Contingencia

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El hecho de que llueva o no es un acontecimiento contingente (Basile Morin, Wikimedia Commons).
Fig. 1 El hecho de que llueva o no es un acontecimiento contingente (Basile Morin, Wikimedia Commons).

En filosofía, contingencia es la cualidad de aquello que no es en virtud de sí mismo, sino como consecuencia o resultado de alguna otra cosa o circunstancia. Se refiere también a la propiedad de aquello que no es necesario, pero tampoco imposible y que por tanto puede ser o suceder o no. Aquello que tiene la propiedad de contingencia se dice que es contingente, en oposición a lo necesario: mientras que lo necesario no puede ser de otro modo —los números primos son infinitos en toda circunstancia posible—, lo contingente depende de condiciones que podrían no darse.

Se hace referencia a dicho concepto con frecuencia en la lógica formal, a través del principio del tercio excluso, según el cual una cosa es o no es, sobre todo en relación con los denominados futuros contingentes. Un ejemplo paradigmático de este tipo de contingencia futura, según lo entendía Aristóteles en el capítulo 9 de Sobre la interpretación, es la conocida proposición «mañana habrá una batalla naval o no la habrá»: no en el sentido determinista de que necesariamente mañana habrá una batalla naval o necesariamente no la habrá, sino en el sentido de que el hecho de que mañana haya una batalla naval puede ser verdadero o falso sin que ninguno de los dos valores esté decidido hoy. De esta forma, la afirmación de la contingencia se constituye como afirmación contra el determinismo y a favor de la posibilidad. El debate, que el propio Aristóteles dejó abierto, reapareció siglos después en la teología cristiana: si Dios conoce desde siempre todos los futuros, ¿en qué sentido nuestras acciones son libres? Boecio intentó conciliar ambas cosas distinguiendo la eternidad —posesión simultánea e interminable de toda la vida— del simple sempiterno, de modo que el conocimiento divino no convierta el futuro en necesario.

La oposición entre necesidad y contingencia recibió formulaciones distintas a lo largo de la historia. Leibniz distinguió las verdades necesarias, cuya negación implica contradicción, de las contingentes, verdaderas pero cuya negación sería posible y que sólo se justifican por el principio de razón suficiente: cada hecho contingente tiene una causa, aunque ninguna causalidad humana pueda deducirlo con certeza. De ahí derivan sus mundos posibles y su doctrina de que el mundo real es contingente pero el mejor de todos los posibles. Hegel, por su parte, criticó la concepción que enfrenta lo necesario y lo contingente como cajones separados: en su lógica, lo contingente es lo necesario en cuanto aparece en la realidad efectiva, y lo real efectivo es racional. Más tarde, Schopenhauer radicalizará la otra vertiente: el mundo como voluntad quedaría sometido a una necesidad interior tan ciega como las leyes físicas, con la libertad replegada sólo en el interior de la voluntad.

En la filosofía contemporánea, la contingencia ha vuelto al centro con la lógica modal, que estudia los operadores de necesidad y posibilidad, y con el debate sobre el libre albedrío y el azar: la mecánica cuántica, al describir eventos que ocurren con probabilidad pero sin causa determinante, ha devuelto la contingencia a la imagen científica del mundo, aunque siga en discusión si esa indeterminación afecta a la libertad humana. En su sentido más amplio, reconocer la contingencia de la propia existencia —nacer de circunstancias que podrían no haber sido— es también un motivo de la reflexión existencial sobre lo que llamamos necesidad filosófica y sobre la dignidad de lo que, pudiendo no ser, es.

Subjetividad

Sarasola, Josemari (2025). "Contingencia". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/contingencia/

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