
Derrubios es el término utilizado para denominar al conjunto de rocas en superficie depositadas por desprendimiento y gravedad, arrastre o agentes meteorológicos, situadas generalmente en las pendientes de las montañas.
El proceso comienza con la meteorización de las rocas expuestas en las laderas altas: el hielo que se infiltra en las fisuras y se congela, los bruscos cambios térmicos entre el día y la noche y la presión de las raíces fracturan el macizo rocoso. Cuando el equilibrio se rompe, los bloques caen y se acumulan al pie de las paredes, dando lugar a extensos campos de derrubio como el que muestra la imagen, captado en el macizo de Wetterstein, en los Alpes bávaros. La acumulación se estabiliza en lo que los geólogos llaman ángulo de reposo, que suele oscilar entre 30 y 40 grados según el tamaño, la forma y la rugosidad de los fragmentos.
Según el agente dominante se distinguen varios tipos. Los derrubios de caída directa proceden de bloques desprendidos de crestas o paredes; los de arrastre son movidos por la escorrentía del agua durante tormentas intensas o deshielos; y los de empuje están relacionados con el desplazamiento de la nieve y el hielo. Cuando el material desciende ladera abajo rebotando y deslizándose en masa se habla de coluviones o corrientes de derrubio. Al pie de los cañones, los fragmentos más finos pueden organizarse en conos de deyección que se suceden unos junto a otros, y en terrenos blandos la escorrentía concentra el material abriendo carcavas.
Los campos de bloques o blockfields de las laderas periglaciares de Islandia y Escandinavia son ejemplos de derrubios maduros en los que la meteorización ha reducido las rocas a cantos casi redondeados. En España destaca La Pedriza, en el macizo granítico de Guadarrama, célebre por sus canchales, término popular equivalente a derrubios, que cubren las laderas de grandes berrocales bajo las paredes de La Muela. Los derrubios glaciares, acumulados por el hielo en los valles de montaña, constituyen las morrenas de los glaciares actuales y cuaternarios.
El estudio de los derrubios interesa a la geomorfología porque registra la dinámica actual de las laderas, pero también a la gestión del riesgo: los desprendimientos bloquean carreteras de montaña y amenazan núcleos de población. Condicionan además la agricultura de montaña, limitando los suelos útiles, y alimentan con sedimentos los ríos que excavaron el valle fluvial vecino.
Cono de deyección – Cárcavas – Montaña – Agricultura de montaña