Fuimos al cementerio en autobús. En la parte más antigua del camposanto, encontramos el mausoleo de la familia Obregón, y detrás de este la tumba, más sencilla, de Beatriz Obregón. Violeta me adelantó que en la tumba de Beatriz ni había ni había habido nunca ningún resto de Beatriz. Y comenzó a relatarme su historia. Resulta que el tatarabuelo de Violeta tuvo dos hijos, Ricardo, bisabuelo de Violeta, y Beatriz. Ricardo se casó pronto. El padre de Beatriz decidió que Beatriz se casara con el primogénito de los Mendoza, que eran los más ricos de Santander y una de las familias más ricas de España. Era un pacto entre las dos familias. Beatriz no sentía nada por el primogénito Mendoza, de nombre Sebastián, pero este sí que estaba enamoradísimo de Beatriz. El regalo de compromiso fueron las Lágrimas de Shiva, que es el collar de esmeraldas que luce Beatriz en el retrato de casa. Sebastián trajo las esmeraldas directamente de la India. Según cuenta la leyenda, el demonio Ravana mató a la esposa de Shiva, de nombre Durga, arrancándole cinco órganos. Shiva derramó cinco lágrimas por la muerte de su esposa y entonces ocurrió un milagro: las cinco lágrimas se convirtieron en los órganos de Durga que la hicieron resucitar. Y de esa leyenda viene el nombre de las cinco esmeraldas, que Sebastián hizo engarzar en un collar magnífico. El collar incluso estuvo expuesto en Santander a lavista de los ciudadanos y despertó una gran admiración. la boda iba a ser el 10 de junio de 1901 pero nunca se celebró porque la víspera Beatriz desapareció y el collar también. Los Mendoza acusaron a los Obregón de robo del collar. Y hubo pleitos incluso, porque se supone que la ruptura del compromiso exige también la devolución de los regalos. Beatriz nunca apareció y se la dio finalmente por muerta, su hermano Ricardo mando construir esa tumba fuera del mausoleo como gesto de reprobación.
Miré hacia la tumba y vi que había una flores marchitas. Pregunté a Violeta, y no lo sabía. Ella también quedó extrañada.
Volvimos a casa juntos. Allí, en el salón, contemplamos el retrato de Beatriz, con las lágrimas de Shiva al cuello. Era realmente triste que tuviese que casarse con una persona a la que no quería, aunque llevase al cuello una millonada. El retrato llevaba la fecha de mayo de 1901, pocas semanas antes de casarse. Todo parecía indicar que negándose a aceptar el destino que le había marcado, huyó con el collar para rehacer su vida lejos de casa. Fue realmente, como decía Violeta, la más valiente de la familia, una familia que entonces parecían sin vida, y hoy en día también, viviendo siempre en la misma casa, sin cambiar nada. Le pregunté si creía en fantasmas. Respondió que no, pero sí creía en el fantasma de Beatriz. Entre otras razones, porque yo también la había visto.
A partir de entonces mi relación con Violeta mejoró. Hablamos de literatura, de El guardían entre el centeno, 1984 y Un mundo feliz, Empezamos a intercambiarnos libros. Yo le regalé Crónicas marcianas, para iniciarla en la ciencias ficción que tanto criticaba, sobre la llegada y colonización de Marte por los humanos desde el punto de vista de los marcianos y le gustó mucho su melancolía y pesimismo. Luego ella me regaló El viejo y el mar de Hemingway, que me gustó bastante. Yo le pasé, Ciudad de Simak, y luego ella a mí, La metamorfosis de Kafka, un relato sobre un chico que se convierte en insecto. Tras leerlo, estaba una tarde solo en casa y fui a la biblioteca a leer otro. Cogí Frankenstein, el libro que había sido de Beatriz. Fui a mi habitación, leí unas páginas, cerré un poco los ojos, adormecido, unos segundos y entonces ocurrió algo que me puso los pelos de punta.
