Arqueobotánica

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Imagen de microscopio electrónico coloreada con granos de polen de formas y texturas distintas: esferas con púas, óvalos lisos y granos con surcos
Fig. 1 Granos de polen de varias plantas comunes vistos al microscopio electrónico de barrido, con color añadido. Cada especie tiene una forma y una ornamentación propias, y la cubierta del grano puede conservarse miles de años.Centro de Microscopía Electrónica de Dartmouth College · 2011 · Dominio público · Wikimedia Commons

La arqueobotánica es la rama de la arqueología que investiga los restos vegetales presentes en los yacimientos arqueológicos, con el objetivo de descifrar las relaciones entre las sociedades humanas y las plantas y árboles.

Las plantas están en casi todo lo que hacían las sociedades del pasado: lo que comían, con qué cocinaban y se calentaban, cómo construían sus casas, con qué se curaban y qué paisaje tenían alrededor. Pero se conservan mucho peor que los huesos o la cerámica, porque la materia vegetal se pudre en pocos meses. La arqueobotánica trabaja con las excepciones, los restos que por alguna circunstancia escaparon a la descomposición, y con los que son tan pequeños que hace falta un microscopio para verlos.

La circunstancia más frecuente es el fuego. Un grano de cereal que cae en un hogar o en un granero incendiado se carboniza, y el carbón es químicamente muy estable: puede durar milenios en el suelo. Otras vías de conservación son el agua, porque en los fondos de lagos, pozos o turberas la falta de oxígeno detiene a las bacterias; la sequedad extrema de los desiertos, que preservó frutos y cestas en tumbas egipcias y en cuevas de los Andes; la mineralización en letrinas y basureros, y las improntas que dejaron semillas y paja en el barro de vasijas y adobes antes de cocerlos.

Durante mucho tiempo esos restos solo se recogían cuando eran visibles a simple vista. La técnica que cambió la disciplina fue la flotación, que el arqueólogo estadounidense Stuart Struever describió en 1968: se vierte la tierra del yacimiento en agua, el sedimento se hunde y los restos carbonizados, más ligeros, flotan y se recogen con tamices finos. De pronto, un yacimiento que parecía no tener plantas daba miles de semillas. Desde entonces el muestreo sistemático de sedimento es una rutina en cualquier excavación.

Los restos se dividen en dos grandes grupos. Los macrorrestos son los que se ven a simple vista o con lupa: semillas, frutos, cáscaras y carbones de madera, estos últimos objeto de una especialidad propia, la antracología, que identifica las especies de árboles usadas como leña. Los microrrestos requieren microscopio: el polen, que estudia la palinología y que permite reconstruir la vegetación de una región entera; los fitolitos, diminutas partículas de sílice que muchas plantas forman en sus tejidos y que sobreviven cuando todo lo demás ha desaparecido, y los granos de almidón que quedan atrapados en las grietas de las muelas o de los útiles de moler.

El campo en el que la arqueobotánica ha sido decisiva es el origen de la agricultura. En los cereales silvestres, la espiga se rompe al madurar y las semillas caen solas al suelo, una ventaja para la planta. En los cereales domésticos, la espiga permanece entera hasta que alguien la siega. Esa diferencia se ve en los restos de la espiga que quedan en los yacimientos, y su proporción a lo largo del tiempo ha permitido medir la lentitud de la domesticación en el Próximo Oriente, que llevó milenios y no fue el descubrimiento súbito que imaginaban los primeros relatos de la revolución neolítica.

La disciplina tiene también sus episodios de exceso de confianza. En 1975 la palinóloga Arlette Leroi-Gourhan publicó que en la tierra de un enterramiento neandertal de la cueva de Shanidar, en el Kurdistán iraquí, había concentraciones de polen de flores, y dedujo que el cadáver había sido depositado sobre un lecho floral. La idea de un entierro con flores dio la vuelta al mundo. Estudios posteriores propusieron que el polen pudo llegar por otras vías, entre ellas los roedores que excavaban madrigueras en la cueva o las abejas que anidaban en el sedimento. El caso se cita desde entonces como advertencia: saber qué plantas hay en un yacimiento es solo la mitad del trabajo; la otra mitad es averiguar cómo llegaron allí.

Por eso la arqueobotánica se apoya en otras disciplinas. La datación por radiocarbono de una sola semilla permite fechar con precisión el momento en que se cultivó, y la dendrocronología fecha por sus anillos la madera de vigas y postes. Juntas han convertido unos restos casi invisibles en una de las fuentes principales para reconstruir la historia de la agricultura y del paisaje.

Dendrocronología – La revolución neolítica – Datación por radiocarbono – Yacimiento arqueológico

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Fuentes

  1. Stuart StrueverFlotation techniques for the recovery of small-scale archaeological remainsAmerican Antiquity 33 (3)1968
  2. Deborah M. PearsallPaleoethnobotany: A Handbook of ProceduresLeft Coast Press, Walnut Creek2015
  3. Arlette Leroi-GourhanThe flowers found with Shanidar IV, a Neanderthal burial in IraqScience 190 (4214)1975
  4. Dolores R. PipernoPhytoliths: A Comprehensive Guide for Archaeologists and PaleoecologistsAltaMira Press, Lanham2006
Sarasola, Josemari (2025). "Arqueobotánica". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/arqueobotanica/

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