Madame Bovary

5 ideas 11 min Resumen completo

Las ideas clave de «Madame Bovary» (Gustave Flaubert, 1857) en tarjetas breves para leer en unos minutos: lo esencial del argumento, los personajes y los temas, parte a parte.

  1. 1 / 5

    De qué va

    1 min

    Madame Bovary se publicó por entregas en la Revue de Paris entre octubre y diciembre de 1856 y como libro en 1857, año en que su autor fue procesado por ultraje a la moral pública y a la religión. Cuenta la vida de la mujer de un médico rural de Normandía que intenta parecerse a las heroínas de las novelas que ha leído y arruina a su familia en el intento. El subtítulo de la primera edición es Costumbres de provincias, y no es un adorno: la novela mide el desastre en dinero, en distancias y en horarios de diligencia.

    Son tres partes, de nueve, quince y once capítulos.

  2. 2 / 5

    Primera parte

    3 min

    Capítulo 1. La novela empieza en un aula, contada por un narrador en primera persona del plural que no volverá a aparecer: «estábamos en el estudio cuando entró el director». El nuevo es Charles Bovary, un muchacho de quince años, torpe, vestido de pueblo, con una gorra ridícula que se describe con detalle y al que la clase hace repetir su nombre entre risas: «Charbovari». Se resume su infancia entre un padre fracasado y fanfarrón y una madre devota y ahorradora, y sus estudios de medicina: suspende el primer año por no haber abierto un libro y aprueba al segundo estudiando de memoria. Su madre le busca clientela en Tostes y le busca esposa: una viuda de cuarenta y cinco años, flaca y con renta, la señora Dubuc, que resulta tener menos dinero del que se decía.

    Capítulos 2-5. Una noche llaman a Charles para atender una fractura en la granja de Bertaux. Allí conoce a Emma Rouault, la hija del granjero, educada en un convento de Ruán, con uñas cuidadas y una manera de mirar que no es de provincias. Charles vuelve a la granja más veces de las necesarias. Muere su mujer, dejando menos herencia de la esperada, y el viejo Rouault le ofrece a su hija; hay boda de campo, con una tarta de tres pisos y un banquete de dieciséis horas descrito con precisión de inventario. Emma, instalada en Tostes, descubre la vida que le espera: la consulta, las sábanas, el pueblo, y un marido bueno, sano, que come con apetito, que no tiene ninguna curiosidad y que se duerme a las nueve.

    Capítulos 6-7. Se cuenta la formación de Emma: los trece años en el convento, las novelas que leía a escondidas (Walter Scott, historias de amores nobles, láminas de mujeres pálidas en carruajes), la devoción entendida como emoción estética, y la certeza de que en algún sitio la vida es otra cosa. En Tostes, esa expectativa choca con la casa. Emma se compra un plano de París y sigue en él los itinerarios de las novelas, se suscribe a revistas de moda, toca el piano por temporadas y las abandona. Empieza a tener migrañas y a estar enferma sin enfermedad.

    Capítulos 8-9. Los Bovary son invitados al baile del marqués de Andervilliers en el castillo de Vaubyessard, por un favor médico. Emma pasa una noche entera dentro de lo que había leído: los criados, las bujías, el helado de marrasquino, el vals con un vizconde. Al volver a Tostes se queda con la petaca de seda verde que ha encontrado en el camino y con la fecha del baile como el único acontecimiento de su vida. El resto del año lo pasa esperando otra invitación que no llega. Su salud empeora, quema el ramo de novia de su primera boda, y Charles, alarmado y sin entender nada, decide trasladar la consulta a otro pueblo. Emma está embarazada.

  3. 3 / 5

    Segunda parte

    3 min

    Capítulos 1-3. Se describe Yonville-l’Abbaye, a ocho leguas de Ruán, con su iglesia, su albergue del León de Oro y su elenco: la señora Lefrançois, el farmacéutico Homais, que ejerce ilegalmente la medicina y habla en clichés de progreso y ciencia; el cura Bournisien; el recaudador Binet; y León Dupuis, un pasante de notario joven, sensible y lector. Nace la hija de Emma, a la que quería poner un nombre novelesco y a la que llaman Berthe; la manda a criar a una nodriza y no siente lo que esperaba sentir. Con León encuentra por primera vez a alguien que ha leído los mismos libros y que se aburre igual, y los dos mantienen una amistad de conversación sostenida y no declarada.

