# Las balas de cañón de Roger Fenton

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- Categoría: Fotografía
- Publicado: 2026-07-28
- Autoría: Josemari Sarasola Ledesma — Editor coordinador; Profesor titular de escuela universitaria, Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea
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Hay una fotografía de 1855 que casi todo el mundo ha visto alguna vez en un libro de historia: un camino de tierra que baja por una hondonada pelada, sin un árbol, sembrado de balas de cañón. La hizo **Roger Fenton** en la guerra de Crimea y se titula *El valle de la sombra de la muerte*. Lo que no todo el mundo sabe es que Fenton, ese mismo día y desde el mismo sitio, hizo otra: el mismo camino, las mismas lomas, pero con las balas amontonadas en la cuneta y la calzada casi limpia. Una de las dos está preparada. La pregunta de cuál, que parece de detalle, obsesionó durante años a un cineasta y acabó siendo una lección magnífica sobre cómo se interroga una imagen.

Fenton era un abogado londinense con talento para la fotografía y buenos contactos. Llegó a Crimea en la primavera de 1855 con un carromato convertido en laboratorio, porque el [colodión húmedo](https://ikusmira.org/p/el-colodion-humedo) obligaba a preparar, exponer y revelar cada placa en pocos minutos. Viajaba con el respaldo de la casa editorial de Thomas Agnew y con la bendición de la corte, y el encargo tenía algo de propaganda: la prensa británica llevaba meses contando el desastre sanitario y logístico del ejército, y hacían falta imágenes más tranquilizadoras. Fenton trajo unas 360 placas de oficiales, campamentos y paisajes. No hay en ellas cadáveres ni heridos.

![Fotografía de 1855 de un camino de tierra que atraviesa una hondonada árida entre dos lomas, con decenas de balas de cañón esféricas esparcidas por la calzada](https://ikusmira.org/images/ilustraciones/fotografia/hf-fenton-d.jpg)

**El valle de la sombra de la muerte*, Roger Fenton, 23 de abril de 1855: la versión con balas en el camino, la que se expuso y se vendió. Existe una segunda toma casi idéntica, con la calzada despejada y las balas en la cuneta. Copia a la albúmina del Museo J. Paul Getty.*

La hondonada existía y tenía mala fama. Los soldados británicos la llamaban «el valle de la muerte» porque la artillería rusa la batía con frecuencia, y cuando Agnew expuso la foto en Londres en septiembre de 1855 le alargó el nombre con el eco del salmo 23. Mucha gente la asoció además con la carga de la Brigada Ligera y el poema de Tennyson, aunque aquella carga fue en otro valle, a varios kilómetros. Fenton la describió en sus cartas a casa: contó a su mujer que las balas y los obuses se acumulaban en el fondo de la hondonada como si fueran un arroyo, y que no se podía dar un paso sin pisarlos. No dijo nada de haberlos movido.

Durante más de un siglo nadie se preocupó por la segunda toma, que dormía en los archivos. Cuando empezó a circular, la interpretación más extendida fue la obvia: Fenton llegó, vio el camino limpio, hizo una foto sosa, mandó colocar balas en la calzada para dar dramatismo e hizo la buena. Susan Sontag lo dio por hecho en *Ante el dolor de los demás* (2003), y el historiador Ulrich Keller escribió que las balas estaban repartidas por la calzada de forma demostrativa, para crear una sensación de peligro que la escena original no tenía. Es una explicación tentadora porque confirma algo que todos sospechamos de la fotografía de guerra. Pero nadie la había comprobado.

Ahí entra Errol Morris, el documentalista estadounidense de *The Thin Blue Line*, alguien con una relación casi enfermiza con la pregunta de qué pasó de verdad. En 2007 dedicó a las dos fotos una serie de tres largos artículos en el *New York Times* y en 2011 un capítulo de su libro *Believing Is Seeing*. Lo primero que hizo fue lo que hacemos casi todos: mirar. Y no sacó nada en limpio. Probó con las sombras, suponiendo que su dirección revelaría la hora de cada toma, y consultó a varios especialistas. Las sombras de unas balas en un camino, con el sol casi cenital, no dan para tanto. Llegó a viajar a Crimea para ver el valle con sus propios ojos.

