El Cantar de mio Cid es el poema épico más importante de la literatura española y la primera gran obra escrita en castellano. Es anónimo y se compuso hacia 1200; se conserva en una única copia, firmada por un tal Per Abbat, que dice haberla escrito en 1207, y que hoy está en la Biblioteca Nacional de España. Cuenta las hazañas de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, un caballero castellano del siglo XI que existió de verdad. El rey Alfonso VI lo destierra de Castilla, y el Cid tiene que ganarse la vida y la honra luchando contra los moros, hasta conquistar Valencia y recuperar el favor del rey. Después, sus hijas son maltratadas por sus maridos, los infantes de Carrión, y el Cid pide justicia y la obtiene.
El poema tiene unos 3.700 versos, de medida irregular y con rima asonante, agrupados en tiradas, y se divide en tres partes o cantares. Lo recitaban los juglares en plazas y castillos, y por eso tiene fórmulas que se repiten, como los epítetos del héroe: «el que en buen hora nació», «el que en buen hora ciñó espada». Frente a otros poemas épicos, es bastante realista: el Cid es un héroe humano, que llora al dejar a su familia, que es prudente y mesurado, que piensa en el dinero y que es fiel a su rey aunque el rey sea injusto con él. El tema central es la honra: la pierde dos veces, con el destierro y con la afrenta de sus hijas, y las dos veces la recupera.
Los personajes principales son el Cid, Rodrigo Díaz de Vivar; doña Jimena, su mujer; sus hijas, doña Elvira y doña Sol; el rey Alfonso VI; Álvar Fáñez Minaya, su lugarteniente y sobrino; Martín Antolínez, un burgalés fiel; Pedro Bermúdez, que lleva su estandarte; los infantes de Carrión, Diego y Fernando González, cobardes y codiciosos; el conde García Ordóñez, enemigo del Cid; y los prestamistas Raquel y Vidas.
RESUMEN DE LOS TRES CANTARES
Cantar primero: el destierro
El rey Alfonso VI, mal aconsejado por los enemigos del Cid, lo destierra de Castilla. El poema empieza en el momento en que el Cid sale de su casa de Vivar llorando, con sus puertas abiertas y las perchas vacías. Al llegar a Burgos, nadie se atreve a darle posada, porque el rey lo ha prohibido bajo pena de muerte. Una niña de nueve años sale a pedirle que se marche, para no perder ellos sus casas y sus ojos. El Cid acampa fuera de la ciudad. Sin dinero para pagar a sus hombres, engaña a dos prestamistas de Burgos, Raquel y Vidas, dejándoles como prenda dos arcas llenas de arena que dice que contienen oro. Va al monasterio de San Pedro de Cardeña, donde deja a su mujer, doña Jimena, y a sus hijas, doña Elvira y doña Sol, al cuidado del abad. La despedida es «como la uña de la carne». Con un pequeño ejército, el Cid sale de Castilla. Conquista Castejón y Alcocer y gana batallas contra los moros. Con el botín, manda al rey treinta caballos como regalo, por medio de Álvar Fáñez. El rey los acepta, aunque no lo perdona todavía. Al final del cantar, el Cid vence al conde de Barcelona, Ramón Berenguer, y le gana la espada Colada. El conde, prisionero, se niega a comer por orgullo, hasta que el Cid lo libera.
Cantar segundo: las bodas
El Cid sigue avanzando hacia el este y, tras un largo asedio, conquista Valencia. Envía al rey un segundo regalo, cien caballos, y le pide que deje a su mujer y a sus hijas reunirse con él. El rey acepta. Doña Jimena y sus hijas llegan a Valencia, y el Cid les enseña desde lo alto del alcázar la ciudad, la huerta y el mar. Poco después, el rey de Marruecos, Yúsuf, ataca Valencia con un enorme ejército, y el Cid lo vence. Manda al rey un tercer regalo, doscientos caballos. Los infantes de Carrión, dos jóvenes nobles de León, ven la riqueza del Cid y piden al rey que les dé por esposas a las hijas del Cid. El rey perdona públicamente al Cid en un encuentro a orillas del Tajo y le pide que case a sus hijas con los infantes. El Cid no se fía de ellos, pero obedece al rey. Las bodas se celebran en Valencia con grandes fiestas.
Cantar tercero: la afrenta de Corpes
Los infantes viven en Valencia con el Cid y pronto demuestran que son unos cobardes. Un día, un león se escapa de su jaula mientras el Cid duerme. Los infantes se esconden aterrados, uno debajo de un banco y otro en una viga del lagar. El Cid se despierta, se acerca al león, que baja la cabeza ante él, y lo vuelve a meter en la jaula. Todos se burlan de los infantes. Después, en la batalla contra el rey moro Búcar, los infantes vuelven a huir, mientras el Cid mata a Búcar y le gana la espada Tizona. Humillados, los infantes deciden vengarse. Piden permiso para llevarse a sus mujeres a Carrión, y el Cid les regala las dos espadas, Colada y Tizona, y mucho dinero. En el robledal de Corpes, los infantes desnudan a doña Elvira y doña Sol, las azotan con cinchas y espuelas y las abandonan medio muertas. Su primo, Félez Muñoz, las encuentra y las salva.
El Cid pide justicia al rey. El rey convoca cortes en Toledo. Allí, el Cid reclama primero sus espadas y su dinero, y los infantes los devuelven. Después pide que se repare su honra. Sus caballeros retan a los infantes y a su hermano a duelo, y en la lid de Carrión los vencen y los dejan deshonrados. Mientras tanto, llegan a las cortes mensajeros de los príncipes de Navarra y de Aragón, que piden la mano de las hijas del Cid. Las nuevas bodas son mucho más honrosas que las primeras, y el poema termina con una idea: los reyes de España son hoy parientes del Cid. Los últimos versos cuentan que el Cid murió el día de Pentecostés.
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Fuentes
- AnónimoCantar de mio CidCopia de Per Abbat, Biblioteca Nacional de España1207