La cocina electoral

El CIS da al PSOE once puntos de ventaja y media sociología no se lo cree. Qué es la cocina, el sesgo de no respuesta y la lección del Literary Digest.

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El 14 de octubre de 2026, un día después de que se convocaran las elecciones generales, el CIS publicó su barómetro de octubre, con 5.025 entrevistas: PSOE 34%, PP 22,2%, Vox 17,1%. Daba 11,8 puntos de ventaja al partido del presidente que acababa de adelantar las elecciones, muy lejos de lo que daban las demás encuestas. Al día siguiente, El País preguntó a siete sociólogos y especialistas en encuestas, entre ellos una expresidenta del propio CIS y varios directores de empresas demoscópicas, y ninguno se lo creía. Lo que más les llamó la atención no fue la estimación, sino el recuerdo de voto. En la muestra, el 38,3% decía haber votado al PSOE en 2023 y solo el 19,5% al PP, cuando el resultado real fue un 31,7% para el PSOE y un 33,1% para el PP. La muestra le daba a los socialistas en 2023 una ventaja de casi diecinueve puntos que nunca tuvieron. El caso del CIS vuelve a plantear el problema más viejo de las encuestas: importa menos lo que se pregunta que a quién se consigue preguntar.

El caso de manual es de 1936. The Literary Digest, el semanario más leído de Estados Unidos, envió diez millones de papeletas de prueba a sus suscriptores y a personas sacadas de los registros de automóviles y las guías telefónicas. Recibió 2,38 millones de respuestas, la muestra más grande hecha hasta entonces, y pronosticó que el republicano Alf Landon ganaría a Franklin D. Roosevelt con el 57% de los votos. Roosevelt ganó por veinticuatro puntos, y la revista cerró menos de dos años después. El error tuvo dos causas. La primera fue un sesgo de cobertura: en plena Depresión, tener coche o teléfono era cosa de gente con dinero, y la muestra salió republicana desde el principio. La segunda la demostró medio siglo más tarde el politólogo Peverill Squire al reanalizar los datos: un sesgo de no respuesta. Los votantes contrarios a Roosevelt, enfadados, devolvían la papeleta mucho más que los que estaban contentos con él. Los críticos del CIS plantean ahora algo parecido: si los votantes de derechas cuelgan cuando les llama un organismo que asocian al Gobierno, la muestra se inclina a la izquierda sola, y ninguna ponderación lo corrige del todo.

Retrato fotográfico de Alf Landon, candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos en 1936
Fig. 1 Alf Landon, candidato republicano en 1936. The Literary Digest lo dio por ganador con 2,38 millones de respuestas, y perdió por veinticuatro puntos.Unknown author Unknown author · 1936 · Dominio público · Wikimedia Commons

Ese mismo año, George Gallup demostró que se podía hacer mejor. Con unas cincuenta mil entrevistas, cincuenta veces menos que el Digest, acertó el ganador, e incluso anunció semanas antes el resultado que publicaría la revista, casi al punto. Usaba el muestreo por cuotas: en vez de preguntar a quien quisiera contestar, buscaba entrevistados que reprodujeran la composición del electorado por sexo, edad, renta y región. De ahí viene el oficio moderno. La precisión de una encuesta depende menos del número de entrevistas que del marco muestral y de la tasa de respuesta, y las dos cosas han empeorado en todas partes. Casi nadie tiene teléfono fijo, los móviles filtran las llamadas de números desconocidos, y en muchos países la tasa de respuesta ha pasado de más del 50% a menos del 10%. Una muestra aleatoria pura, el ideal de los manuales, es hoy casi imposible de conseguir, y todas las empresas lo compensan con modelos.

Retrato de George Gallup, fundador de la empresa de encuestas que lleva su nombre
Fig. 2 George Gallup. En 1936 acertó el ganador con unas cincuenta mil entrevistas y muestreo por cuotas.GeorgeGallup.gif : Uncertain derivative work: Quibik ( talk ) · 2010 · Dominio público · Wikimedia Commons

A esos modelos se les llama en España cocina electoral: el proceso que convierte la intención de voto que declaran los entrevistados en una estimación del resultado. Primero se ponderan los datos brutos por sexo, edad, estudios y tamaño del municipio. Después se aplican otros ajustes, como el recuerdo de voto, la simpatía por cada partido o la probabilidad de que cada entrevistado vaya a votar. Nada de eso es trampa. Todo el mundo lo hace, porque la intención de voto en bruto mide mal. En el caso del CIS, lo que se discute es cuánto ajusta. Los críticos dicen que corrige demasiado poco un recuerdo de voto muy inflado, y que en su muestra casi un 19% de los entrevistados se coloca en la extrema izquierda de la escala ideológica, algo que no aparece en ningún Eurobarómetro.

