El test de Turing

Un juez conversa a ciegas con una persona y una máquina. Si no distingue cuál es cuál, la máquina piensa. Qué propuso Turing en 1950 y por qué ya no basta.

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El test de Turing es una prueba para decidir si una máquina piensa sin tener que definir qué es pensar. Un interrogador humano conversa por escrito, desde otra habitación, con dos interlocutores que no ve: uno es una persona y el otro, un ordenador. Ambos intentan convencerle de que son el humano. Si al cabo de un rato el interrogador no acierta mejor que al azar, la máquina ha pasado la prueba. Alan Turing la propuso en 1950 en un artículo de la revista filosófica Mind, Computing Machinery and Intelligence, que empieza con la frase «propongo considerar la pregunta: ¿pueden pensar las máquinas?» y la abandona dos párrafos después por considerarla demasiado vaga para merecer discusión. En su lugar ofrece el juego.

Turing lo llamó el juego de la imitación, y en su versión original tiene una vuelta más. El juego de salón del que parte lo juegan un hombre, una mujer y un interrogador que debe adivinar cuál es cuál por sus respuestas escritas, con el hombre intentando engañarle. Turing pregunta qué pasaría si el hombre fuera sustituido por una máquina: ¿engañaría al interrogador tan a menudo como lo hacía el hombre? Esa formulación, en la que la máquina no imita a un humano cualquiera sino a alguien que está fingiendo, se ha discutido durante décadas, y la mayoría de los lectores, Turing incluido en el resto del artículo, la simplificaron a la forma que todo el mundo conoce: máquina contra persona, con un juez. Turing predijo que hacia el año 2000 un ordenador con un gigabyte de memoria engañaría a un interrogador medio el 30 % de las veces tras cinco minutos de preguntas, y que para entonces se hablaría de máquinas que piensan sin que nadie esperase ser contradicho.

Retrato fotográfico de Alan Turing en 1936
Fig. 1 Alan Turing en 1936, el año en que publicó la máquina abstracta que lleva su nombre. El test llegó catorce años después, cuando ya existían ordenadores reales.Unknown photographer · 1936 · Dominio público · Wikimedia Commons

El artículo dedica la mitad de sus páginas a refutar nueve objeciones, y algunas siguen siendo las que se usan hoy. A la objeción teológica, que solo el alma piensa, responde que Dios podría dar alma a una máquina si quisiera. A la de la conciencia, que una máquina no siente lo que escribe, responde que tampoco sabemos si lo siente otra persona, y que la única prueba de que alguien piensa es, en la práctica, hablar con él. A la de Ada Lovelace, que una máquina solo hace lo que se le ordena, responde que las máquinas le sorprenden constantemente y que aprender es exactamente hacer algo que no se le ha dicho. La última sección propone que, en lugar de programar una mente adulta, se construya una mente de niño y se la eduque, una idea que la informática tardó sesenta años en tomar en serio y que describe bastante bien cómo se entrenan los sistemas actuales.

Lo primero que se aprendió al intentar pasar la prueba es lo fácil que es engañar a la gente. En 1966, Joseph Weizenbaum escribió en el MIT un programa llamado ELIZA que imitaba a un psicoterapeuta devolviendo las frases del usuario en forma de pregunta: «Mi madre me odia» obtenía «¿Por qué dice que su madre le odia?». ELIZA no entendía una palabra; buscaba patrones y aplicaba plantillas. Weizenbaum descubrió, horrorizado, que su secretaria le pedía que saliera de la habitación para hablar con el programa en privado, y pasó el resto de su vida advirtiendo del peligro de atribuir comprensión a las máquinas. Desde 1991, el premio Loebner organizó cada año una versión del test con jueces y chatbots, y los ganadores solían ser programas que cambiaban de tema, cometían faltas de ortografía a propósito y fingían ser adolescentes extranjeros. En 2014 uno de ellos, Eugene Goostman, un supuesto ucraniano de trece años, convenció al 33 % de los jueces en cinco minutos, y la noticia de que el test se había pasado dio la vuelta al mundo; la comunidad científica no la aceptó.

Captura de una conversación con el programa ELIZA en un terminal de texto
Fig. 2 Una conversación con ELIZA, el programa de 1966 que repetía las frases del usuario en forma de pregunta. Sin entender nada, hacía que mucha gente le contara su vida.Unknown author Unknown author · Dominio público · Wikimedia Commons

La objeción filosófica más influyente la formuló John Searle en 1980 con la habitación china: un programa puede producir respuestas indistinguibles de las de un hablante sin entender nada, igual que una persona encerrada con un manual de reglas podría responder en chino sin saber chino. Si es así, pasar el test demuestra que el comportamiento se imita bien, no que haya pensamiento. Turing había anticipado la respuesta: esa es exactamente la situación en que estamos respecto a los demás seres humanos, y no por eso dejamos de atribuirles mente. El desacuerdo sigue abierto, porque es un desacuerdo sobre qué significa entender.

Los modelos de lenguaje actuales han cambiado el estado de la cuestión sin cerrarlo. En 2025, Cameron Jones y Benjamin Bergen, de la Universidad de California en San Diego, hicieron la prueba en su forma original de tres participantes, con un juez que conversaba a la vez con una persona y con un modelo durante cinco minutos: con la instrucción de adoptar la personalidad de un joven introvertido que usa jerga de internet, GPT-4.5 fue identificado como el humano el 73 % de las veces, más que el humano real. Es la primera vez que una máquina pasa de forma limpia la prueba que Turing describió. Lo que eso demuestra es lo que Turing dijo que demostraría y lo que Weizenbaum temía a la vez: que la conversación ya no sirve para distinguir, y que la pregunta de si la máquina piensa sigue tan vaga como en 1950. Lo que ha cambiado es que ahora se la hace en serio.

La máquina de Turing – Efecto ELIZA – La habitación china – La alineación de la inteligencia artificial

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Fuentes

  1. Alan M. TuringComputing Machinery and IntelligenceMind 59 (236), 433-4601950enlace
  2. Joseph WeizenbaumELIZA—A Computer Program For the Study of Natural Language Communication Between Man and MachineCommunications of the ACM 9 (1), 36-451966enlace
  3. John R. SearleMinds, Brains, and ProgramsBehavioral and Brain Sciences 3 (3), 417-4241980enlace
  4. Cameron R. Jones y Benjamin K. BergenLarge Language Models Pass the Turing TestarXiv:2503.236742025enlace
Sarasola, Josemari (2025). "El test de Turing". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/test-de-turing/

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