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Las venus paleolíticas

Las venus paleolíticas son unas doscientas figurillas femeninas talladas en marfil, piedra blanda, asta o hueso entre hace unos 40.000 y 10.000 años, halladas desde los Pirineos hasta Siberia. Son, con diferencia, el conjunto de arte prehistórico del que más se ha escrito y del que menos se sabe. Y arrastran un problema que no es de interpretación sino anterior: el nombre. Nadie decidió llamarlas así después de estudiarlas; el nombre lo puso un aristócrata francés en 1864 como una broma culta, y desde entonces ha estado haciendo un trabajo interpretativo que nadie le ha encargado.

La broma fue esta. En 1864, el marqués Paul de Vibraye sacó de Laugerie-Basse, en la Dordoña, una figurilla de marfil de unos ocho centímetros: sin cabeza, sin brazos, sin pies, con la vulva marcada por una incisión profunda. La escultura clásica tiene un tipo consagrado, la Venus pudica, la Venus que se cubre con las manos. Vibraye bautizó a la suya por oposición: Vénus impudique, la Venus impúdica, la que no se tapa. Era un chiste de erudito y cuajó de inmediato. Cuando en las décadas siguientes fueron apareciendo otras figuras femeninas paleolíticas, ya había una etiqueta esperándolas, y con la etiqueta viajaban de contrabando tres supuestos: que representan a diosas, que tienen que ver con la belleza y que son eróticas.

Figurilla de marfil de unos ocho centímetros sin cabeza ni brazos, con el vientre plano y la vulva marcada por una incisión, montada sobre un soporte museístico
Fig. 1 La llamada Vénus impudique de Laugerie-Basse, magdaleniense, la primera figura femenina paleolítica reconocida como tal, hoy en el Museo del Hombre. Conviene mirarla sin la palabra encima: es un cuerpo delgado, de vientre plano, que no se parece a ninguna venus de las que ilustran el tópico, y hay quien ve en ella a una adolescente. El nombre que bautizó al conjunto entero no le cuadra ni a ella.Marie-Lan Nguyen (fotografía) · 2023 · Dominio público · Wikimedia Commons

El segundo hallazgo célebre llegó de Brassempouy, en las Landas, donde Édouard Piette excavaba la Grotte du Pape desde 1894 con permiso exclusivo del propietario. La pieza —tres centímetros y medio de marfil de mamut, conocida como la Dama de la Capucha— es uno de los primeros rostros humanos reconocibles del arte: ojos, nariz y frente resueltos con una economía extraordinaria, y la boca sencillamente ausente. Lo que le cubre la cabeza se ha leído como capucha, como peinado de trenzas y como red; volveremos a eso, porque la respuesta importa más de lo que parece. Piette se quedó las piezas para su colección privada, que legó al Museo de Arqueología Nacional, y esa era la práctica normal: buena parte del corpus se excavó con pico, sin registrar la posición exacta de nada, en un momento en que el contexto arqueológico todavía no se consideraba un dato.

Cabeza de marfil de tres centímetros y medio, con la cara serena, la nariz y los ojos marcados, sin boca, y el pelo o la capucha tallado en retícula
Fig. 2 La Dama de Brassempouy, marfil de mamut, hacia 23.000 años. La retícula de la cabeza es el detalle que ha cambiado de significado tres veces: capucha, peinado, tejido. Obsérvese también lo que no está: la boca. Una cara de veintitrés mil años en la que el autor decidió qué rasgos eran necesarios.PHGCOM (fotografía) · 2009 · Dominio público · Wikimedia Commons
Fotografía antigua de una ladera con una oquedad excavada en la roca y montones de tierra removida al pie
Fig. 3 La Grotte du Pape de Brassempouy al terminar las campañas de Piette y Laporterie, hacia 1897. Esto es todo el registro de contexto que existe de uno de los objetos más reproducidos de la prehistoria: una fotografía del agujero cuando ya estaba vacío.Atribuido a Louis de Laporterie · 1897 · Dominio público · Wikimedia Commons

La más famosa apareció el 7 de agosto de 1908 en las obras del ferrocarril de Willendorf, en la Baja Austria, y la encontró un peón, Johann Veran, en una excavación dirigida por Josef Szombathy. Mide once centímetros, es de caliza oolítica, conserva restos de ocre rojo y tiene unos 30.000 años. En 2022 un equipo de la Universidad de Viena la escaneó con tomografía de alta resolución —hasta once micras— y comparó la distribución del grano de su oolita con muestras tomadas en un radio de 2.500 kilómetros. La coincidencia buena no está en Austria: está en Sega di Ala, cerca del lago de Garda, al sur de los Alpes. El objeto, o la materia prima, o la gente, cruzó la cordillera. Es el tipo de dato que reordena una discusión entera sin decir una palabra sobre el significado de la figura: antes de preguntar qué quería decir, ya sabemos que se movió setecientos kilómetros.

