Lo que ya existía
Una revista científica hace tres cosas caras: consigue que alguien escriba con bibliografía comprobable, consigue que otros lean con atención lo escrito, y deja el resultado en un sitio donde un tercero pueda citarlo dentro de veinte años. Las dos primeras las venía haciendo, sin llamarse revista, el editor académico con el que se escriben los artículos de Ikusmira. Es un editor colaborativo en tiempo real que solo permite citar registros que existen en alguno de los ocho índices académicos que consulta, que audita la consistencia entre lo citado y lo listado, que congela versiones deliberadas del manuscrito y que compone la maqueta y el LaTeX. Lo que le faltaba era el anillo exterior: alguien que envía, alguien que revisa, alguien que decide, y una dirección estable.
Ikusmira, por su parte, ya tenía lo otro. Un dominio con lectores, una capa de metadatos pensada para que las máquinas lean y citen, y un editor coordinador con afiliación universitaria que cualquiera puede comprobar en dos perfiles institucionales. Eso, y no un logotipo, es lo único que separa una revista de un blog con archivos PDF.
Cuadernos de Ikusmira es la unión de las dos mitades. El taller sigue siendo el editor; el registro público, permanente y citable es el sitio. Este editorial cuenta las decisiones que hay detrás y lo que la revista todavía no es.
Lo que la revisión por pares no es
Conviene empezar sin ingenuidad. La revisión por pares es un proceso lento, caro, inconsistente y con sesgos documentados, y quienes la han estudiado con más cuidado son los primeros en decirlo [1]. No detecta el fraude, rara vez detecta el error grave, y dos revisores coinciden poco más que al azar. Si aun así casi toda revista seria la conserva es porque nadie ha encontrado nada mejor para hacer lo que sí hace: obligar a que un texto sea leído despacio por alguien que sabe del tema antes de que se dé por publicado, y dejar constancia de ello.
Las propuestas para mejorarla son muchas y van en direcciones distintas: abrir los informes, firmar las revisiones, revisar después de publicar, separar la revisión de la revista [2]. La revisión abierta en particular no es una cosa sino varias, y conviene decir cuál se practica [3]. Cuadernos toma una posición modesta y explícita: dos revisores por artículo de investigación, simple ciego por defecto (el revisor conoce al autor; el autor no conoce al revisor), revisión abierta cuando autor y revisor la acuerden, y publicación de las fechas y del número de rondas en todos los casos. El doble ciego se descarta a propósito. Con un consejo pequeño y un alcance estrecho, anonimizar al autor es teatro: se le reconoce por las autocitas.
Hay una decisión de diseño que importa más que el modelo elegido. Lo que se revisa es una instantánea congelada del manuscrito, no el documento vivo. El revisor nunca entra al editor colaborativo, donde vería quién está escribiendo y cuándo, y donde una corrección del autor a media revisión convertiría su informe en un comentario sobre un texto que ya no existe.
Cinco decisiones
Solo autores invitados. La revista no abre un buzón. El consejo invita, y la invitación abre la cuenta en el editor. Es la decisión que más trabajo ahorra: sin puerta abierta no hace falta filtro antispam, ni rechazo de mesa masivo, ni turnos editoriales. Cuando se abra, si se abre, el cuello de botella será humano y no técnico.
Publicación continua. Cada artículo se publica cuando está listo. No hay números ni volúmenes; el listado se agrupa por año. Un artículo corregido en 2028 no debe mudarse de dirección, así que el año no entra en la URL.
Acceso abierto sin cuotas, y dicho por escrito. Todo el contenido se publica bajo licencia Creative Commons Atribución 4.0 y el autor conserva el copyright. No hay cuotas de envío, ni de publicación, ni de lectura. Esto no es un detalle administrativo. El acceso abierto ya es la forma dominante de publicar en muchas disciplinas [4], pero se ha construido en buena parte trasladando el coste del lector al autor, en un mercado que concentra la mayoría de los artículos en un puñado de editoriales [5] y en el que el precio de publicar tiene poco que ver con el coste de hacerlo [6]. Una revista que la sostiene una organización sin ánimo de cobrar puede permitirse no participar en eso, y la frase «sin cuotas» en la política editorial es el dato que más mira quien decide si enviar.
