Entre 1923 y 1937, un equipo chino-sueco-canadiense dirigido por el anatomista Davidson Black y, tras su muerte en 1934, por el alemán Franz Weidenreich, excavó en las cuevas de Zhoukoudian, cerca de Pekín, los restos de más de cuarenta individuos de Homo erectus de entre 780.000 y 400.000 años de antigüedad: cráneos, mandíbulas, dientes y fragmentos postcraneales que Weidenreich documentó con un detalle obsesivo porque intuía, con razón, que algún día los originales podrían faltar. Mandó fabricar vaciados en yeso de cada hueso, hizo fotografiar cada pieza desde varios ángulos y publicó monografías completas con las medidas exactas. Esa previsión es hoy prácticamente todo lo que queda de Sinanthropus pekinensis, el nombre con el que se bautizó al hallazgo antes de reclasificarlo dentro de Homo erectus.

En el verano de 1941, con la guerra entre Japón y China ya convertida en ocupación y la entrada de Estados Unidos en el conflicto cada vez más probable, el personal de la Unión Médica de Pekín (financiada por la Fundación Rockefeller) decidió sacar del país los fósiles originales para ponerlos a salvo, dejando los vaciados en su lugar como sustitutos de exhibición. El plan consistía en embalarlos en dos cajones y entregarlos a un destacamento de marines estadounidenses que debía evacuar Pekín en tren hacia el puerto de Qinhuangdao, donde embarcarían en un vapor rumbo a Estados Unidos. El tren con los marines y, presumiblemente, los cajones, fue interceptado por fuerzas japonesas el 8 de diciembre de 1941, el mismo día del ataque a Pearl Harbor según el horario asiático; los soldados fueron hechos prisioneros y el rastro documental de los fósiles se interrumpe ahí.

Desde entonces se han propuesto todas las hipótesis imaginables: que los cajones fueron hundidos junto al barco que los transportaba (el Harrison, capturado por los japoneses, lo que llevó a buscar sin éxito en su pecio); que acabaron en manos privadas japonesas y se perdieron en el caos de 1945; que un oficial japonés los enterró bajo un antiguo campo de prisioneros en Qinhuangdao, pista seguida por excavaciones específicas en los años 2000 sin resultado; que nunca llegaron a salir del edificio de la Unión Médica y se destruyeron o se extraviaron en el propio Pekín durante la ocupación. El empresario Christopher Janus llegó a ofrecer en 1972 una recompensa de 5.000 dólares por su recuperación y publicó un libro entero sobre su búsqueda personal, que incluyó entrevistas con un supuesto testigo que decía haber visto los huesos enterrados en un patio de Pekín: la pista no llevó a nada. Ninguna de las hipótesis ha podido confirmarse, y el consenso actual entre quienes han revisado el caso (Boaz y Ciochon entre los más recientes) es que lo más probable es que los fósiles se perdieran o destruyeran durante el propio proceso de evacuación, sin que mediara un robo deliberado ni un destino tan narrable como el de un tesoro hundido.

Lo que sí sobrevivió fue el yacimiento: las excavaciones continuaron en Zhoukoudian después de la guerra y en 1966 aparecieron allí mismo dos nuevos fragmentos craneales (un occipital y un frontal) que hoy son, junto con los vaciados de Weidenreich, la base física de todo lo que la ciencia sabe sobre el Sinanthropus pekinensis original. La Unesco declaró el yacimiento Patrimonio de la Humanidad en 1987. El caso se recuerda en la historia de la paleoantropología como un ejemplo poco habitual: no de un fraude como Piltdown, sino de la fragilidad material de la evidencia científica frente a la guerra, y de cuánto puede llegar a depender el conocimiento de un hallazgo de la minuciosidad con la que alguien, antes de que fuera demasiado tarde, decidió documentarlo en papel.
Fuentes
- Franz WeidenreichThe Skull of Sinanthropus Pekinensis: A Comparative Study on a Primitive Hominid SkullPalaeontologia Sinica, Nueva Serie D, n.º 101943
- Harry L. ShapiroPeking ManSimon and Schuster1974
- Christopher G. Janus con William BrashlerThe Search for Peking ManMacmillan1975
- Lanpo Jia y Weiwen HuangThe Story of Peking Man: From Archaeology to MysteryOxford University Press1990
- Noel T. Boaz y Russell L. CiochonDragon Bone Hill: An Ice-Age Saga of Homo erectusOxford University Press2004