Narciso Michavila, de GAD3, tradujo ese recuerdo de voto en escaños: con esa muestra, el PSOE habría sacado 183 diputados en 2023 y el PP 82, cuando en realidad sacaron 121 y 137. Michavila dirige una empresa competidora y habla de un sesgo «intencionado»; otros críticos son más prudentes. Ignacio Urquizu, de Metroscopia, dice que la desviación es difícil de explicar, y Belén Barreiro, de 40dB, cuenta que en sus encuestas el recuerdo de voto socialista sale unos diez puntos más bajo, y lo atribuye a que los votantes de izquierda aceptan contestar con más facilidad. El CIS responde que el voto oculto al PP existe desde los tiempos de Alianza Popular y que su modelo final sí tiene en cuenta el recuerdo de voto. Un recuerdo de voto inflado tampoco prueba que nadie haya manipulado nada: la no respuesta desigual produce exactamente ese síntoma sin tocar un dato, y es la explicación de Barreiro. Y la institución llega con mala imagen. En 2024 ya se conocieron críticas internas a su dirección por politización, y el PP tiene presentada una querella contra su presidente, José Félix Tezanos, pendiente de que un juzgado de Madrid la admita.

El margen de error de la ficha técnica casi siempre se lee mal. Con 5.000 entrevistas, en el peor de los casos y con un 95% de confianza, el error es de punto y medio. Pero esa cifra solo mide el azar de elegir a unos entrevistados y no a otros, el error de muestreo en sentido estricto. No incluye los fallos de cobertura, ni la no respuesta, ni a quienes mienten, ni la cocina. Las encuestas suelen fallar por errores sistemáticos, y esos no salen en la ficha. Pasó en el Reino Unido con el Brexit. Pasó en Estados Unidos en 2016: las encuestas nacionales acertaron el voto popular, pero las de los estados decisivos tenían pocos votantes sin estudios universitarios, según el informe que encargó después la AAPOR. Y pasó en España en las generales de 2023, cuando la mayoría de las encuestas daba al PP y a Vox una mayoría absoluta que no llegó. Las encuestas no se equivocan al azar: suelen equivocarse todas a la vez y hacia el mismo lado, porque tienen los mismos huecos en sus muestras.

Encuestadora con tablet entrevistando a un viandante en la calle
Fig. 3 Una encuestadora entrevista a un viandante. Con tasas de respuesta de un dígito, conseguir una muestra que se parezca al electorado es cada vez más caro, y el resultado depende cada vez más del modelo que corrige los datos.Aldron55 · 2026 · CC0 (dominio público) · Wikimedia Commons

Nada de esto quiere decir que las encuestas no sirvan. De media se equivocan poco, suelen quedarse a un par de puntos del resultado, y sin ellas las campañas se harían a ciegas. Pero son estimaciones con supuestos detrás, no pronósticos. Los casi doce puntos de ventaja del barómetro de octubre no son ni verdad ni mentira por ahora: son una hipótesis, y la única prueba posible es la noche del 29 de noviembre.

La encuesta electoral – Encuesta – Diseño muestral – Error de muestreo – Marco muestral – Sistema electoral – Votante medio

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Fuentes

  1. Natalia JunqueraPor qué tantos sociólogos no se creen la encuesta del CIS: el sesgo en la muestra contamina las encuestasEl País2026enlace
  2. José NicolásEl PSOE aumenta la distancia sobre el PP hasta los 11,8 puntos tras la convocatoria electoral, según el CISEl País2026enlace
  3. Natalia JunqueraAsesores y trabajadores del CIS critican los sesgos y la falta de neutralidad de TezanosEl País2024enlace
  4. Peverill SquireWhy the 1936 Literary Digest Poll FailedPublic Opinion Quarterly 52 (1), 125-1331988enlace
  5. Dominic LusinchiPresident Landon and the 1936 Literary Digest Poll: Were Automobile and Telephone Owners to Blame?Social Science History 36 (1), 23-542012enlace
  6. AAPORAn Evaluation of 2016 Election Polls in the United StatesAmerican Association for Public Opinion Research2017enlace
  7. Centro de Investigaciones SociológicasAvance de resultados del estudio 3582, Barómetro de octubre de 2026CIS2026enlace
  8. El EspañolEl CIS que da 11,8 puntos de renta a Sánchez se basa en que logró 183 escaños el 23-J: una querella pende sobre TezanosEl Español2026enlace
Sarasola, Josemari (2026). "La cocina electoral". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/la-cocina-electoral/

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