Un DOI prestado. Cada versión de cada artículo recibe un identificador persistente de Zenodo, el repositorio del CERN, y todas las versiones comparten un identificador de concepto. El DOI no es de Ikusmira y eso se asume: migrar algún día a un registro propio significaría identificadores nuevos para artículos ya citados. Se acepta porque un DOI prestado vale más que ninguno, y porque Zenodo es además la copia de archivo, lo que responde a la primera pregunta de cualquier directorio serio: qué pasa si el sitio desaparece.
Metadatos para máquinas. Cada artículo lleva las etiquetas que lee Google Scholar, datos estructurados de artículo académico, versión en markdown para agentes, y el repositorio se cosecha por OAI-PMH. La revista está construida sobre la idea de que la ciencia abierta no es solo acceso al texto sino acceso a la infraestructura que lo conecta [7], y de que esa infraestructura hoy es abierta y consultable: los mismos índices de los que se nutre el editor [8] son los que permitirán saber quién cita a quién.
La pregunta incómoda
Cualquier lector informado se hará una pregunta antes que ninguna otra. Ikusmira es un sitio cuyos artículos enciclopédicos se escriben con ayuda de modelos de lenguaje, y cuyo editor académico tiene un modo que va del documento vacío al borrador completo. ¿Qué separa entonces a Cuadernos de una granja de contenido con DOI?
La respuesta no es esconderlo. Es medirlo y publicarlo.
El fallo más frecuente y más grave del texto que produce un modelo de lenguaje en un contexto académico está bien medido: inventa referencias. Estudios sistemáticos encuentran que una fracción importante de las citas generadas por estos sistemas no existe, y que otra fracción existe pero con autores, años o títulos alterados [9]; la literatura médica lo describió pronto como alucinación bibliográfica y avisó de lo que implica para la escritura científica [10]. En esta revista ese fallo está cerrado por construcción: el editor solo cita registros que existen, el envío se bloquea si una referencia no resuelve a un DOI, un identificador de arXiv, un PMID o un registro de OpenAlex, y el paquete de publicación se rechaza si una cita apunta a una referencia que no está en la lista o si una referencia no se cita en el cuerpo. No es una promesa; es una comprobación que corre antes de que un editor humano lea la primera línea.
Lo segundo es que el asistente propone y la persona decide. Todo lo que el modelo escribe llega como una propuesta anclada al texto que el autor acepta o descarta, y el sistema registra qué hizo con cada una. No hay generación silenciosa. Lo tercero es que cada artículo publica una declaración de uso de inteligencia artificial: qué herramienta, en qué fase, y la frase «los autores responden del contenido», que no es una fórmula sino el criterio. Este mismo editorial la lleva al pie.
Y lo cuarto, que no se arregla con código: un modelo nunca es autor. Los autores son personas con nombre, afiliación y ORCID, porque una firma que no resuelve a nadie no es una credencial, y la revista aplica al autor el mismo criterio que el sitio aplica desde hace tiempo a su editor coordinador.
Lo que no somos
Una revista nueva sin consejo consolidado ni indexación no recibe manuscritos, y fingir lo contrario sería el primer error. Cuadernos nace con un editor coordinador y un consejo en formación. Sus primeros artículos los escribirán quienes la fundan y quienes ellos inviten, y cada página lo dirá. El ISSN está solicitado y hasta que llegue el campo va vacío. No hay factor de impacto ni lo habrá en años. Lo que sí hay desde el primer día es un proceso descrito por escrito, fechas publicadas en cada artículo, y la posibilidad de que cualquiera compruebe cada afirmación de esta presentación contra la política editorial, las normas para autores y la política de ética que la acompañan.
Cómo empezar
Alcance: ciencias sociales y humanidades, con preferencia por lo que el consejo pueda juzgar de verdad. Idiomas: castellano, euskera e inglés, con un segundo resumen en inglés o castellano cuando el autor lo aporte. Formato: el manuscrito se escribe y se envía desde el editor; la revista compone el PDF, deposita, obtiene el DOI y publica. Si alguien que lee esto trabaja en ese alcance y quiere enviar, la vía es la que dice la política: una invitación del consejo, que se pide por el contacto del sitio.