La sociedad del riesgo

Qué es la sociedad del riesgo de Ulrich Beck: el libro de Chernóbil, los riesgos fabricados, el efecto bumerán y las críticas de la justicia ambiental.

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La sociedad del riesgo (en alemán, Risikogesellschaft; en inglés, risk society) es la expresión con la que el sociólogo alemán Ulrich Beck describió en 1986 la etapa en la que, según él, estaban entrando las sociedades industriales avanzadas. Su tesis era que el gran problema social ya no es cómo repartir la riqueza que produce la industria, sino cómo repartir, prevenir y gestionar los peligros que esa misma industria genera: la contaminación química, los accidentes nucleares, el cambio climático, los alimentos adulterados. En la sociedad del riesgo, el progreso técnico se ha convertido en la principal fuente de amenazas, y la política gira cada vez más en torno a ellas.

El libro, La sociedad del riesgo. Hacia una nueva modernidad, tuvo una coincidencia que lo hizo famoso. Beck lo estaba terminando en la primavera de 1986 cuando, el 26 de abril, estalló el reactor número 4 de la central nuclear de Chernóbil, en la Ucrania soviética. La nube radiactiva recorrió Europa durante días; en Alemania Occidental se recomendó no dejar a los niños jugar en la arena, se destruyeron cosechas de verduras y la leche fue analizada con contadores Geiger. Beck añadió un prólogo en el que señalaba que el accidente confirmaba lo que el libro sostenía, y la obra se convirtió en un éxito de ventas poco habitual para un ensayo de sociología.

Fotografía en color de un edificio de madera y ladrillo en ruinas, con el tejado hundido y la vegetación creciendo entre los escombros
Fig. 1 Un edificio abandonado en Chernóbil en 2019. El accidente de 1986 se produjo cuando el libro de Beck estaba a punto de publicarse, y su autor lo incorporó al prólogo como ejemplo de un riesgo que no respetaba fronteras.George Chernilevsky · 2019 · Dominio público · Wikimedia Commons

La primera idea clave es que los nuevos riesgos son fabricados. Las sociedades de todas las épocas han vivido con peligros, como las epidemias, las sequías o las inundaciones, pero esos peligros venían de la naturaleza o del destino. Los riesgos de la sociedad del riesgo proceden de decisiones humanas, sobre todo de la industria, la ciencia y la técnica, y por eso plantean una pregunta de responsabilidad que las catástrofes naturales no planteaban: alguien los ha causado, o al menos alguien los ha permitido. El sociólogo británico Anthony Giddens, que desarrolló ideas muy parecidas en la misma época, habló de incertidumbre fabricada para referirse a lo mismo.

La segunda idea es que muchos de estos riesgos son invisibles para los sentidos. La radiactividad, los pesticidas en el agua o los gases que calientan la atmósfera no se ven, no huelen y no se notan hasta que es tarde. Para saber que existen hace falta la ciencia, con sus mediciones, sus modelos y sus umbrales, lo que convierte a los expertos en protagonistas de la política y abre al mismo tiempo un conflicto permanente sobre quién tiene autoridad para definir qué es peligroso. Como los científicos discrepan, las empresas financian estudios propios y los ciudadanos desconfían de unos y otros, la definición del riesgo se convierte en objeto de lucha social.

La tercera idea es el llamado efecto bumerán. En la sociedad industrial clásica, la riqueza se concentraba arriba y la miseria abajo, y las clases altas podían protegerse de los males de la industria viviendo lejos de las fábricas. Muchos riesgos modernos, en cambio, acaban alcanzando también a quienes los producen o se benefician de ellos: los pesticidas vuelven en los alimentos que se exportan, la lluvia ácida cruza las fronteras y la radiación de Chernóbil llegó a Laponia y a Baviera. Beck lo resumió en una frase provocadora: «la miseria es jerárquica; el smog es democrático». No pretendía decir que todos sufrieran igual, sino que el dinero ya no bastaba para quedar a salvo.

