Emporion (del griego antiguo ἐμπορεῖον, emporeîon) fue un tipo de asentamiento de la Antigua Grecia, destinado principalmente al intercambio y comercio con los grupos humanos circundantes y situado a una remota distancia de las polis o ciudades griegas.
La palabra deriva de émporos, que en Homero es el pasajero de un barco ajeno y en época clásica pasó a significar el comerciante que viaja por mar con su mercancía. El emporion era, por tanto, el lugar al que llegaban los émporoi: un puerto de mercado. De la misma raíz salen, a través del latín, palabras como emporio, que en castellano se usa todavía para un lugar de comercio rico y concurrido.
Los historiadores suelen distinguir el emporion de la apoikía, la colonia propiamente dicha. Una apoikía era una ciudad nueva fundada por una metrópoli, con su territorio agrícola, sus instituciones y sus ciudadanos; un emporion era ante todo una función, la de mercado, que podía ocupar un barrio dentro de una ciudad indígena, un fondeadero estacional o un asentamiento estable con población mezclada. La frontera entre ambos es borrosa, y muchos emporia acabaron convirtiéndose en ciudades.
El ejemplo clásico es Náucratis, en el delta del Nilo. Según Heródoto, el faraón Amasis, en el siglo VI a. C., la concedió a los comerciantes griegos como único lugar en el que podían instalarse y comerciar en Egipto, y en ella convivían gentes de una docena de ciudades griegas que compartían un gran santuario, el Helenion. En la costa de Siria, Al Mina sirvió desde el siglo VIII a. C. de puerta entre los griegos y los reinos de Oriente, y en Etruria los griegos frecuentaban puertos como Gravisca, el de la ciudad de Tarquinia.

En la península ibérica el término es también un nombre propio. Hacia el 600 a. C., griegos de Focea, probablemente desde la vecina Massalia, la actual Marsella, se instalaron en un islote de la costa del Ampurdán, hoy unido a tierra en Sant Martí d’Empúries, y poco después en la costa de enfrente. Llamaron al lugar simplemente Emporion, el mercado, y de ahí vienen Ampurias, Empúries y el propio nombre del Ampurdán. Estrabón la describe como una ciudad doble, la griega junto a la de los indiketes, el pueblo ibérico del entorno, separadas por un muro y unidas por el comercio.
Ampurias es el mejor ejemplo de un emporion que se volvió ciudad. Acuñó moneda propia desde el siglo V a. C., y sus dracmas de plata con un Pegaso, del siglo III, circularon por todo el nordeste peninsular. En el plomo escrito en griego hallado en 1985, una carta comercial del siglo VI a. C., aparece ya la red de puertos y socios indígenas en que se apoyaba su negocio. En el 218 a. C. desembarcó en ella Cneo Cornelio Escipión al frente del primer ejército romano que pisó la península, y el lugar se convirtió en base de la conquista y, con el tiempo, en ciudad romana, uno de los primeros episodios de la romanización.

Las excavaciones modernas empezaron en 1908, impulsadas por Josep Puig i Cadafalch y la Junta de Museos de Barcelona, y desde entonces no se han detenido. En 1909 apareció la gran estatua de mármol de Asclepio, el dios de la medicina, que se ha convertido en símbolo del yacimiento. Ampurias permite ver sobre el terreno lo que los textos solo describen: un puerto, unos templos, un ágora y, a pocos pasos, la ciudad romana que acabó absorbiéndolo todo.
El concepto de emporion ha servido a los historiadores para pensar el comercio antiguo más allá de Grecia. Se habla de emporia fenicios, etruscos o vikingos, y en la Europa altomedieval se llama así a puertos de mercado como Dorestad o Hedeby, lugares en los que gentes de orígenes distintos se encontraban para intercambiar bienes bajo reglas aceptadas por todos.
Fuentes
- EstrabónGeografía, libro III20
- HeródotoHistoria, libro II-430
- Alain Bresson y Pierre Rouillard (eds.)L'EmporionDe Boccard, París1993
- Mogens Herman Hansen y Thomas Heine Nielsen (eds.)An Inventory of Archaic and Classical PoleisOxford University Press, Oxford2004