# Tabú del incesto

- Sitio: Ikusmira — enciclopedia en castellano de ciencias sociales y humanidades
- URL canónica: https://ikusmira.org/p/tabu-del-incesto/
- Categoría: Psicología
- Publicado: 2026-06-21
- Autoría: Josemari Sarasola Ledesma — Editor coordinador; Profesor titular de escuela universitaria, Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea
- Perfiles del autor: https://ekoizpen-zientifikoa.ehu.eus/investigadores/127490/detalle, https://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=333202
- Política editorial (autoría, revisión, correcciones, financiación): https://ikusmira.org/politica-editorial/

El **tabú del incesto** es la prohibición de relaciones sexuales entre determinados parientes, y es el candidato más citado a universal cultural: se ha documentado en todas las sociedades conocidas, aunque ninguna prohíbe exactamente el mismo conjunto de parientes que otra. Esa combinación —universalidad de la prohibición, variabilidad de su alcance— es lo que ha convertido el asunto en uno de los grandes problemas teóricos de la antropología, y la razón por la que las explicaciones propuestas son varias e incompatibles entre sí.

La variabilidad es el dato que suele sorprender. El núcleo prohibido en casi todas partes es la relación entre padres e hijos y entre hermanos plenos; a partir de ahí, todo cambia. Muchas sociedades con sistemas de descendencia unilineal prohíben el matrimonio con los primos paralelos —hijos de dos hermanos o de dos hermanas— y lo prescriben con los primos cruzados, que biológicamente son parientes de idéntico grado: la prohibición sigue la línea de la filiación social y no la del parentesco genético. Varias monarquías —el Egipto ptolemaico, el Perú incaico, algunas casas reales hawaianas— practicaron el matrimonio entre hermanos precisamente en la cúspide del poder, es decir hicieron de la excepción una marca de estatus divino. Y el derecho canónico medieval llegó a extender la prohibición hasta el séptimo grado, incluyendo el parentesco por afinidad y el espiritual del padrinazgo, con lo que en una aldea pequeña resultaba casi imposible encontrar un cónyuge legítimo, y la dispensa se convirtió en un instrumento de poder eclesiástico. La prohibición, en suma, no traza la frontera de la consanguinidad: traza una frontera social que a veces coincide con ella.

![Bronisław Malinowski con un grupo de habitantes de las islas Trobriand, hacia 1918](https://ikusmira.org/images/ilustraciones/psicologia/tabu-del-incesto.jpg)

*Malinowski en las islas Trobriand, hacia 1918. Su etnografía describió una sociedad matrilineal en la que la prohibición más severa recaía sobre la relación entre hermano y hermana —parientes de la misma línea de descendencia— mientras que la autoridad sobre los hijos no correspondía al padre sino al tío materno. Casos como este son los que obligaron a separar el parentesco social del biológico.*

Las explicaciones se agrupan en tres familias. La primera es **funcional y sociológica**, y su formulación más influyente es la de Claude Lévi-Strauss en *Las estructuras elementales del parentesco* (1949). Su tesis es que el tabú no debe leerse como una prohibición sino como su contrario: al impedir el matrimonio dentro del grupo, obliga a buscarlo fuera, y esa exogamia forzada crea alianzas entre grupos que de otro modo no tendrían por qué relacionarse. El incesto, dice, no está prohibido porque sea nocivo, sino porque las mujeres —en su formulación, que la crítica feminista posterior discutió con razón— son el bien que hay que intercambiar para que exista sociedad. La prohibición es entonces el acto que funda el orden social, el paso de la naturaleza a la cultura. Es una explicación elegante, y su punto débil es que explica la exogamia mejor que el tabú: no dice por qué la prohibición se siente como repugnancia y no como una norma administrativa más.

La segunda familia es **psicológica y evolutiva**. Edward Westermarck propuso en 1891 que la convivencia estrecha durante la primera infancia genera una aversión sexual duradera hacia las personas con quienes se ha convivido, mecanismo que hoy se llama efecto Westermarck y que se interpreta como una adaptación para evitar la endogamia y su coste genético. La hipótesis tiene apoyo empírico notable, procedente de dos experimentos naturales: en los kibutzim israelíes, donde los niños de una misma cohorte se criaban juntos sin ser parientes, los matrimonios posteriores entre compañeros de grupo resultaron prácticamente inexistentes; y en los matrimonios concertados en la infancia del Taiwán tradicional —la niña criada en la casa del futuro marido—, las uniones presentaron tasas mucho más altas de divorcio, infidelidad y menor fecundidad que las concertadas en la edad adulta. El mecanismo, nótese, no es el reconocimiento del parentesco sino la corresidencia temprana, lo que explica a la vez su eficacia estadística y sus fallos.

La tercera familia es la **genética**, y es la que suele darse por buena en la conversación corriente: la prohibición existiría porque la descendencia de parientes próximos acumula alelos recesivos deletéreos. El efecto es real y medible —los estudios sobre uniones entre parientes de primer grado documentan un aumento sustancial de mortalidad infantil y de malformaciones—, pero como explicación del tabú es insuficiente por dos razones. Primera, ninguna sociedad preindustrial disponía de la teoría genética y muchas tenían ideas sobre la reproducción incompatibles con ella, de modo que el conocimiento del daño no puede ser el origen de la norma. Segunda, y decisiva, la prohibición no se ajusta al riesgo: prohíbe uniones sin ningún parentesco genético —adoptivos, afines, padrinos— y permite otras con riesgo apreciable, como el matrimonio entre primos hermanos, que es legal y frecuente en gran parte del mundo. Lo que la genética explica bien es por qué un mecanismo psicológico de evitación pudo ser favorecido por la selección; no explica la norma cultural que se le superpone.

La síntesis que hoy maneja la mayoría de los especialistas combina los tres niveles sin fundirlos: un mecanismo de aversión de base evolutiva, activado por la corresidencia temprana; una norma cultural que lo codifica, lo extiende y lo desborda según el sistema de parentesco de cada sociedad; y una función social de alianza que explica por qué la extensión toma la forma que toma. Esa arquitectura de tres pisos deja además espacio para lo que ninguna de las tres teorías explicaba: el hecho de que el incesto ocurre. La existencia de abuso sexual intrafamiliar —cuyo alcance real solo empezó a documentarse en el último tercio del siglo XX, y que afecta de forma desproporcionada a menores— muestra que el tabú es una norma que se transgrede, y que el silencio que rodea la transgresión es una parte de su funcionamiento social. Que la prohibición sea universal no significa que sea eficaz, y confundir ambas cosas ha contribuido durante décadas a la invisibilidad del problema.

[Tabús](https://ikusmira.org/p/tabus) – [Sexualidad humana](https://ikusmira.org/p/sexualidad-humana) – [Relativismo cultural](https://ikusmira.org/p/relativismo-cultural) – [Monogamia serial](https://ikusmira.org/p/monogamia-serial-monogamia-secuencial) – [Matrimonio consumado](https://ikusmira.org/p/matrimonio-consumado-consumacion-del-matrimonio)

---

Cómo citar: Sarasola, Josemari (2026). «Tabú del incesto». Ikusmira. https://ikusmira.org/p/tabu-del-incesto/
Índice del sitio para modelos: https://ikusmira.org/llms.txt
