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El pequeño Albert

El pequeño Albert es el bebé con el que el psicólogo John B. Watson y su ayudante Rosalie Rayner intentaron demostrar, en 1920, que el miedo se aprende. Le enseñaron a tener miedo de una rata blanca que antes no le asustaba en absoluto, asociándola a un ruido fuerte, y comprobaron que ese miedo se extendía a otras cosas peludas. El experimento se convirtió en uno de los relatos fundacionales del conductismo, la corriente que entendía la psicología como el estudio de cómo el ambiente moldea la conducta. También es uno de los más cuestionados, por razones éticas y científicas.

Watson trabajaba en la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore, y estaba convencido de que casi todo lo que somos se aprende. Llegó a escribir una frase célebre: denme una docena de niños sanos y un mundo organizado a mi manera, y convertiré a cualquiera de ellos en médico, abogado, artista, mendigo o ladrón. El pequeño Albert era, según el artículo, un niño sano y tranquilo, hijo de una nodriza que trabajaba en un hospital infantil de la universidad. Watson lo eligió precisamente porque apenas se asustaba de nada.

Fotograma en blanco y negro de un bebé gateando sobre una colchoneta junto a un hombre con una máscara de Papá Noel
Fig. 1 Fotograma de la película que Watson y Rayner rodaron en 1920: el pequeño Albert ante una máscara de Papá Noel, uno de los objetos a los que se extendió su miedo.John B. Watson y Rosalie Rayner · 1920 · Dominio público · Wikimedia Commons

Con unos nueve meses, le presentaron una serie de cosas para ver cómo reaccionaba: una rata blanca, un conejo, un perro, un mono, máscaras, algodón y hasta periódicos ardiendo. No mostró miedo ante ninguna. Lo único que le hacía llorar era un ruido fuerte e inesperado: el golpe de un martillo contra una barra de acero, detrás de su cabeza. Esa era la clave del experimento. En términos del condicionamiento clásico de Pávlov, el ruido era un estímulo que producía miedo de forma natural, y la rata un estímulo neutro. La idea era unirlos.

A los once meses empezaron las pruebas. Cada vez que Albert alargaba la mano para tocar la rata, uno de los investigadores golpeaba la barra. Tras siete emparejamientos repartidos en dos sesiones, bastaba con enseñarle la rata sola para que llorara, se diera la vuelta y gateara a toda prisa para alejarse. Unos días después comprobaron que el miedo se había generalizado: Albert reaccionaba también ante un conejo, un perro, un abrigo de piel, algodón, la máscara de Papá Noel e incluso el pelo de Watson. Al cumplir un año el miedo seguía, aunque algo más débil.

Watson y Rayner anunciaron que querían «descondicionar» a Albert, es decir, quitarle el miedo que le habían creado, pero no llegaron a hacerlo: el niño dejó el hospital con su madre y no volvieron a verlo. Escribieron incluso, en un tono que hoy sorprende, que esas reacciones probablemente le durarían toda la vida si nadie las corregía. Cuatro años más tarde, otra alumna de Watson, Mary Cover Jones, demostró con un niño llamado Peter que se podía hacer lo contrario: le quitó el miedo a los conejos acercándole uno poco a poco mientras comía algo que le gustaba. Esa técnica está en el origen de la desensibilización sistemática, que todavía se usa para tratar las fobias.

Desde el punto de vista ético, el experimento sería impensable hoy: se asustó deliberadamente a un bebé, sin un consentimiento informado real de su madre, y no se deshizo el daño. Pero también tiene problemas científicos serios. Se hizo con un solo niño, sin grupo de comparación, y las reacciones se describieron de forma impresionista, sin medirlas. Las reacciones de Albert no fueron tan limpias como luego se contó: a veces había que volver a golpear la barra para renovar el miedo, y cuando se chupaba el dedo parecía olvidarse de la rata. En 1979, el psicólogo Ben Harris mostró que los manuales habían ido deformando la historia con los años, añadiendo detalles que no estaban en el artículo, como que Albert acabó teniendo miedo de los gatos o de su propia madre.

Durante casi un siglo nadie supo quién era Albert, porque Watson usó un seudónimo. En 2009, un equipo dirigido por Hall Beck propuso que era Douglas Merritte, hijo de una nodriza del hospital, que murió a los seis años de hidrocefalia, lo que abrió una polémica sobre si el niño estaba realmente sano, como decía el artículo. En 2014, otro grupo encabezado por Russell Powell presentó una candidatura que hoy se considera más sólida: William Albert Barger, otro hijo de una nodriza del mismo hospital, que vivió hasta 2007. Según contó su familia, nunca supo que había sido parte de un experimento famoso, aunque toda su vida le desagradaron los perros.

El legado de Watson es contradictorio. Su conductismo aportó a la psicología el rigor de medir la conducta observable, y la idea de que los miedos pueden aprenderse, y por tanto desaprenderse, sigue en el centro de las terapias de las fobias. Pero sus consejos de crianza, que recomendaban no abrazar ni besar a los niños para no volverlos débiles, fueron rebatidos por investigaciones posteriores como las de Harry Harlow con monos rhesus, que mostraron que el contacto y el afecto son una necesidad básica. Watson dejó la universidad en 1920, tras un escándalo por su relación con Rayner, y terminó trabajando en publicidad.

Condicionamiento clásicoLos monos de HarlowVínculos afectivos y apegoEl caso de Phineas GageMétodo experimental

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Fuentes

  1. John B. Watson y Rosalie RaynerConditioned Emotional ReactionsJournal of Experimental Psychology 3 (1), pp. 1-141920enlace
  2. Ben HarrisWhatever Happened to Little Albert?American Psychologist 34 (2), pp. 151-1601979enlace
  3. Hall P. Beck, Sharman Levinson y Gary IronsFinding Little Albert: A Journey to John B. Watson's Infant LaboratoryAmerican Psychologist 64 (7), pp. 605-6142009enlace
  4. Russell A. Powell, Nancy Digdon, Ben Harris y Christopher SmithsonCorrecting the Record on Watson, Rayner, and Little Albert: Albert Barger as Psychology's Lost BoyAmerican Psychologist 69 (6), pp. 600-6112014enlace
  5. Mary Cover JonesA Laboratory Study of Fear: The Case of PeterPedagogical Seminary 31 (4), pp. 308-3151924
Sarasola, Josemari (2024). "El pequeño Albert". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/el-pequeno-albert/

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