Malpaís es la denominación de un tipo de paisaje irregular típicamente volcánico, formado por rocas poco erosionadas que cubren un terreno árido.
El nombre es descriptivo y viene del uso campesino: un mal país es una tierra por la que no se puede caminar, que no se puede arar y en la que no crece casi nada. Se usa en Canarias, en México y en Centroamérica, y de ahí pasó a la toponimia del suroeste de Estados Unidos, donde la palabra española se conserva en nombres oficiales. En geografía designa sobre todo coladas de lava relativamente recientes, en las que la erosión y el suelo no han tenido tiempo de borrar la superficie original de la roca.

Su aspecto depende del tipo de lava. Los vulcanólogos usan para describirlo dos palabras hawaianas, que el geólogo estadounidense Clarence Dutton introdujo en la literatura científica a comienzos de la década de 1880. La lava pahoehoe es fluida y al enfriarse forma superficies lisas o arrugadas en pliegues que parecen cuerdas. La lava aa es más viscosa y avanza como un amasijo de bloques y escorias de bordes cortantes, que se rompen a medida que el frente se mueve. Un malpaís típico es un campo de aa: un caos de piedras sueltas, agujas y crestas donde un paso en falso corta la suela de las botas. Pero el término se aplica también a las coladas de pahoehoe agrietadas y hundidas, que son igual de estériles.

Debajo de muchas coladas hay además un paisaje escondido. Cuando la lava corre por un canal, la superficie se enfría y forma un techo mientras el interior sigue fluyendo; al acabar la erupción, el conducto se vacía y queda un tubo volcánico. En Canarias hay algunos muy conocidos, como la Cueva del Viento en Tenerife, con más de diecisiete kilómetros de galerías cartografiadas, o la Cueva de los Verdes y los Jameos del Agua en Lanzarote, que forman parte del tubo del volcán de la Corona. Cuando el techo se hunde en algún punto se forma un jameo, una abertura que deja ver el túnel desde arriba.
Las Canarias son, de hecho, el lugar donde la palabra tiene más sentido en español. El Malpaís de Güímar, en el sureste de Tenerife, es una reserva natural formada por las coladas de un pequeño volcán, la Montaña Grande, y el Malpaís de la Corona ocupa el norte de Lanzarote. En la misma isla, las erupciones de Timanfaya, que duraron de 1730 a 1736, cubrieron de lava y cenizas alrededor de una cuarta parte de la superficie de la isla y sepultaron numerosos pueblos y caseríos. Casi tres siglos después, buena parte de aquel terreno sigue siendo un malpaís en el que solo viven líquenes.
Esa colonización lenta es lo que acaba definiendo el paisaje. Los primeros organismos en instalarse sobre la roca desnuda son los líquenes, que la atacan químicamente y retienen polvo y humedad. Después aparecen musgos, helechos en las grietas y, con el tiempo, arbustos resistentes a la sequía, como las tabaibas y los cardones canarios. El ritmo depende sobre todo de la lluvia: en una ladera húmeda una colada puede tener un bosque en pocos siglos, mientras que en una costa seca como la de Güímar las lavas de hace miles de años siguen casi desnudas. Por eso los malpaíses son a la vez un problema para la agricultura y un laboratorio natural para estudiar cómo nace un paisaje.
Fuentes
- Clarence E. DuttonHawaiian VolcanoesFourth Annual Report of the U.S. Geological Survey, Washington1884
- Gordon A. MacdonaldVolcanoesPrentice-Hall, Englewood Cliffs1972
- Juan Carlos Carracedo y Valentin R. Troll (eds.)The Geology of the Canary IslandsElsevier, Ámsterdam2016