La vista del bulevar del Temple es una placa de daguerrotipo que Louis Daguerre tomó desde la ventana de su estudio en París, probablemente en la primavera de 1838, un año antes de que su invento se hiciera público. Se ve una avenida ancha con árboles, tejados, chimeneas y la acera que se pierde hacia el fondo. Parece una calle vacía a primera hora de la mañana. No lo era. El bulevar del Temple era uno de los paseos más concurridos de la ciudad, lleno de teatros, coches de caballos y peatones. Si la imagen sale desierta es por una razón técnica, y esa misma razón explica por qué en una esquina aparece la que suele considerarse la primera persona fotografiada de la historia.
La clave es el tiempo de exposición. El daguerrotipo se hacía sobre una lámina de cobre plateada y sensibilizada con vapor de yodo, y en 1838 necesitaba varios minutos de luz para que la imagen quedara registrada. Los cálculos que se han hecho para esta placa hablan de entre cuatro y diez minutos. Durante ese tiempo todo lo que se movía, un carruaje, un caballo, un paseante que cruzaba la calle, dejaba una huella tan débil que no llegaba a formarse. Solo quedaba lo que estaba quieto: las fachadas, los árboles, las farolas.

Pero alguien sí se quedó quieto. Abajo a la izquierda, junto a la esquina de la acera, se distingue una figura con una pierna levantada y apoyada sobre algo. Es un hombre al que un limpiabotas le está lustrando el calzado. Los dos permanecieron en el mismo sitio el tiempo suficiente para que la placa los registrara, el cliente con bastante nitidez y el limpiabotas, que se movía más, como una mancha. Ninguno de los dos supo nunca que había pasado a la historia. No sabemos sus nombres ni volveremos a saberlos.
El primer testimonio de esta curiosidad es muy temprano y viene de alguien inesperado. Samuel Morse, el inventor del telégrafo, estaba en París en la primavera de 1839 tratando de patentar su aparato y visitó a Daguerre. En una carta del 9 de marzo, publicada semanas después en el New York Observer, contó lo que había visto: los objetos en movimiento no quedan impresos, el bulevar, siempre lleno de una multitud de peatones y carruajes, aparecía completamente solitario, excepto un individuo que se hacía limpiar las botas. Sus pies tuvieron que estar quietos un buen rato, uno sobre la caja del limpiabotas y el otro en el suelo, así que salió bien, con las botas y las piernas definidas, pero sin cuerpo ni cabeza, porque esos sí se movían. La descripción no encaja del todo con la placa que conocemos, en la que el cuerpo del hombre sí se adivina: quizá Morse vio otra vista de la misma serie, o la recordaba mal.
Esa serie existió. Daguerre hizo varias vistas del bulevar a distintas horas del día, y en 1839 regaló tres placas al rey Luis I de Baviera, que las guardó en Múnich. Una de ellas es la que conocemos. El original ha sufrido mucho: la plata del daguerrotipo es delicada, los intentos de limpieza y restauración del siglo XX la dañaron, y hoy apenas se distingue nada en la placa. Las reproducciones que circulan proceden de fotografías hechas antes de ese deterioro. Hay además un detalle que se olvida a menudo: el daguerrotipo da una imagen invertida de izquierda a derecha, como un espejo, porque es la propia placa la que se mira y no una copia. Por eso existen versiones «enderezadas» de la vista, en las que el limpiabotas aparece en el lado contrario.
¿Es de verdad la primera persona fotografiada? La respuesta honesta es que es la primera que conocemos. Antes de 1838 ya había imágenes fotográficas, como la vista desde la ventana de Le Gras que Nicéphore Niépce obtuvo hacia 1827, pero no muestran a nadie. Y el procedimiento de Daguerre se había ido afinando en los años anteriores, así que pudo haber otras placas con gente que no se conservaron. En los últimos años varios aficionados han ampliado las reproducciones digitales y han creído ver más figuras: un niño en una ventana, alguien con una carretilla, otra persona sentada en un banco. Algunas de esas lecturas son razonables y otras parecen más bien manchas a las que el ojo da forma humana, el mismo mecanismo que nos hace ver caras en las nubes. El hombre de las botas, en cambio, no ofrece dudas.
Lo interesante de esta imagen no es solo el récord. Muestra con una claridad casi didáctica cómo funciona una fotografía. Una cámara no registra un instante, registra una suma de luz durante un intervalo. Si el intervalo es largo, lo que dura gana y lo que pasa desaparece. Durante las dos primeras décadas de la fotografía eso condicionó todo: los retratos exigían reposacabezas y poses rígidas, las calles salían vacías y nadie podía fotografiar una ola, un pájaro en vuelo o una batalla en marcha. Cuando la química y las lentes permitieron exposiciones de fracciones de segundo, a partir de los años 1870 y 1880, nació la instantánea, y con ella una manera nueva de mirar el mundo, la que acabaría llevando a la idea del instante decisivo.
Hay además un eco moderno. Los fotógrafos actuales usan a propósito exposiciones largas, con filtros de densidad neutra, para vaciar plazas turísticas abarrotadas o convertir el tráfico en estelas de luz. Es exactamente lo que le pasó a Daguerre sin quererlo. La velocidad de obturación sigue decidiendo qué entra en la imagen y qué se queda fuera, y la vista del bulevar del Temple es el ejemplo más antiguo y más elocuente de esa regla.
Queda, por último, la sensación un poco melancólica que produce mirarla. Una ciudad entera, con su ruido y su gente, reducida a un decorado mudo, y en medio, por pura casualidad, un desconocido que se paró a cuidar sus zapatos. Esa persona anónima es hoy la imagen más antigua que tenemos de un ser humano captado por la luz. Lo consiguió por hacer algo tan corriente como esperar.
El daguerrotipo – La cámara oscura – Velocidad de obturación – La Kodak y la instantánea – El ahogado de Hippolyte Bayard
Fuentes
- Samuel F. B. MorseThe Daguerrotipe (carta desde París, 9 de marzo de 1839)New York Observer, 20 de abril1839
- Helmut Gernsheim y Alison GernsheimL. J. M. Daguerre: The History of the Diorama and the DaguerreotypeSecker & Warburg, Londres1956
- Beaumont NewhallThe History of Photography: From 1839 to the PresentThe Museum of Modern Art, Nueva York1982
- Michel Frizot (dir.)Nouvelle histoire de la photographieBordas, París1994