El hobbit nació como cuento doméstico (Tolkien, filólogo de Oxford, garabateó «en un agujero en el suelo vivía un hobbit» en el dorso de un examen que corregía) y se publicó en 1937 tras el informe entusiasta del hijo de diez años del editor. Ha vendido más de cien millones de ejemplares, y su importancia excede la cifra: es la puerta de entrada de la Tierra Media, el libro cuyo éxito llevó al editor a pedir «más hobbits» y produjo, diecisiete años después, El señor de los anillos, que obligó a Tolkien a reescribir retroactivamente el capítulo 5 de este libro (en la primera edición Gollum apostaba el anillo de buena gana; la versión que hoy se lee, con un Gollum obsesionado y traicionero, se retocó en 1951 para cuadrar con lo que el anillo había pasado a ser). Es una novela de ida y vuelta en el sentido literal, su subtítulo es Historia de una ida y de una vuelta, y su arco es el del personaje: la transformación de un burgués comodón en alguien capaz de renunciar a un tesoro para comprar la paz. Son diecinueve capítulos.
El hobbit
Las ideas clave de «El hobbit» (J. R. R. Tolkien, 1937) en tarjetas breves para leer en unos minutos: lo esencial del argumento, los personajes y los temas, parte a parte.
1 / 9 De qué va
1 min2 / 9 Capítulos 1-3: la tertulia inesperada, carnero asado y un breve descanso
1 minBilbo Bolsón, hobbit acomodado de Bolsón Cerrado, respetable precisamente porque nunca hace nada inesperado, recibe la visita del mago Gandalf y, al día siguiente, la invasión por oleadas de trece enanos encabezados por Thorin Escudo de Roble, heredero del Reino bajo la Montaña. La misión que se le cae encima con la merienda: recuperar el tesoro que el dragón Smaug arrebató a los enanos al destruir Erebor y la ciudad de Valle. Gandalf lo ha presentado, para su propio estupor, como «saqueador» profesional; en Bilbo despierta su lado Tuk, la vena aventurera materna que pelea todo el libro contra su respetable lado Bolsón, y sale corriendo tras la compañía sin pañuelo siquiera. Primer tropiezo: tres trols capturan a la compañía; Gandalf los salva imitando voces para que discutan hasta que el amanecer los vuelve piedra, y en su cueva aparecen las espadas Glamdring y Orcrist, y el puñal que Bilbo hará suyo: Dardo. En Rivendel, Elrond descifra en el mapa de Thorin unas letras lunares: la puerta secreta de la Montaña se abrirá el día de Durin, cuando el último sol del otoño ilumine la cerradura.
3 / 9 Capítulos 4-5: bajo la colina y acertijos en las tinieblas
2 minCruzando las Montañas Nubladas, la compañía se refugia de una tormenta en una cueva que resulta ser el zaguán de los trasgos: capturados y arrastrados a las profundidades, los salva Gandalf matando al Gran Trasgo. En la huida, Bilbo queda atrás, inconsciente y solo en la oscuridad, y su mano encuentra a tientas, en el suelo del túnel, un anillo: «un punto de inflexión en su carrera, pero él no lo sabía», y tampoco Tolkien, que aún no había decidido qué acababa de poner en la historia. Sigue el capítulo más famoso del libro: junto a un lago subterráneo vive Gollum, una criatura pálida de ojos como lámparas que habla consigo misma, y ambos juegan al juego de los acertijos; si Bilbo gana, Gollum le enseña la salida; si pierde, se lo come. Bilbo gana con una no-pregunta murmurada por accidente («¿qué tengo en el bolsillo?»), y cuando Gollum va a por su «tesoro» para traicionarlo y descubre que lo ha perdido, comprende y aúlla; Bilbo, huyendo, tropieza, el anillo se le desliza en el dedo y descubre su poder: lo vuelve invisible. Guiado por el propio Gollum que corre a bloquear la salida, escapa, y en el gesto que El señor de los anillos elevará a fundamento moral, salta por encima de Gollum en vez de matarlo: la piedad de Bilbo es la decisión más consecuente de toda la Tierra Media.
4 / 9 Capítulos 6-8: de la sartén al fuego, Beorn y las arañas del Bosque Negro
1 minReunido con la compañía (a la que deja creer que escapó por astucia pura, callándose el anillo), Bilbo empieza a ganarse el respeto de los enanos. Los persiguen trasgos y wargos; acorralados en las copas de los pinos y con el fuego subiendo, los rescatan las águilas. Gandalf los deposita en casa de Beorn, el cambia-pieles que es hombre de día y oso de noche, que les presta provisiones y póneys hasta el Bosque Negro, donde el mago los abandona a su suerte con dos órdenes: no salirse del sendero y no beber del arroyo negro. Desobedecen ambas. Bombur cae al agua encantada y duerme durante días; hambrientos, se apartan del camino persiguiendo luces de fiestas élficas que se desvanecen; y Bilbo, separado en la oscuridad, mata a solas con Dardo a la araña gigante que lo estaba envolviendo; «se sintió otra persona: mucho más fiero y audaz», el nacimiento del héroe con nombre de espada incluido. Invisible y cantando burlas, rescata a los enanos del nido de arañas; al salir del trance descubren que Thorin ha sido capturado por los elfos del bosque.
