, 88 (3), pp. 550-5601980enlace
  2. William A. Bomberger y Gail E. MakinenThe Hungarian Hyperinflation and Stabilization of 1945-1946Journal of Political Economy, 91 (5), pp. 801-8241983enlace
  3. Thomas J. SargentThe Ends of Four Big InflationsEn Robert E. Hall (ed.), Inflation: Causes and Effects, University of Chicago Press, pp. 41-981982
  4. Steve H. Hanke y Nicholas KrusWorld HyperinflationsEn Randall E. Parker y Robert Whaples (eds.), Routledge Handbook of Major Events in Economic History, Routledge, Londres2013enlace
Sarasola, Josemari (2025). "La hiperinflación húngara de 1946". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/la-hiperinflacion-hungara-de-1946/

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