    Capítulos 4-6. La relación crece sin llegar a nada: paseos, la manta que se le cae, un tejido de bordado, silencios. Emma se refugia alternativamente en el arrebato religioso y en el orden doméstico exagerado. León, viendo que no hay salida, se marcha a París a terminar la carrera de derecho. Emma queda peor que antes, y aparece por primera vez Lheureux, el comerciante de telas y prestamista del pueblo, que le ofrece género a crédito con una amabilidad de la que la novela ya ha dicho que es mortal.

    Capítulos 7-9. En los comicios agrícolas de Yonville aparece Rodolphe Boulanger, propietario de una finca cercana, treinta y cuatro años, experto y sin escrúpulos, que decide seducirla en el momento en que la ve. La escena de los comicios es la más citada del libro: Rodolphe le declama a Emma sobre el destino y las almas superiores en el primer piso del ayuntamiento, mientras por la ventana entra el discurso del jurado premiando abonos, cerdos y a una criada de setenta y cuatro años por cincuenta y cuatro de servicio. Días después, en un paseo a caballo por el bosque, Emma se convierte en su amante y vuelve a casa repitiéndose que tiene un amante, encantada de por fin parecerse a alguien de un libro. Empieza a hacer locuras: sale de madrugada a la finca de Rodolphe, le regala una fusta y un sello, le escribe cartas largas, se endeuda con Lheureux para pagar los regalos.

    Capítulos 10-13. Rodolphe se cansa de la exaltación. Emma tiene una crisis de virtud y vuelve a su marido; Homais convence a Charles de operar el pie zopo del mozo del albergue, Hipólito, para hacerse un nombre, y la operación sale tan mal que hay que amputarle la pierna por gangrena. El fracaso destruye lo poco que Emma respetaba de su marido y la devuelve a Rodolphe con más urgencia. Le propone huir juntos con la niña; se fija fecha, se compra un baúl, se prepara la maleta. La víspera, Rodolphe escribe una carta de renuncia en la que se declara indigno de ella, la esconde en un cesto de albaricoques para hacerla llegar, deja caer sobre el papel unas gotas de agua para simular lágrimas y se marcha de viaje. Emma sube al desván a leerla, siente la tentación de tirarse por la ventana y la llaman a cenar; esa noche cae con una fiebre cerebral que dura cuarenta y tres días.

    Capítulos 14-15. Convaleciente, Emma pasa por una fase de misticismo, encarga libros piadosos y reparte limosnas. Charles, arruinado por los gastos de la enfermedad y por las facturas que van llegando, acepta el consejo de Homais y lleva a su mujer a la ópera de Ruán a ver Lucía de Lammermoor. En el entreacto se encuentran con León, vuelto de París.

  4. 4 / 5

    Tercera parte

    3 min

    Capítulos 1-3. León va a Yonville a visitarla y en la habitación del hotel de Ruán, adonde ella acude con la excusa de una consulta jurídica, empieza la segunda relación. Emma inventa unas clases de piano semanales en Ruán y viaja cada jueves en la diligencia La Golondrina; el capítulo del recorrido por la ciudad en un coche de punto con las cortinillas bajadas, dando vueltas durante horas sin que se vea nada, es el pasaje que la fiscalía leería en el juicio. Emma paga las habitaciones, los regalos y los caprichos de León, firma pagarés a Lheureux y empieza a falsificar el orden de la casa: cobra facturas de su marido, vende bienes de la familia, obtiene un poder para administrar los asuntos de Charles.

    Capítulos 4-6. La rutina del adulterio se va pareciendo a la rutina del matrimonio: León se hace de rogar, se aburre, teme por su carrera, y Emma le exige lo que antes exigía a Rodolphe. Ella pierde el sentido del dinero por completo: los intereses se acumulan, Lheureux le renueva los pagarés a cambio de otros mayores y por fin la denuncia. Llega el acta de embargo. La deuda es de ocho mil francos.