5 / 9 Capítulos 9-10: barriles de contrabando y una cálida bienvenida
1 minLos elfos silvanos del rey Thranduil encierran a los enanos, que se niegan a explicar su misión. Bilbo, invisible durante semanas en el palacio subterráneo (el ladrón viviendo de robar despensas: el oficio que le adjudicaron por broma es ya el suyo), urde la fuga más incómoda de la literatura fantástica: empaqueta a los trece enanos en barriles vacíos que los elfos arrojan al río para devolverlos a la Ciudad del Lago. En Esgaroth, ciudad de madera sobre el lago que vive del comercio y del recuerdo, la llegada de Thorin proclamándose rey bajo la Montaña desata el entusiasmo: las viejas canciones prometen que cuando el rey regrese los ríos correrán de oro. El único que no canta es Bardo el arquero, descendiente del señor de Valle, que recuerda que los dragones no salen gratis.
6 / 9 Capítulos 11-13: el umbral, conversación con Smaug e información secreta
2 minAnte la ladera de la Montaña Solitaria, la puerta secreta se resiste hasta que Bilbo descifra el acertijo del mapa en el instante justo: el último rayo del día de Durin ilumina la cerradura. Bilbo baja solo por el túnel, y el narrador lo subraya: la verdadera batalla de su vida la libra en ese pasillo, antes de ver al dragón; seguir andando fue lo más valiente que hizo nunca. Roba una copa (Smaug, como todo dragón, conoce su tesoro al miligramo y la echa en falta al despertar) y en la segunda bajada sostiene con el dragón un duelo de adivinanzas y halagos («no está bien decirle tu nombre a un dragón», así que se presenta como el que camina invisible, el Jinete de Barriles), del que saca el dato que decidirá todo: en el pecho acorazado de Smaug hay un hueco sin escama, sobre el corazón. Lo escucha un zorzal de la vieja raza que entendía el habla. Smaug, deduciendo por el título de «Jinete de Barriles» la complicidad de la Ciudad del Lago, sale a castigarla; los enanos, a cubierto en el túnel, toman posesión de un tesoro con maldición incorporada, y Bilbo, en la penumbra, encuentra la Piedra del Arca, la joya del corazón de la Montaña que Thorin valora sobre todo lo demás, y se la guarda en el bolsillo sin decir nada.
7 / 9 Capítulos 14-15: fuego y agua, y el encuentro de las nubes
1 minSmaug arrasa Esgaroth en llamas; cuando todo parece perdido, el zorzal se posa en el hombro de Bardo y le repite lo que oyó: el arquero pone su última flecha, la flecha negra heredada de sus mayores, en el hueco de la coraza, y el dragón cae del cielo sobre la ciudad que destruyó. Muerto Smaug, el tesoro sin dueño imanta a todos: elfos y hombres marchan hacia la Montaña a reclamar reparación, y encuentran la puerta amurallada; Thorin, poseído por el mal del dragón (la codicia que se pega al oro largamente incubado), se niega a compartir una moneda mientras un ejército acampe a su puerta, llama por cuervo mensajero a su primo Dáin de las Colinas de Hierro y se prepara para una guerra absurda por un tesoro que no ha ganado.
8 / 9 Capítulos 16-17: un ladrón en la noche y las nubes estallan
1 minAquí culmina el arco moral del libro: Bilbo, viendo a Thorin irreconocible, baja de noche al campamento enemigo y entrega la Piedra del Arca a Bardo y al rey elfo (el único objeto por el que Thorin negociará) y luego, en el gesto que lo define, vuelve a la Montaña a ocupar su puesto junto a los enanos, porque las cosas no se hacen a medias. Gandalf, reaparecido en el campamento, lo bendice: «¡Bien hecho, señor Bolsón!». Thorin, al saberlo, lo maldice y está a punto de despeñarlo; el trueque se pacta con odio, y no llega a ejecutarse, porque Dáin ataca, y en ese momento Gandalf revela lo que venía a anunciar: los trasgos y los wargos de las montañas, movilizados por la muerte del Gran Trasgo y el olor del oro, caen sobre todos. Elfos, hombres y enanos se alían sobre la marcha: es la Batalla de los Cinco Ejércitos. Bilbo, invisible y prudente, la pasa casi entera junto a los elfos hasta que una piedra lo deja sin sentido; lo último que ve es la llegada de las águilas.
9 / 9 Capítulos 18-19: el viaje de vuelta y la última jornada
2 minBilbo despierta y la batalla está ganada (las águilas y Beorn en forma de oso decidieron el día), pero Thorin agoniza, y su despedida es la cima emocional del libro: se retracta de sus palabras y de sus actos («si más de nosotros valorásemos la comida, la alegría y las canciones por encima del oro atesorado, este sería un mundo más feliz») y parte en paz hacia las estancias de sus padres. Con él mueren Fili y Kili, defendiéndolo con el cuerpo. La Piedra del Arca reposa sobre su pecho bajo la Montaña; Dáin, nuevo rey, reparte el tesoro con generosidad; Bardo reconstruirá Valle. Bilbo renuncia a la parte pactada, «¿cómo iba a llevar ese tesoro hasta casa sin guerra y asesinato por el camino?», y vuelve con dos cofres pequeños, atravesando de nuevo Bosque Negro y Rivendel. En Bolsón Cerrado lo espera la última broma del libro: dado por muerto, su casa está en subasta y sus parientes repartiéndose las cucharas; recupera casi todo, pierde para siempre su reputación, «ya no era del todo respetable», y gana lo que el libro venía construyendo: poemas, visitas de elfos y enanos, y la respetabilidad mucho más rara de quien se conoce. El cierre es la tesis de Tolkien en miniatura: Gandalf le recuerda que las profecías de las viejas canciones se han cumplido también gracias a él, y que no por eso debe creerse el centro; «eres una personita muy normal, en un mundo muy grande». «¡Gracias al cielo!», dice Bilbo, y le pasa el tabaco.