Cuando abrí los ojos, me encontré el libro encima de la cama y no en la mesilla que lo había dejado, y abierto por la mitad, y en esa misma página en la que se había o alguién lo había abierto, una nota manuscrita por Beatriz, en letra verde. En ella decía que se sentía como Frankenstein, fuera de lugar, sola y espera que mas allá del mar se encuentre su lugar. Dice que durante la mañana creyó ver el Savanna, pero no fue así y que estaba triste por ello.
Cuando vino Violeta le conté lo sucedido. Yo ya estaba convencido de que había algo sobrenatural en la casa. Propuse contárselo a sus padres, pero me dijo que sin duda no me creerían. La verdad es que estaba aterrorizado, nunca creí en los espíritus ni en los fantasmas. Violeta me tranquilizó, siempre había vivido allí y nunca había pasado nada. Violeta dijo que sin duda Beatriz o su espiritu quería ponerse en contacto conmigo. El libro lo leyó en 1901, ya que esa fecha aparecía junto con la firma. Pensando, Violeta planteó que quizás Beatriz no huyó con el collar, sino que alguién la mató y escondió su cuerpo, para hacerse con el collar. Quizás nos pedía ayuda para esclarecer su muerte y despejar la maldición que había caido sobre ella, en la que todos creían que había robado el collar. ¿Qué era el Savanna? Igual eso nos daba una pista. Violeta dijo que investigaría sobre ello.
Esa noche no puede dormir bien y los siguientes días estuve nervioso. Violeta se mostraba reservada y seria; de hecno, casi ni la veía, porque estaba siempre fuera de casa. No me comentaba nada del asunto. Pero al mismo, afortunadamente, Beatriz o su espíritu no hicieron acto de presencia. Para pasar el tiempo, en la biblioteca busqué todos los libros de Beatriz que había en la biblioteca, muchos de ellos de misterio. No encontré en ellos ninguna nota, pero me quedó claro quer era una soñadora, amante de la aventura.
Ya era mediados de julio. Papá me llamó, iba mejor de salud. El tiempo mejoró. Yo paseaba por la playa y jardines de alrededor. En una semana el ser humano llegaría a la luna, pero en aquella casa nadie decía nada de traer una tele o algo así. Todos iban a lo suyo, mi tío con sus inventos, otros leyendo, … También ponían música, aunque cada uno tenía sus gustos.
Un día, de noche, ya en mi habitación, ocurrió algo. De la habitación de Margarita oí ruidos. Me asomé y vi a Rosa bajando por el canalón de la fachada. Fui a la habitación de Margarita a ver que pasaba. A regañadientes, me hizo entrar. Me explicó que Rosa había quedado con unos amigos y que salía así porque sus padres no la dejaban salir. No lo creí. Violeta también estaba allí y añadió que iba a salir con un amigo en especial. Se hizo un silencio. Observé la habitación de Margarita, llena de libros de política. Y luego, tras advertirme de que no dijese nada, dijo que ese amigo especial era Gabriel Mendoza. No reaccioné ante esa noticia y Violeta dijo que nsi no me daba cuenta que era de la misma familia de los Mendoza de aquel que se comprometió con Beatriz. Y dado que las dos familias se odiaban, que los padres respectivos de los dos jóvenes tenían prohibido verse el uno con el otro. Y todo ese odio por el collar. Margarita dijo que los Mendoza habían coqueteado con el régimen franquista, que movió los hilos para arruinar a los Obreg´on, que su fortuna vino del tráfico de esclavos, aunque reconoció que la de los Obregón tuvo el mismo origen. Por lo visto, mi tío Luis descubrió hace un timpo el romance entre los dos jóvenes y prohibió a Rosa ver a Gabriel. Violeta defendía a su hermana enamorada, pero Margarita no creía en eso del amor. Violeta le dijo entonces que era una amargada y saltaron chispas entre las dos, pero al final como buenas hermanas terminaron como de broma. Salimos Violeta y yo de la habitación en silencio y Violeta me susurró que sabía algo sobre el Savanna. Quedamos al día siguiente enpla playa para contármelo.