# Los arabismos del español

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- Categoría: Lingüística
- Publicado: 2025-04-05
- Autoría: Josemari Sarasola Ledesma — Editor coordinador; Profesor titular de escuela universitaria, Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea
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Los **arabismos** del español son las palabras que el castellano tomó del árabe, casi todas durante los ocho siglos de presencia musulmana en la península ibérica, entre 711 y 1492. Son, después del latín, la fuente más importante del vocabulario español, por delante del griego, del germánico y de las lenguas de América. Rafael Lapesa calculó que, contando derivados, rondan las cuatro mil palabras, aunque muchas han caído en desuso y las que siguen vivas en el habla corriente son bastantes menos. Entre estas están *aceite*, *azúcar*, *almohada*, *alcalde*, *aldea*, *barrio*, *tarea*, *hasta* y *ojalá*, que el hablante usa a diario sin sospechar su origen.

El árabe del que proceden no era el clásico de los textos religiosos y literarios, sino el andalusí, la variedad que se hablaba en al-Ándalus, con una pronunciación y un vocabulario propios. Los arabismos llegaron al castellano sobre todo a través de los mozárabes, cristianos que vivían en territorio musulmán y hablaban un romance lleno de préstamos árabes, y de los mudéjares, musulmanes que quedaron bajo dominio cristiano a medida que avanzaba la conquista. En los siglos XII y XIII el castellano absorbió muchos términos de las ciudades que se iban incorporando, como Toledo en 1085 o Sevilla en 1248, cuyos oficios, mercados y técnicas estaban organizados según el modelo andalusí. El caudal empezó a secarse cuando la lengua árabe perdió prestigio, y a partir del siglo XVI muchos arabismos fueron sustituidos por palabras de origen latino.



El rasgo más visible de muchos arabismos es la sílaba inicial *a-* o *al-*, que es el artículo árabe *al-* soldado al nombre. Los hablantes de romance no lo percibían como un artículo y lo tomaron como parte de la palabra: *al-qāḍī*, el juez, dio *alcalde*; *al-mujádda*, la almohada; *az-zayt*, con el artículo asimilado a la consonante siguiente, *aceite*; *ar-ruzz*, *arroz*. Por eso el español dice *el alcalde*, con dos artículos, uno romance y otro árabe fundido. El portugués conserva el mismo rasgo, mientras que el catalán y el francés, que recibieron muchos arabismos por otras vías, suelen tomar la palabra sin artículo: el español *algodón* frente al francés *coton*, o *azúcar* frente a *sucre*.

Los arabismos se concentran en ciertos campos, y esa distribución es un retrato de lo que la civilización andalusí aportó a los reinos cristianos. Hay muchos en la agricultura y el regadío, como *acequia*, *noria*, *aljibe*, *alberca*, *algarroba*, *alcachofa*, *berenjena*, *zanahoria* o *naranja*. En la construcción y la vivienda, *albañil*, *azotea*, *alcoba*, *tabique*, *azulejo* o *alféizar*. En el comercio, *almacén*, *aduana*, *tarifa*, *arancel* o *maravedí*. En la administración y la guerra, *alcalde*, *alguacil*, *alcaide*, *almirante*, *alférez* o *atalaya*. Y en la ciencia, sobre todo en las matemáticas y la astronomía, *álgebra*, *algoritmo*, *cifra*, *cero*, *cénit* o *nadir*, palabras que el árabe a menudo había transmitido desde el griego o el sánscrito y que luego pasaron a las demás lenguas europeas. *Ajedrez*, *laúd*, *alfombra*, *jarabe* y *alcohol* completan una lista que dibuja una vida urbana refinada.

Algunos arabismos permiten ver a dos lenguas en competencia. El castellano tiene *aceite* y *aceituna*, del árabe, al lado de *óleo* y *olivo*, del latín, y cada serie ocupa hoy un hueco distinto: la primera nombra el producto de consumo, la segunda se reserva para usos técnicos, religiosos o artísticos. Lo mismo ocurre con *alacrán* y *escorpión*, o con *alcoba* y *dormitorio*. En muchos casos el arabismo acabó cediendo ante la palabra latina, como *alfayate*, sastre, o *albéitar*, veterinario, que hoy solo se leen en textos antiguos.

La influencia del árabe no se queda en el [léxico](https://ikusmira.org/p/lexico/). Le debe el español el sufijo *-í* de *marroquí*, *andalusí* o *ceutí*, y probablemente el uso de *hasta*, del árabe *ḥattà*. *Ojalá* viene de *law šā' Allāh*, si Dios quiere, y *fulano*, de *fulān*, uno cualquiera. La toponimia está llena de nombres árabes: *Guadalquivir*, el río grande; *Alcalá*, el castillo; *Medina*, la ciudad; *Albacete*, la llanura. Hay además una huella más discreta, que interesa a los historiadores de la lengua: el castellano medieval transcribía la *s* árabe con *ç* o *z*, como en *azúcar*, de *as-sukkar*, o *zoco*, de *sūq*, y esa elección es una de las pruebas de que su propia *s* sonaba distinta, más cerca de la que hoy se oye en Castilla que de la andaluza, un dato clave para reconstruir el antiguo sistema de [sibilantes](https://ikusmira.org/p/seseo-y-ceceo/). El conjunto es un buen ejemplo de [transculturación lingüística](https://ikusmira.org/p/transculturacion-linguistica/): no el resultado de una conquista, sino el de siglos de convivencia, comercio y traducción.

[Léxico](https://ikusmira.org/p/lexico/) – [Transculturación lingüística](https://ikusmira.org/p/transculturacion-linguistica/) – [Familia léxica](https://ikusmira.org/p/familia-lexica/) – [Vocablo](https://ikusmira.org/p/vocablo/) – [Seseo y ceceo](https://ikusmira.org/p/seseo-y-ceceo/)

## Fuentes

- Pedro de Alcalá — *Vocabulista arávigo en letra castellana*, Juan Varela de Salamanca, Granada (1505)
- Rafael Lapesa — *Historia de la lengua española, 9.ª ed.*, Gredos, Madrid (1981)
- Joan Corominas y José A. Pascual — *Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico*, Gredos, Madrid, 6 vols. (1980)
- Federico Corriente — *Diccionario de arabismos y voces afines en iberorromance*, Gredos, Madrid (1999)

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Cómo citar: Sarasola, Josemari (2025). «Los arabismos del español». Ikusmira. https://ikusmira.org/p/los-arabismos-del-espanol/
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