# Los cultos cargo

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- Categoría: Antropología
- Publicado: 2026-08-27
- Autoría: Josemari Sarasola Ledesma — Editor coordinador; Profesor titular de escuela universitaria, Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea
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Los **cultos cargo** son los movimientos religiosos y políticos que aparecieron en Melanesia entre finales del siglo XIX y mediados del XX, y que anunciaban la llegada inminente de una carga de bienes manufacturados —el *cargo* del inglés pidgin— traída por los antepasados. Es una de las etiquetas más conocidas de la antropología y una de las peor puestas: nombra en bloque decenas de movimientos distintos, los describe desde el punto de vista del colono que se alarmó y arrastra un aire de patología que ninguno de ellos merece. Estudiarlos bien exige, antes que nada, desmontar el nombre.

El caso fundacional es la llamada **locura de Vailala**, en el golfo de Papúa, entre 1919 y 1922. Entre los elema del delta empezaron a difundirse episodios de temblores, vértigo y habla ininteligible que en la lengua local se describían como *iki haveva*, «el vientre no sabe», y que los informes coloniales tradujeron como «cabeza que da vueltas». Los dirigentes anunciaban la llegada de un vapor de fantasmas con los muertos a bordo —blancos, como los europeos— cargado de arroz, tabaco, herramientas y rifles. Y mientras esperaban, hicieron dos cosas simétricas. Por un lado destruyeron las máscaras y los objetos ceremoniales del ciclo *hevehe*, un calendario ritual que llevaba décadas en marcha, y desmantelaron las casas de hombres. Por otro, montaron una imitación meticulosa del aparato europeo: astas de bandera para hablar con los antepasados que a los observadores les parecieron antenas de telegrafía sin hilos, mesas puestas con mantel, ceremonias de té, cargos con nombres administrativos, uniformes, formaciones militares y multas.

![Máscara ceremonial kovave del pueblo elema, cónica, pintada de blanco con dientes de sierra y grandes alas laterales](https://ikusmira.org/images/ilustraciones/antropologia/cargo-mascara-kovave.jpg)

*Máscara *kovave* elema, del golfo de Papúa, hoy en el Muséum de La Rochelle. El movimiento de Vailala quemó y arrojó al mar objetos como este por decisión propia: lo que los europeos leyeron como delirio incluía una ruptura deliberada con el ciclo ritual heredado. El antropólogo del gobierno que redactó el informe, F. E. Williams, defendía justamente la conservación de esas ceremonias — y le tocó documentar cómo las destruían sus propios dueños.*

Esa combinación es la que desconcertó a la administración y sigue siendo la clave interpretativa. Quien lo estudió sobre el terreno fue Francis Edgar Williams, antropólogo del gobierno del Territorio de Papúa, que llegó en 1922 y publicó su informe en 1923. Williams era partidario de preservar las ceremonias indígenas frente al celo de los misioneros, de modo que se encontró en la posición incómoda de registrar una destrucción decidida por los propios elema. Su informe patologizaba el movimiento —«locura» está en el título— pero contiene la observación decisiva: lo que se abandonaba y lo que se copiaba formaban parte del mismo cálculo. Si la riqueza de los europeos venía de sus rituales, del té, de las banderas y de la escritura, entonces la vía para obtenerla pasaba por adoptar esos rituales y soltar los antiguos, que evidentemente no la producían.

La expresión «culto cargo» no la inventó ningún antropólogo. Apareció impresa por primera vez en noviembre de 1945, en la revista *Pacific Islands Monthly*, en un artículo del residente australiano Norris Mervyn Bird que advertía a los colonos del riesgo que la creencia representaba para la disciplina laboral en las plantaciones. Es decir: el término nace como categoría de orden público, con una connotación de contagio —«un nativo infectado por el desorden»— y solo después es adoptado por la disciplina. Ese origen explica buena parte de sus problemas posteriores.

La fecha tampoco es casual. La Segunda Guerra Mundial fue en Melanesia un acontecimiento material sin precedentes: cientos de miles de toneladas de suministros, pistas de aterrizaje abiertas en semanas, hospitales, cines, refrigeración y comida abundante repartida entre islas que hasta entonces habían conocido al blanco en su versión escasa —misionero, funcionario, capataz—. La presencia de soldados afroamericanos, con uniforme y paga iguales a los de los blancos, contradecía en directo el orden racial que la administración colonial presentaba como natural. En Tanna, en las Nuevas Hébridas, el movimiento de **John Frum** —surgido a finales de los años treinta en torno a un personaje que instaba a recuperar el kava y las costumbres prohibidas por los misioneros— encontró en 1942 la confirmación de su profecía cuando llegaron los americanos, y organizó desfiles con rifles de madera, banderas y las letras USA pintadas sobre el pecho. Sus seguidores fueron detenidos y deportados por las autoridades; el movimiento sigue existiendo, celebra el 15 de febrero y ha funcionado como fuerza política en el Vanuatu independiente.