Réplica de la Venus de Willendorf sobre papel milimetrado: figura femenina de pechos y vientre voluminosos, brazos delgados sobre los pechos y cabeza cubierta por un tejido en espiral, sin rostro
Fig. 4 Réplica de la Venus de Willendorf fotografiada sobre papel milimetrado —el original está en el Museo de Historia Natural de Viena—. En la cabeza no hay cara: hay siete vueltas de un tejido en espiral, talladas con un cuidado que el escultor no dedicó a los pies, que no existen. Cualquier lectura de estas figuras tiene que explicar ese reparto de atención.Thirunavukkarasye-Raveendran (fotografía) · 2020 · CC0 (dominio público) · Wikimedia Commons

Las interpretaciones se han sucedido en un orden que dice más sobre cada época que sobre el Paleolítico. La primera y más resistente es la diosa madre: figuras de culto a la fertilidad, prueba de una religión matriarcal universal. Tiene dos problemas gordos. Uno, que el corpus no la sostiene: hay figuras obesas y figuras delgadas, embarazadas y no embarazadas, adolescentes, algunas con rostro y la mayoría sin él, repartidas por quince mil años y cinco mil kilómetros, y tratarlas como un solo fenómeno es una decisión del clasificador, no un hallazgo. Dos, que «diosa» importa una categoría de las religiones agrarias posteriores y la proyecta sobre cazadores-recolectores sin un solo indicio independiente. Sarah Nelson lo llamó en 1990 mitología arqueológica, y el nombre es exacto.

La segunda propuesta seria es la de LeRoy McDermott en 1996: que son autorretratos. Si una mujer se mira su propio cuerpo desde arriba, sin espejo, ve exactamente lo que estas figuras muestran —pechos grandes por la perspectiva, vientre prominente, piernas que se estrechan y desaparecen, y ninguna cara—. La hipótesis explica de un golpe la ausencia de rostro, el escorzo de las extremidades y los pies inexistentes, y devuelve la autoría a las mujeres, que es un giro nada menor en un campo que llevaba un siglo suponiendo escultores varones. Las objeciones también son sólidas: no explica las que sí tienen cara, como la de Brassempouy, ni las talladas en vistas que nadie puede ver de sí mismo, y el contraste estadístico con proporciones reales no resistió del todo la revisión.

La tercera es la que menos titulares dio y probablemente la más productiva. En 2000, Olga Soffer, James Adovasio y David Hyland examinaron las figuras como quien examina ropa y no como quien examina cuerpos, y concluyeron que lo que llevan encima está tejido: gorros de fibra vegetal trenzada en espiral —la cabeza de Willendorf—, bandas en el torso y al menos un tipo de faldellín de cuerdas. Si tienen razón, estas figurillas son el documento más antiguo que existe de la industria textil, un oficio cuyos productos no se conservan porque se pudren. Y desplazan la pregunta: lo que el escultor talló con más detalle no es el sexo ni la cara, es el tejido, que era caro, difícil de hacer y probablemente un signo de posición. La figurilla no sería una diosa sino alguien vestido de una manera concreta.

Figurilla de marfil alargada, con formas ovoides superpuestas, cabeza pequeña sin rasgos y volúmenes simétricos, iluminada sobre fondo negro
Fig. 5 La Venus de Lespugue, marfil de mamut, hallada en 1922 por René de Saint-Périer y rota por el pico durante la propia excavación. Su geometría de volúmenes ovoides fascinó a Picasso, que tuvo dos vaciados en el taller. Que una talla de veinticinco mil años se leyera en 1930 como escultura moderna dice tanto del cubismo como del gravetiense.Vassil (fotografía) · 2018 · CC0 (dominio público) · Wikimedia Commons

Hay dos límites que ninguna de las tres lecturas salva. El primero es de registro: casi ninguna de estas piezas tiene contexto documentado. Se sacaron con pico de canteras, obras de ferrocarril y excavaciones que no anotaban la posición, de manera que no sabemos si aparecían en enterramientos, en hogares, en escondrijos o tiradas. Sin ese dato, cualquier función que se les atribuya —culto, juguete, amuleto, muñeca de aprendizaje, retrato, encargo— es compatible con lo que tenemos. El segundo es de categoría: «las venus paleolíticas» es un conjunto construido por parecido superficial entre objetos que sus autores no habrían agrupado. Reunir la Dama de Brassempouy con la de Willendorf porque las dos son femeninas se parece a reunir un icono bizantino con una fotografía de carnet porque las dos son caras.

Por eso una parte de la disciplina escribe hoy «figurillas femeninas» y reserva «venus» para cuando cita a otros. No es cosmética. El nombre de 1864 traía dentro una teoría —belleza, deseo, divinidad— que sigue decidiendo lo que se ve antes de mirar, igual que la palabra «ídolo» decidió durante siglos lo que era una talla africana y la palabra «primitivo» lo que era un cuadro que no seguía la perspectiva renacentista. Mantener el término es cómodo porque todo el mundo sabe a qué se refiere. El precio es que cada vez que se usa se repite, gratis, la conclusión de un chiste que hizo un marqués con un trozo de marfil sin cabeza.

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Fuentes

  1. Édouard PietteL'art pendant l'âge du renneMasson, París1907
  2. Josef SzombathyDie Aurignacienschichten im Löss von WillendorfKorrespondenz-Blatt der Deutschen Gesellschaft für Anthropologie, vol. 401909
  3. André Leroi-GourhanPréhistoire de l'art occidentalMazenod, París1965
  4. LeRoy McDermottSelf-Representation in Upper Paleolithic Female FigurinesCurrent Anthropology, vol. 371996
  5. Olga Soffer, James M. Adovasio y David C. HylandThe «Venus» Figurines: Textiles, Basketry, Gender, and Status in the Upper PaleolithicCurrent Anthropology, vol. 412000
  6. Gerhard W. Weber y otrosThe microstructure and the origin of the Venus from WillendorfScientific Reports, vol. 122022
  7. Sarah M. NelsonDiversity of the Upper Paleolithic «Venus» Figurines and Archeological MythologyArcheological Papers of the American Anthropological Association, vol. 21990
Sarasola, Eneko (2026). "Las venus paleolíticas". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/las-venus-paleoliticas/

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