El cisne negro

Sucesos rarísimos, de consecuencias enormes, que luego todos explican. Qué es un cisne negro según Taleb, de dónde viene y en qué se abusa de la idea.

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Un cisne negro es, en la definición de Nassim Nicholas Taleb, un suceso con tres propiedades: es extremadamente improbable según todo lo que se sabía antes de que ocurriera, tiene consecuencias enormes y, una vez ocurrido, la gente le encuentra explicaciones que lo hacen parecer previsible. La Primera Guerra Mundial, la aparición de internet, los atentados del 11 de septiembre de 2001 y la crisis financiera de 2008 son los ejemplos del libro que lo popularizó, El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable, publicado en 2007, un año antes de que la crisis le diera la razón y lo convirtiera en uno de los ensayos más vendidos de la década. La tesis es que la historia la hacen estos sucesos y que casi todo nuestro aparato de predicción está diseñado para ignorarlos.

La metáfora es antigua. En la Roma del siglo I, el poeta Juvenal describía a una esposa perfecta como «un ave rara en la tierra, muy parecida a un cisne negro», es decir, algo que no existe; durante quince siglos la expresión sirvió en Europa para nombrar lo imposible, porque todos los cisnes que alguien había visto eran blancos. En 1697, la expedición del holandés Willem de Vlamingh encontró cisnes negros en un río de Australia occidental, que desde entonces se llama río Swan. Una sola observación bastó para derribar una certeza construida sobre millones de observaciones a favor, y eso es lo que los filósofos tomaron del episodio. David Hume lo usó para el problema de la inducción: de que el sol haya salido todos los días no se sigue que vaya a salir mañana. Karl Popper lo convirtió en el núcleo de su filosofía de la ciencia: ninguna cantidad de cisnes blancos confirma que todos los cisnes son blancos, y un solo cisne negro lo refuta, de modo que la ciencia avanza no acumulando confirmaciones sino intentando refutar. Taleb toma de Popper la asimetría y la traslada de la ciencia a la vida: lo que no hemos visto pesa más que lo que hemos visto, y nadie lo tiene en cuenta.

Ilustración antigua de un cisne negro
Fig. 1 Un cisne negro australiano. Hasta 1697, la expresión designaba en Europa lo que no podía existir; desde entonces, lo que nadie había visto todavía.John Gerrard Keulemans · 1869 · Dominio público · Wikimedia Commons

La parte técnica del libro está en lo que Taleb llama Mediocristán y Extremistán. En Mediocristán, donde viven la estatura, el peso o el consumo de calorías, ningún caso aislado cambia el total: si se reúne a mil personas y se añade al hombre más alto del mundo, la media apenas se mueve. En Extremistán, donde viven la riqueza, las ventas de libros, las víctimas de las guerras o los movimientos de la bolsa, un solo caso puede pesar más que todos los demás juntos: si a esas mil personas se añade a Bill Gates, su patrimonio es el 99,9 % del total. Las herramientas estadísticas que se enseñan, la distribución normal y sus campanas, funcionan en Mediocristán y fallan de forma catastrófica en Extremistán, donde las colas de la distribución son «gruesas» y lo que debería ocurrir una vez cada diez mil años ocurre cada década. Taleb debe esta parte a Benoit Mandelbrot, que en 1963 había mostrado que los precios del algodón no seguían una campana de Gauss, y que fue su mentor. La crítica apunta a los modelos de riesgo de los bancos, que en 2007 medían la probabilidad de pérdidas con distribuciones que hacían imposible lo que estaba a punto de pasar. Los gestores de aquellos fondos describieron después la crisis como una sucesión de sucesos «de veinticinco desviaciones típicas, varios días seguidos», lo que en una campana de Gauss no ocurriría ni una vez en la vida del universo; lo que eso demostraba no era la mala suerte, sino que la campana estaba mal.

La metáfora del libro se ha extendido mucho más allá de su definición, y Taleb se ha pasado los años siguientes protestando. Casi cualquier desastre se califica hoy de cisne negro, y la mayoría no lo son. La pandemia de 2020 es el caso más citado: epidemiólogos, gobiernos y el propio Taleb llevaban años advirtiendo de que una pandemia respiratoria era cuestión de tiempo, y Taleb escribió en enero de 2020 que la de coronavirus no era un cisne negro, sino un cisne blanco, un suceso previsible que se había decidido no prever. La distinción importa, porque un cisne negro exime de responsabilidad y un cisne blanco la señala. La misma objeción vale para la crisis de 2008, que varios economistas habían anunciado, y para la mayoría de las sorpresas que las empresas alegan en sus informes anuales.

Lo que el libro propone no es predecir los cisnes negros, que por definición es imposible, sino construir vidas, carteras y sistemas que los sobrevivan y, si es posible, se beneficien de ellos: evitar las apuestas en que una pérdida improbable lo destruye todo, y buscar las que tienen una pérdida limitada y una ganancia abierta. Taleb lo llamó después antifragilidad, y es la parte de su obra que ha envejecido mejor. La de los cisnes ha envejecido como envejecen las buenas metáforas: se ha vuelto tan útil que casi nadie la usa bien.

Incertidumbre – Riesgo financiero – La sociedad del riesgo – Falsacionismo y revoluciones científicas

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Fuentes

  1. Nassim Nicholas TalebThe Black Swan: The Impact of the Highly ImprobableRandom House, Nueva York2007enlace
  2. David HumeAn Enquiry Concerning Human UnderstandingLondres (sección IV)1748enlace
  3. Karl R. PopperThe Logic of Scientific DiscoveryHutchinson, Londres1959enlace
  4. Benoit B. MandelbrotThe Variation of Certain Speculative PricesThe Journal of Business 36 (4), 394-4191963enlace
Sarasola, Josemari (2024). "El cisne negro". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/el-cisne-negro/

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