![Jeep detenido ante la garita de entrada a la base naval estadounidense de Espíritu Santo entre palmeras y barracones semicilíndricos](https://ikusmira.org/images/ilustraciones/antropologia/cargo-base-espiritu-santo.jpg)

*Entrada del campamento anexo de la base naval estadounidense en Espíritu Santo, Nuevas Hébridas, entre 1941 y 1945: garita, jeep, cartel de «camiones prohibidos» y barracones Quonset bajo los cocoteros. Este es el hecho material que los movimientos de la posguerra tenían que explicar — y la explicación que daban no era más fantástica que la de los propios colonos, que atribuían su abundancia a la superioridad moral de su raza.*

El mejor análisis del fenómeno como sistema de conocimiento sigue siendo el de Peter Lawrence en *Road Belong Cargo* (1964), reconstruido en el distrito de Madang a lo largo de casi un siglo y con Yali, un antiguo policía y veterano de guerra, como figura central. Lawrence mostró que en la cosmología local la riqueza no se produce con trabajo y acumulación, sino que la conceden entidades no humanas a quien conoce el procedimiento correcto: el ñame crece porque se conoce el rito, igual que la canoa navega porque se conoce el rito. Dentro de ese marco, la conclusión de que los europeos tienen bienes porque poseen un «camino» —una *road belong cargo*— y se niegan a enseñarlo no es una fantasía: es una inferencia razonable a partir de premisas compartidas. Y los misioneros habían dado a esa inferencia el mejor de los argumentos, al predicar que la fe correcta trae bendiciones materiales.

Peter Worsley había propuesto en 1957 una lectura distinta y muy influyente: los movimientos serían formas embrionarias de nacionalismo, el único vehículo disponible para organizar políticamente a poblaciones fragmentadas bajo dominio colonial. Los datos le dan parte de razón —los movimientos reunían dinero, creaban jerarquías, coordinaban aldeas que nunca habían actuado juntas y en varios casos desembocaron en partidos y cooperativas—, pero su esquema evolutivo tiene el defecto de tratar la religión como un envoltorio provisional de la política, cuando para los participantes era exactamente lo contrario.

La crítica más dura ha caído sobre la categoría misma. Lamont Lindstrom sostuvo en 1993 que el «culto cargo» dice más sobre el deseo occidental que sobre Melanesia: es una historia que Occidente se cuenta sobre gente que quiere lo que Occidente tiene, y por eso se reproduce en el periodismo, en el cine y en el chiste. Martha Kaplan mostró en Fiyi que el movimiento clasificado como culto en 1885 era, leído en su propio idioma, una disputa ritual y política sobre la legitimidad; y el volumen colectivo que Holger Jebens editó en 2004 recogió la objeción de los propios melanesios, para quienes la palabra funciona hoy como insulto. Hay un giro final que conviene registrar: en 1974 Richard Feynman llamó «ciencia de culto cargo» a la investigación que imita las formas externas del método sin su sustancia, y con eso la expresión completó el viaje. Nacida para describir a unos isleños que copiaban las formas del poder europeo sin entender su origen, acabó sirviendo para describir a los europeos que copian las formas de la ciencia sin entender la suya.

[El potlatch](https://ikusmira.org/p/el-potlatch) – [El kula](https://ikusmira.org/p/el-kula) – [Aculturación](https://ikusmira.org/p/aculturacion) – [Sincretismo](https://ikusmira.org/p/sincretismo) – [Resistencia cultural](https://ikusmira.org/p/resistencia-cultural) – [Los zoos humanos](https://ikusmira.org/p/los-zoos-humanos)

## Fuentes

- Francis Edgar Williams — *The Vailala Madness and the Destruction of Native Ceremonies in the Gulf Division*, Territory of Papua, Anthropology Report nº 4 (1923)
- Peter Worsley — *The Trumpet Shall Sound: A Study of 'Cargo' Cults in Melanesia*, MacGibbon & Kee (1957)
- Peter Lawrence — *Road Belong Cargo: A Study of the Cargo Movement in the Southern Madang District*, Manchester University Press (1964)
- Lamont Lindstrom — *Cargo Cult: Strange Stories of Desire from Melanesia and Beyond*, University of Hawai'i Press (1993)
- Martha Kaplan — *Neither Cargo Nor Cult: Ritual Politics and the Colonial Imagination in Fiji*, Duke University Press (1995)
- Holger Jebens (ed.) — *Cargo, Cult, and Culture Critique*, University of Hawai'i Press (2004)
- Richard P. Feynman — *Cargo Cult Science*, discurso de graduación en Caltech, publicado en Engineering and Science (1974)

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Cómo citar: Sarasola, Josemari (2026). «Los cultos cargo». Ikusmira. https://ikusmira.org/p/los-cultos-cargo/
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