La respuesta la encontró alguien que no era historiador. Dennis Purcell, un experto en óptica con quien Morris contactó, dejó de mirar las balas y se fijó en las piedras pequeñas de la ladera. Comparando las dos placas a mucha resolución localizó unas cuantas que habían cambiado de sitio de una toma a otra, y se dio cuenta de que siempre se habían movido en la misma dirección: cuesta abajo. Las piedras no suben solas. Si en la versión con balas en el camino están más abajo que en la otra, esa versión tiene que ser posterior: alguien pasó por la ladera entre una foto y otra y, al pisar, las hizo rodar.

Es un argumento precioso por lo sencillo. No depende de lo que quisiera Fenton ni de lo que diga la teoría sobre la fotografía de guerra: depende de la gravedad. Morris lo repasó con más gente y la conclusión se sostuvo. La foto del camino despejado se hizo primero; la de las balas esparcidas, después. Alguien, Fenton o su ayudante, bajó a la hondonada entre las dos exposiciones y movió balas de la cuneta a la calzada. La sospecha de Sontag era correcta, aunque ella no la hubiera demostrado.

¿Significa eso que la foto es un fraude? Aquí la historia se vuelve más interesante que un simple sí. Las balas eran de verdad, el valle era de verdad y el bombardeo también. Lo que Fenton hizo fue arreglar la escena, como hacía cualquier pintor de batallas y como hacían casi todos los fotógrafos de la década de 1850, que no podían captar nada en movimiento y trabajaban con exposiciones de varios segundos. Hay incluso una explicación alternativa que el museo de Orsay ha recogido: que los soldados recogieran las balas para reutilizarlas y las fueran echando al camino. Sería raro que eso pasara justo en los minutos entre las dos tomas, pero muestra lo que cuesta pasar de «esto se movió» a «esto se falsificó».

Lo que Morris dejó claro es otra cosa. Mirar una fotografía no basta para saber cómo se hizo, y nuestras intuiciones sobre ella suelen decir más de nosotros que de la imagen. Sontag tenía razón por un motivo equivocado: acertó porque desconfiaba, no porque tuviera pruebas. Y la prueba, cuando llegó, no salió de la estética, ni del contexto político, ni de las cartas de Fenton, sino de cinco piedrecitas en una ladera que nadie había mirado en ciento cincuenta años. Es el mismo tipo de razonamiento que usa un [perito](https://ikusmira.org/p/prueba-pericial-informe-pericial-peritaje): buscar en la imagen el detalle que nadie tenía interés en manipular.

[El colodión húmedo](https://ikusmira.org/p/el-colodion-humedo) – [El francotirador de Devil's Den](https://ikusmira.org/p/el-francotirador-de-devils-den) – [Muerte de un miliciano: dónde se hizo la foto de Capa](https://ikusmira.org/p/muerte-de-un-miliciano-donde-se-hizo-la-foto-de-capa) – [La fotografía de exploración](https://ikusmira.org/p/la-fotografia-de-exploracion) – [Objetividad](https://ikusmira.org/p/objetividad)

## Fuentes

- Errol Morris — *Believing Is Seeing: Observations on the Mysteries of Photography*, Penguin Press, Nueva York (2011)
- Errol Morris — *Which Came First, the Chicken or the Egg?*, The New York Times, blog Zoom (tres entregas, septiembre-octubre) (2007) — https://archive.nytimes.com/opinionator.blogs.nytimes.com/2007/09/25/which-came-first-the-chicken-or-the-egg-part-one/
- Susan Sontag — *Regarding the Pain of Others*, Farrar, Straus and Giroux, Nueva York (2003)
- Ulrich Keller — *The Ultimate Spectacle: A Visual History of the Crimean War*, Gordon and Breach, Ámsterdam (2001)
- Helmut Gernsheim y Alison Gernsheim — *Roger Fenton, Photographer of the Crimean War: His Photographs and His Letters from the Crimea*, Secker & Warburg, Londres (1954)

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Cómo citar: Sarasola, Josemari (2026). «Las balas de cañón de Roger Fenton». Ikusmira. https://ikusmira.org/p/las-balas-de-canon-de-roger-fenton/
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