El Institut für Sexualwissenschaft abrió en Berlín en julio de 1919, en un palacete del Tiergarten —In den Zelten 9a-10—, y funcionó catorce años antes de que unos estudiantes nazis lo vaciaran en mayo de 1933. En ese intervalo fue a la vez consultorio médico, centro de asesoramiento matrimonial gratuito, archivo, museo, residencia y grupo de presión legislativa. Es el primer intento serio de convertir la sexualidad en objeto de una disciplina universitaria, y su destrucción es uno de los pocos casos en los que puede fecharse con exactitud la desaparición de un archivo científico entero.

El comité de 1897 hizo circular una petición de derogación que llegó a reunir unas seis mil firmas, entre ellas las de Albert Einstein, Thomas Mann, Hermann Hesse, Rainer Maria Rilke y Karl Kautsky. Su lema —per scientiam ad iustitiam, por la ciencia hacia la justicia— resume una apuesta política que hoy resulta ambigua y entonces era la única disponible: si se demostraba que la homosexualidad era una variación natural y congénita, castigarla sería tan absurdo como castigar el color de los ojos. La estrategia amarraba la emancipación a la biología, y por eso Hirschfeld chocó toda su vida con quienes preferían un argumento de libertad —el mismo desacuerdo que ya separaba a Kertbeny de Ulrichs en 1868.
El Instituto convirtió esa doctrina en práctica cotidiana. Atendió decenas de miles de consultas, muchas gratuitas y buena parte de ellas de trabajadores; hizo asesoramiento anticonceptivo y matrimonial cuando eso era casi clandestino; reunió una biblioteca de más de veinte mil volúmenes y un archivo de historias de vida. Hirschfeld acuñó en 1910 el término transvestita para separar lo que hasta entonces se confundía —vestir, desear y ser—, negoció con la policía de Berlín los llamados Transvestitenschein, certificados que permitían a su portador ir por la calle vestido como quería sin ser detenido, y de su entorno salieron en 1931 las primeras cirugías de reasignación documentadas, entre ellas la de Dora Richter, que trabajaba como empleada doméstica en la propia casa.

Lo que se hacía dentro no era ciencia neutral, y conviene decirlo sin eufemismos. La teoría de los estadios sexuales intermedios que Hirschfeld defendió —una escala continua entre lo masculino y lo femenino, con la homosexualidad como punto intermedio— era una construcción endeble, cargada de biologismo de la época; sus intentos de encontrar marcadores anatómicos y hormonales no dieron nada, y algunos ensayos clínicos de su entorno, como los trasplantes de tejido testicular practicados por Eugen Steinach para «corregir» la orientación, son hoy indefendibles. La historiografía reciente —Beachy, Herrn— insiste además en que el Instituto pudo existir por una circunstancia local: Berlín tenía una escena homosexual pública, tolerada por una policía que la fichaba en lugar de reprimirla, y esa vigilancia benévola fue a la vez la condición de posibilidad del archivo y su punto débil.

El final está documentado casi hora a hora. El 6 de mayo de 1933 alrededor de un centenar de estudiantes vaciaron la biblioteca y cargaron media tonelada de material; el 10 de mayo lo quemaron en la Opernplatz, junto a los libros de Freud, Marx, Zweig y Kästner, en la mayor de las hogueras de aquella noche. Se perdieron el archivo de historias clínicas, los cuestionarios, el museo y la correspondencia: no una biblioteca reemplazable, sino datos primarios irrepetibles sobre la vida sexual de la Alemania de entreguerras. Hirschfeld estaba fuera desde 1930, en una gira de conferencias que había dado la vuelta al mundo, y vio la escena en un noticiario en un cine de París. Murió en Niza en 1935, el día de su sesenta y siete cumpleaños. El §175 no solo no se derogó: los nazis lo endurecieron en 1935 y la versión endurecida siguió vigente en la República Federal hasta 1969.


Queda un problema de método que este caso plantea mejor que ningún otro. Casi todo lo que sabemos de la sexología alemana de entreguerras lo sabemos por lo que estaba fuera del edificio: tiradas de libros conservadas en otras bibliotecas, artículos en revistas extranjeras, memorias posteriores. El grueso —los cuestionarios, las miles de historias de vida— dejó de existir en cuatro días. De ahí que el Instituto funcione como advertencia doble: un archivo sobre personas perseguidas es a la vez la mejor fuente para la investigación y una lista de objetivos si cambia el régimen, y las dos cosas están escritas en el mismo fichero. La bibliografía posterior sobre protección de datos sensibles no suele citar 1933, pero es su antecedente más limpio.
La invención de la heterosexualidad – La hipótesis represiva – Cómo se mide la sexualidad – Las leyes contra la sodomía y su herencia colonial – Historia de la sexología – Identidad de género – Diversidad de género
Fuentes
- Magnus HirschfeldDie Transvestiten: Eine Untersuchung über den erotischen VerkleidungstriebAlfred Pulvermacher, Berlín1910
- Magnus HirschfeldDie Homosexualität des Mannes und des WeibesLouis Marcus, Berlín1914
- Charlotte WolffMagnus Hirschfeld: A Portrait of a Pioneer in SexologyQuartet Books, Londres1986
- Ralf DoseMagnus Hirschfeld: The Origins of the Gay Liberation MovementMonthly Review Press, Nueva York2014
- Elena ManciniMagnus Hirschfeld and the Quest for Sexual FreedomPalgrave Macmillan, Nueva York2010
- Robert BeachyGay Berlin: Birthplace of a Modern IdentityAlfred A. Knopf, Nueva York2014
- Rainer HerrnSchnittmuster des Geschlechts: Transvestitismus und Transsexualität in der frühen SexualwissenschaftPsychosozial-Verlag, Giessen2005