# Röntgen y los rayos X

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- Categoría: Ciencia y tecnología
- Publicado: 2026-02-17
- Autoría: Josemari Sarasola Ledesma — Editor coordinador; Profesor titular de escuela universitaria, Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea
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Los **rayos X** son el descubrimiento científico que más deprisa ha pasado del laboratorio al uso: siete semanas entre el primer indicio y la publicación, y menos de dos meses más hasta que había médicos haciendo radiografías en Viena, Londres, Nueva York y Madrid. La rapidez tiene dos causas. Una, que el aparato que los producía ya estaba en todos los laboratorios de física del mundo. Otra, que Wilhelm Röntgen, un catedrático de 50 años de Wurzburgo sin ningún descubrimiento espectacular a sus espaldas, hizo en esas siete semanas casi todo el trabajo que había que hacer.

El aparato era el tubo de descarga: una ampolla de vidrio con dos electrodos y el aire casi del todo extraído, en la que al aplicar una tensión alta corría un flujo invisible desde el cátodo, los «rayos catódicos» (electrones, aunque faltaban dos años para que Thomson lo demostrara), que hacían brillar el vidrio con una luz verdosa. Media Europa los estudiaba. El 8 de noviembre de 1895, un viernes por la tarde, Röntgen tenía el tubo envuelto en cartón negro para comprobar si algo de luz escapaba, la habitación a oscuras, y al conectar la corriente vio brillar una pantalla pintada con platinocianuro de bario que estaba sobre una mesa a un metro de distancia. Los rayos catódicos no salían del tubo más de unos centímetros. Lo que hacía brillar la pantalla era otra cosa.



Se encerró. Durante siete semanas comió y durmió en el laboratorio, y a su mujer, que no sabía qué le pasaba, le dijo que si alguien se enteraba de lo que estaba haciendo dirían que Röntgen se había vuelto loco. En ese tiempo determinó que los rayos nuevos atravesaban el papel, la madera, un libro de mil páginas, láminas de aluminio y la carne, y que los detenían el plomo, el platino y los huesos. Comprobó también que impresionaban las placas fotográficas; que no se desviaban con un imán, al contrario que los rayos catódicos, ni se reflejaban ni refractaban como la luz, al menos de un modo que él pudiera medir; que se originaban donde los rayos catódicos chocaban con el vidrio o con el ánodo; y que descargaban los cuerpos electrizados. Los llamó rayos X porque no sabía qué eran, y la letra se quedó. El 22 de diciembre colocó la mano de su mujer, Anna Bertha, sobre una placa durante un cuarto de hora. Ella, al ver sus huesos, dijo que había visto su muerte.

El 28 de diciembre entregó a la Sociedad Físico-Médica de Wurzburgo una comunicación preliminar de diez páginas, «Sobre una nueva clase de rayos», sin esperar a la siguiente sesión, y el 1 de enero envió separatas con copias de la radiografía a los principales físicos de Europa. Uno de ellos, en Viena, se lo contó a su padre, que era periodista, y el 5 de enero de 1896 la noticia estaba en la portada de la Wiener Presse; el 6, en Londres; el 16, en el New York Times. En Nature apareció la traducción el 23 de enero. En febrero se hacían radiografías de fracturas y de balas en hospitales de medio mundo, con tubos y bobinas que cualquier físico tenía a mano. La radiología como especialidad médica nació ese año; la fotografía de los huesos se convirtió en atracción de feria, y hubo tiendas que vendieron ropa interior «a prueba de rayos X».



Röntgen se negó a patentar nada, por principio: los descubrimientos pertenecían a todos. Dio una sola conferencia pública sobre el tema, en enero de 1896, ante el káiser, y después no volvió a hablar en público de los rayos; publicó dos artículos más y pasó a otros asuntos. En 1901 recibió el primer premio Nobel de Física y donó el dinero a su universidad. Murió en 1923, casi arruinado por la inflación alemana, pidiendo que se quemaran sus cuadernos de laboratorio; se quemaron. Lo que eran los rayos X, luz de longitud de onda mil veces más corta que la visible, lo demostró Max von Laue en 1912 haciéndolos difractar en un cristal, y esa difracción, a su vez, se convirtió en la herramienta con la que se vería la estructura de la materia, del cloruro sódico al [ADN](https://ikusmira.org/p/el-adn/). Y el mismo tubo de descarga, en manos de Becquerel, condujo en pocas semanas a la [radiactividad](https://ikusmira.org/p/marie-curie-y-la-radiactividad/).

## Fuentes

- Wilhelm Conrad Röntgen — *Über eine neue Art von Strahlen (Vorläufige Mittheilung)*, Sitzungsberichte der Physikalisch-Medizinischen Gesellschaft zu Würzburg (1895)
- Wilhelm Conrad Röntgen — *On a New Kind of Rays*, Nature 53 (1369) (1896) — https://doi.org/10.1038/053274b0
- Otto Glasser — *Wilhelm Conrad Röntgen and the Early History of the Roentgen Rays*, Charles C. Thomas, Springfield (1934)

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Cómo citar: Sarasola, Josemari (2026). «Röntgen y los rayos X». Ikusmira. https://ikusmira.org/p/rontgen-y-los-rayos-x/
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