El barco de Teseo

Si a un barco se le cambian todas las tablas, ¿sigue siendo el mismo barco? La paradoja que planteó Plutarco y complicó Hobbes, y lo que dice sobre nosotros.

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Cuenta Plutarco en su vida de Teseo que los atenienses conservaron durante siglos el barco en el que el héroe había vuelto de Creta después de matar al Minotauro. Era una galera de treinta remos, y la mantuvieron hasta la época de Demetrio de Falero, a finales del siglo IV antes de Cristo. Como la madera se pudría, iban retirando las tablas viejas y colocando en su lugar otras nuevas y firmes. Por eso, añade Plutarco, el barco se había convertido para los filósofos en un ejemplo del argumento del crecimiento: unos sostenían que seguía siendo el mismo barco y otros que no.

Fondo de una copa griega de cerámica anaranjada con figuras negras: un hombre forcejea con una criatura con cabeza de toro, rodeados por una cenefa decorativa
Fig. 1 Teseo mata al Minotauro, en el fondo de una copa ática de figuras negras del Museo del Louvre. El barco del regreso se convirtió en reliquia de la ciudad y después en problema filosófico.Anónimo griego · Dominio público · Wikimedia Commons

La pregunta parece un juego, pero toca uno de los problemas más difíciles de la metafísica: qué hace que algo siga siendo lo mismo a través del cambio. Si se cambia una tabla, nadie duda de que el barco sigue siendo el de Teseo. Si se cambian dos, tampoco. Pero llega un momento en que no queda ni una sola tabla original. Si en ese momento el barco ya no es el de Teseo, habría que decir en qué tabla dejó de serlo, y ningún número parece tener nada de especial. Si sigue siéndolo, entonces un objeto puede sobrevivir a la pérdida de todas sus partes, lo que tampoco es evidente.

En 1655 Thomas Hobbes, en De corpore, añadió una complicación que convirtió el acertijo en paradoja. Supongamos que alguien ha ido guardando las tablas viejas que se retiraban y, al final, las vuelve a montar en su orden original. Ahora hay dos barcos. Uno ocupa el lugar del de Teseo, ha estado siempre en uso y ha cambiado poco a poco; el otro está hecho exactamente de la madera que tocó Teseo. Los dos tienen derecho a ser el original, y no pueden serlo ambos, porque entonces habría dos barcos idénticos a uno solo. Hobbes concluyó que la respuesta depende del criterio que se elija: si importa la materia, el original es el barco reconstruido; si importa la forma o la continuidad, es el que siguió navegando.

Grabado de un gigante coronado que se alza sobre un paisaje con una ciudad; su torso y sus brazos están formados por cientos de pequeñas figuras humanas
Fig. 2 Portada del Leviatán de Hobbes, grabada por Abraham Bosse, 1651. El cuerpo del soberano está hecho de súbditos: un todo que permanece aunque las personas que lo forman nazcan y mueran.Abraham Bosse · 1651 · CC0 (dominio público) · Wikimedia Commons

Las respuestas de los filósofos posteriores pueden agruparse en unas pocas familias. Para unos, lo que cuenta es la continuidad en el espacio y el tiempo: un objeto que cambia poco a poco, sin saltos, sigue siendo el mismo, y por eso el barco en uso es el de Teseo y el reconstruido es otro, hecho con sus restos. Para otros, lo que cuenta es la composición, y cualquier cambio de partes produce en rigor un objeto nuevo; es una posición coherente, pero obliga a decir que casi nada dura más de un instante. Una tercera familia sostiene que la pregunta no tiene una respuesta de hecho: «el mismo barco» es una etiqueta que usamos para nuestros fines, y para el museo, el armador o el coleccionista puede aplicarse de formas distintas. Una cuarta, más técnica, trata los objetos como procesos extendidos en el tiempo, de modo que el barco de Teseo sería la suma de todas sus fases, y el problema pasa a ser a qué proceso se refiere cada nombre.

El caso deja de ser abstracto cuando se aplica a las personas. John Locke, en la segunda edición de su Ensayo sobre el entendimiento humano, de 1694, observó que un roble sigue siendo el mismo árbol mientras conserve la organización de su vida, aunque cambien todas sus partículas, y que con los seres humanos pasa algo parecido. Pero para la identidad personal propuso otro criterio: somos la misma persona mientras la conciencia y la memoria nos unan con nuestro pasado. El cuerpo humano, de hecho, renueva a lo largo de los años la mayor parte de las células de la piel, la sangre o los huesos, así que cada uno es en parte un barco de Teseo. En 1984 Derek Parfit llevó la pregunta al extremo con un teletransportador imaginario que destruye a una persona en la Tierra y crea en Marte una copia exacta: ¿ha viajado alguien o ha muerto alguien y ha nacido otro?

El problema reaparece en lugares inesperados. El santuario de Ise, en Japón, se reconstruye por completo cada veinte años junto al anterior, desde hace más de trece siglos, y se considera el mismo templo. Los museos navales discuten qué parte de un barco histórico restaurado debe ser original para seguir llamándolo por su nombre. Los tribunales resuelven si una empresa que ha cambiado de dueños, de sede y de plantilla sigue siendo la misma a efectos de sus deudas. Y cualquier aficionado a la música conoce el caso de un grupo que sigue tocando con su nombre cuando ya no queda en él ninguno de los miembros fundadores. En todos ellos se repite la pregunta que los atenienses se hacían ante el barco del puerto.

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Fuentes

  1. PlutarcoVidas paralelas: Teseotrad. de Aurelio Pérez Jiménez, Gredos, Madrid1985
  2. Thomas HobbesElementorum philosophiae sectio prima: De corporeAndrew Crooke, Londres1655
  3. John LockeAn Essay Concerning Human Understanding (2.ª ed.)Awnsham y John Churchil, Londres1694
  4. Derek ParfitReasons and PersonsOxford University Press, Oxford1984
Sarasola, Josemari (2024). "El barco de Teseo". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/el-barco-de-teseo/

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