El giro que describe Beck: de repartir bienes a repartir males

Beck añadió otros conceptos que se han usado mucho. La modernización reflexiva describe una modernidad que se enfrenta a las consecuencias de sí misma y se ve obligada a revisar las instituciones que creó: la ciencia, el mercado, el Estado y la familia. La irresponsabilidad organizada, subtítulo de un libro suyo de 1988, designa la paradoja de que, en sistemas complejos con muchos actores, empresas, reguladores, gobiernos y laboratorios, cada uno cumpla con su parte y nadie sea responsable del daño final. Y la individualización, que desarrolló con su esposa, la socióloga Elisabeth Beck-Gernsheim, explica cómo las biografías se liberan de las clases sociales y las tradiciones, pero cargan a cada persona con la tarea de gestionar por sí misma los riesgos de su vida.

En 1999, Beck amplió el diagnóstico en La sociedad del riesgo global, donde incluía el terrorismo internacional y las crisis financieras junto a los riesgos ecológicos, y argumentaba que ningún Estado podía gestionarlos solo. Hasta su muerte, en 2015, defendió una perspectiva cosmopolita: si los riesgos no conocen fronteras, la política tampoco puede limitarse a ellas. La crisis financiera de 2008, la pandemia de covid-19 de 2020 y el cambio climático se han analizado desde entonces con sus conceptos, que se han convertido en parte del vocabulario habitual de la sociología ambiental y de los estudios sobre ciencia y sociedad.

Las críticas señalaron sobre todo dos cosas. La primera es que el reparto de los riesgos no es tan democrático como sugería la frase del smog. Los estudios de justicia ambiental, iniciados en Estados Unidos en los años ochenta, mostraron que los vertederos tóxicos, las incineradoras y las industrias contaminantes se instalan con mucha más frecuencia cerca de barrios pobres y de minorías raciales, y el sociólogo Robert Bullard lo documentó en el sur del país en Dumping in Dixie (1990). A escala mundial, las consecuencias del cambio climático recaen sobre todo en los países que menos lo han causado. La desigualdad no desaparece en la sociedad del riesgo; se combina con ella.

La segunda crítica procede de la antropóloga Mary Douglas y del politólogo Aaron Wildavsky, que en Risk and Culture (1982) habían sostenido que lo que una sociedad considera peligroso depende de su organización y sus valores tanto como de los datos técnicos: cada cultura selecciona unos riesgos para temer y deja otros en la sombra. Desde esa perspectiva, no está claro que el mundo actual sea objetivamente más arriesgado que el del pasado, con su esperanza de vida mucho más baja, sino que percibe y politiza el riesgo de otra manera. Beck aceptó parte del argumento y sostuvo que en la sociedad del riesgo lo decisivo es precisamente eso: que los riesgos existen a la vez como realidad material y como construcción social, y que discutir sobre ellos se ha convertido en una de las formas principales de hacer política.

Amenazas globales – Alarma social – Modernidad líquida – Individualización – Conciencia ecológica – Globalización social

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Fuentes

  1. Ulrich BeckRisikogesellschaft: Auf dem Weg in eine andere ModerneSuhrkamp, Fráncfort del Meno1986
  2. Ulrich BeckRisk Society: Towards a New ModernitySage, Londres1992
  3. Ulrich BeckFrom Industrial Society to the Risk Society: Questions of Survival, Social Structure and Ecological EnlightenmentTheory, Culture & Society 9 (1), 97-1231992enlace
  4. Ulrich Beck, Anthony Giddens y Scott LashReflexive Modernization: Politics, Tradition and Aesthetics in the Modern Social OrderPolity Press, Cambridge1994
  5. Ulrich BeckWorld Risk SocietyPolity Press, Cambridge1999
  6. Mary Douglas y Aaron WildavskyRisk and Culture: An Essay on the Selection of Technological and Environmental DangersUniversity of California Press, Berkeley1982
  7. Robert D. BullardDumping in Dixie: Race, Class, and Environmental QualityWestview Press, Boulder1990
Sarasola, Josemari (2024). "La sociedad del riesgo". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/sociedad-del-riesgo/

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