Quimet lleva a Natalia donde mosén Juan, el cura conocido que les va a casar. Pero antes de eso, Quimet le exige que se comprometa a pagar la mitad del alquiler. A Natalia no le parece muy normal, pero al final su padre, que es quien le administra el dinero, acepta esa condición.
Ya con mosén Juan, Quimet le advierte que no se toma muy en serio el matrimonio, y por tanto tampoco la boda. El cura le advierte que el matrimonio es algo muy serio, para toda la vida, y como tal debe ser celebrado, con vestido de novia blanco y tal. Quimet acepta, por respeto.
Llega la boda. Natalia ha llevado su cama de latón al piso de casados y han recibido diversos regalos para amueblar la casa. A la boda van todos los conocidos, Mateu, Cintety su familia, … El sermón del cura fue sobre el paraíso, y Adán y Eva. Después van a sacarse fotos de estudio, mientras los invitados se dirigen al banquete, en Montjuich. Los novios llegan tarde. Empieza el banquete, ya se han acabado las anchoas y aceitunas. Que maleducados, dice Quimet. Pero al final comen muy bien. Empieza el baile, Natalia baila con su padre, con Mateu, y luego va entrando más y más gente que anda alrededor, aunque no conocen a la novia. El ambiente es de absoluta jovialidad. Incluso el camarero pide un baile a Natalia, es su costumbre con todas las novias. Natalia está alegre y es feliz, siente que se acabe el día.