Aguzando el oído, pude escuchar la voz del sargento Roig desde el ocngelador. Isidora hablaba con él. Roig preguntó por mí. Todo a su tiempo, dijo. Dijo que era un chico listo, una lástima que mi madre es estuviese muriendo, dijo. En una larga conversación, Isidora le contó, y Roig fue listo porque le iba sonsacando, que era ella la que mandaba ahora entre los Medina. Que fue ella quien hizo público el video para sembrar la discordia entre los Medina, que ya era hora de que ella tomara el poder, tras décadas de desprecio en la familia, incluso cuando vivía su abuelo, hermano de don Nicolás. Fue ella quien vendió a otros miembros del clan las pistolas, para que se mataran entre ellos, para matar a Marcelo y a Antonio. Todo triste, decía, pero necesario. Eran palabras de una mujer lista y sin piedad. Le ofreció a Roig un soborno, el 20% de las ganacias, a cambio de impunidad, información, su colaboración. Podía hacerse rico; Roig le siguió el cuento. Dejaba pasar el tiempo. Isidora le apremió, tenía que decidirse, ese mismo día iba a haber un desembarco importante. Pero de pronmto se oyó un tiro, y luego más, explosiones, gritos y carreras. La policía les había localizado y había entrado. Al final, se oyó a Isidora decir que creía que Roig estaba ya muerto. Solo quedaban ella y otro de los suyos. Antes de irse corriendo, porque pronto llegaría más policía, encendió el congelador donde estaba yo, mofándose de mí. Empecé a sentir el frío, más y más, se me congelaron las manos, gritaba pero no venía nadie. Pensé en Xenia , …, en toda mi vida, …, en sobrevivir.