
Los lagos son masas y extensiones amplias de aguas lénticas o sin corriente fija, de agua dulce o salada, rodeadas en todo o casi todo su perímetro por tierra firme, aunque pueden estar abiertas a un río o al mar.
Los lagos son masas de agua que forman parte del sistema hídrico de una cuenca. Se alimentan de los ríos que desembocan en ellos, de la precipitación directa y de las aguas subterráneas, y pierden agua por evaporación, infiltración o mediante un emisario que los conecta con otro lago, un río o el mar. El balance entre entradas y salidas determina su nivel, que puede variar de forma estacional. Los lagos sin salida al exterior, llamados endorreicos, acumulan sales y se vuelven salinos, como el mar Muerto o muchas lagunas interiores.
Por su origen se clasifican en tectónicos (el Tanganica), volcánicos (los lagos de cráter), glaciares (los innumerables lagos de las regiones que fueron cubiertas por hielo), fluviales (las lagunas de meandro de una llanura aluvial), litorales (las lagunas costeras y marismas, como una albufera) y artificiales (embalses). El mar Caspio es el lago de mayor superficie del planeta y el Baikal el de mayor profundidad, con más de 1.600 metros, además del mayor volumen de agua dulce de la Tierra. Junto a los ríos, los lagos constituyen los principales reservorios de agua dulce de la superficie terrestre y concentran una biodiversidad acuática y lacustre muy elevada. La eutrofización por aportes de nutrientes procedentes de la actividad humana es su principal problema ambiental.