    Capítulos 7-8. Emma pasa un día entero pidiendo dinero por Yonville y Ruán, y ese recorrido es el juicio moral de la novela, hecho sin una sola frase de moral. Lo pide al notario Guillaumin, que se lo ofrece a cambio de acostarse con ella; a Binet, que la escucha en su torno y no entiende; a la señora Rollet; a León, que promete buscarlo entre sus amigos y no vuelve; y por fin a Rodolphe, que la recibe con cordialidad y le dice que no tiene tres mil francos. Al salir de allí, Emma entra en la farmacia de Homais con un pretexto, sube al desván donde está el veneno de las ratas, se llena la boca de arsénico y vuelve a casa a esperar. La agonía es larga, sucia y detallada (el sabor a tinta, la sed, los vómitos negros, el sudor), con los dos médicos llamados de urgencia discutiendo el caso al lado de la cama. Muere mientras oye, por la ventana, la canción obscena del ciego que pide limosna en el camino de Ruán.

    Capítulos 9-11. El velatorio pone frente a frente al cura y al farmacéutico, que discuten de religión y de ciencia junto al cadáver y acaban durmiéndose los dos. Charles, deshecho, ordena enterrarla con el vestido de novia y con tres ataúdes. Después descubre, revisando papeles, las cartas de Rodolphe y de León; lee, comprende, y sigue queriéndola. La casa se vende para pagar; la abuela Bovary muere, el viejo Rouault queda impedido; Charles vende sus últimos muebles, se abandona, y una tarde de verano lo encuentran muerto en el banco del jardín con un mechón de pelo negro en la mano. Berthe queda al cuidado de una tía pobre y entra a trabajar en una fábrica de algodón. La última frase del libro no es para ninguno de ellos: Homais, el farmacéutico charlatán, acaba de recibir la cruz de la Legión de Honor.

  5. 5 / 5

    LA OBRA Y SU LECTURA

    3 min

    Lo que hace de esta novela un punto de inflexión no es el argumento del adulterio provinciano, que abundaba, sino cómo está contado. Flaubert retira al narrador que juzga: no hay una sola línea en la que se diga que Emma se equivoca, y el lector tiene que sacarlo del contraste entre lo que ella siente y lo que la frase de al lado registra. El procedimiento con que lo consigue (el estilo indirecto libre, en el que la voz del narrador se contamina de la de un personaje sin comillas ni verbo de habla) pasa por esta obra a toda la novela europea posterior. La escena de los comicios es su demostración de laboratorio: Flaubert monta dos discursos en paralelo, el del seductor y el del jurado agrícola, sin comentar ninguno, y el juicio lo emite el montaje.

    El segundo hallazgo, y el que más se pasa por alto en las lecturas escolares, es que la novela está construida sobre una contabilidad. Emma no se mata por amor: se mata porque debe ocho mil francos, ha firmado pagarés, ha vendido bienes que no eran suyos y va a llegar el embargo a casa de su marido. Los dos amantes le fallan primero como amantes y después como acreedores, y su último recorrido por Yonville y Ruán es una gira de peticiones de crédito. El personaje que gana en el libro es Lheureux, que nunca amenaza y siempre renueva, y el que recibe la condecoración final es Homais. Que el «bovarismo» se cite casi siempre como enfermedad de la imaginación romántica y casi nunca como un problema de deuda dice más del lector que del libro.

    Sobre el proceso, conviene el dato exacto porque circula deformado. La novela apareció por entregas en 1856 y el 7 de febrero de 1857 Flaubert, su editor y su impresor fueron juzgados en París por ultraje a la moral pública y religiosa; el fiscal Ernest Pinard, el mismo que meses después ganaría el caso contra Las flores del mal de Baudelaire, sostuvo la acusación leyendo en voz alta cuatro pasajes, entre ellos el del coche de punto y el de la extremaunción. Flaubert fue absuelto, con una reprimenda del tribunal por haber traspasado los límites que la literatura debe guardar. El libro se vendió mucho mejor después. La frase «Madame Bovary soy yo», que se le atribuye siempre, no aparece en ninguna carta suya ni en ningún texto publicado: la transmitió de segunda mano una periodista, Amélie Bosquet, décadas después, y no hay ninguna fuente directa. Lo que sí escribió Flaubert, a Louise Colet, es que un novelista debe estar en su obra como Dios en la creación: en todas partes y visible en ninguna.

Redacción de Ikusmira (2026). "Ideas clave: Madame Bovary". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/ideas/madame-bovary/
§ Sigue con otra obra

Más ideas clave.