El telar de Jacquard

Un tejedor de Lyon inventó en 1804 un telar que leía el dibujo en tarjetas perforadas. Babbage copió la idea para su máquina y de ahí salió la informática.

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Un tejido está hecho de dos series de hilos que se cruzan: la urdimbre, que va a lo largo del telar, y la trama, que la atraviesa de un lado a otro. En cada pasada de la lanzadera, unos hilos de urdimbre se levantan y otros se quedan abajo, y la trama pasa entre ellos. Qué hilos se levantan en cada pasada es lo que decide el dibujo. En una tela lisa la regla es sencilla: uno arriba, uno abajo. En un brocado de seda con flores y pájaros, cada pasada es distinta de la anterior y puede afectar a cientos de hilos por separado.

Durante siglos esa selección se hacía a mano. En el telar de tiro, el que usaban los tejedores de seda de Lyon, un ayudante, a menudo un niño, se sentaba en lo alto de la máquina y tiraba de los cordones que levantaban los grupos de hilos indicados para cada pasada, siguiendo un programa preparado de antemano. Era un trabajo lento, agotador y propenso a errores, y un error estropeaba la pieza.

Varios inventores del siglo XVIII intentaron mecanizarlo. En 1725 Basile Bouchon, hijo de un organero, usó una tira de papel perforado para seleccionar los cordones, y su ayudante Jean-Baptiste Falcon sustituyó la tira por tarjetas de cartón. En 1745 Jacques de Vaucanson, famoso por sus autómatas, construyó un telar automático con un cilindro perforado. Ninguno se difundió. Los mecanismos eran frágiles o demasiado caros, y resolvían solo parte del problema.

Grabado de un hombre mayor de pelo canoso y mirada serena, vestido con levita y corbatín, de medio cuerpo
Fig. 1 Joseph Marie Jacquard en un grabado del siglo XIX. Hijo de tejedores de Lyon, trabajó en muchos oficios antes de dedicarse a mejorar el telar.Anónimo · Dominio público · Wikimedia Commons

Joseph Marie Jacquard, nacido en Lyon en 1752 en una familia de tejedores, reunió esas ideas en una sola máquina. Su mecanismo, perfeccionado hacia 1804, se colocaba encima de un telar corriente. Cada hilo de urdimbre colgaba de un gancho, y cada gancho estaba conectado a una aguja horizontal. Antes de cada pasada, una tarjeta de cartón se apretaba contra las agujas: donde la tarjeta tenía un agujero, la aguja pasaba y su gancho se levantaba con el hilo; donde no lo tenía, la aguja quedaba bloqueada y el hilo se quedaba abajo. Una tarjeta era una pasada. Cosidas en una larga cadena, las tarjetas iban pasando una tras otra y el telar tejía el dibujo completo sin que nadie tuviera que decidir nada.

Largo acordeón de tarjetas de cartón perforadas, unidas entre sí, que cuelga junto a la maquinaria de un telar
Fig. 2 Tarjetas perforadas de un telar Jacquard, cosidas en cadena. Cada fila de agujeros dice qué hilos se levantan en una pasada; cambiar el dibujo es cambiar las tarjetas, no la máquina.Robert Brook · 2020 · CC0 (dominio público) · Wikimedia Commons

La consecuencia más importante fue la separación entre la máquina y el dibujo. El mismo telar podía tejer cualquier motivo, bastaba con perforar otra cadena de tarjetas, y el diseño podía guardarse, copiarse y repetirse exactamente. Un tejedor solo hacía el trabajo de dos personas y a mucha más velocidad. Napoleón, que visitó Lyon, declaró el invento propiedad pública en 1806 y concedió a Jacquard una pensión y un pago por cada telar instalado. Los tejedores de la ciudad no lo recibieron igual de bien: temían perder el trabajo, algunos telares fueron quemados en público y el propio Jacquard fue agredido. Es la misma reacción que por entonces tenían los luditas en Inglaterra. Aun así, en pocos años había miles de telares Jacquard en Francia, y a mediados de siglo el mecanismo se usaba en todo el mundo.

La demostración más célebre de lo que podía hacer fue un retrato del propio Jacquard tejido en seda en 1839, tan fino que parecía un grabado. Hicieron falta unas veinticuatro mil tarjetas. El matemático inglés Charles Babbage tenía uno en su salón y disfrutaba preguntando a sus invitados qué técnica de grabado creían que era.

Babbage no lo tenía por casualidad. Desde 1834 diseñaba la máquina analítica, una calculadora mecánica de propósito general, y decidió darle las instrucciones con tarjetas perforadas como las de Jacquard: unas para indicar las operaciones y otras para los números con los que operar. Ada Lovelace, que en 1843 publicó la descripción más completa de la máquina, lo resumió en una frase: la máquina analítica teje patrones algebraicos igual que el telar de Jacquard teje flores y hojas. La máquina nunca se terminó, pero la idea de un mecanismo general que sigue una secuencia de instrucciones intercambiables es la de un programa, y la de una cadena de tarjetas que vuelve a empezar para repetir un motivo es la de un bucle.

Las tarjetas sobrevivieron al telar como soporte de información. Herman Hollerith las usó para el censo estadounidense de 1890, que se procesó en una fracción del tiempo del anterior, y su empresa acabó formando parte de IBM. Hasta los años setenta, programar un ordenador consistía muchas veces en perforar tarjetas. En cada posición había agujero o no lo había, un sí o un no, que es exactamente la unidad del sistema binario. La informática heredó de una fábrica de seda de Lyon la idea de que un algoritmo puede escribirse, guardarse y dárselo a una máquina.

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Fuentes

  1. Charles BallotL'introduction du machinisme dans l'industrie françaiseComité des travaux historiques, Lille y París1923
  2. Ada LovelaceSketch of the Analytical Engine invented by Charles Babbage, with notes by the translatorScientific Memoirs 31843
  3. Charles BabbagePassages from the Life of a PhilosopherLongman, Londres1864
  4. James EssingerJacquard's Web: How a Hand-loom Led to the Birth of the Information AgeOxford University Press, Oxford2004
Sarasola, Josemari (2026). "El telar de Jacquard". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/el-telar-de-jacquard/

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