# La muerte de las lenguas

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- Categoría: Lingüística
- Publicado: 2025-03-28
- Autoría: Josemari Sarasola Ledesma — Editor coordinador; Profesor titular de escuela universitaria, Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea
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La **muerte de una lengua** es el momento en que deja de haber personas que la hablen como lengua propia. A veces se puede poner fecha: la del día en que murió su último hablante. Así ocurrió con el ubijé, una lengua del Cáucaso con ochenta consonantes, cuando murió Tevfik Esenç en Turquía en 1992, o con el eyak de Alaska, cuando murió Marie Smith Jones en 2008. Más a menudo el final es gradual y nadie lo registra. De las cerca de siete mil lenguas que se hablan hoy, la mitad tiene menos de diez mil hablantes, y los especialistas calculan que entre un tercio y la mitad podría dejar de transmitirse antes de que termine el siglo. Es un ritmo de pérdida sin precedente conocido.

La alarma la dio en 1992 el lingüista Michael Krauss, especialista en las lenguas de Alaska, en un artículo que se convirtió en manifiesto. Krauss distinguía entre lenguas seguras, amenazadas y moribundas, y definía estas últimas de una manera que se ha vuelto clásica: una lengua que los niños ya no aprenden está condenada, aunque la hablen todavía miles de adultos, porque su final llegará con la muerte de la última generación que la aprendió. Con ese criterio estimó que solo en Norteamérica el 80 % de las lenguas indígenas ya era moribunda. La transmisión a los niños es, por eso, el indicador que usan todas las escalas de vitalidad, desde la que propuso Joshua Fishman en 1991 hasta la del *Atlas de las lenguas del mundo en peligro* de la UNESCO.



Las lenguas mueren casi siempre de la misma manera: sus hablantes dejan de usarlas y adoptan otra. Rara vez desaparecen porque desaparezca el pueblo que las hablaba, aunque también ha ocurrido, por guerras, epidemias y exterminios, como en la conquista de América o de Tasmania. Lo habitual es un cambio de lengua a lo largo de tres generaciones. Los abuelos son monolingües en la lengua del grupo; los padres son bilingües y deciden hablar a sus hijos en la lengua que da acceso a la escuela, al trabajo y a la ciudad; los hijos entienden la lengua de los abuelos pero ya no la hablan, y sus propios hijos ya no la oyen. La decisión suele tomarse con buenas intenciones y bajo una presión que pocas veces es neutral. Muchos Estados castigaron el uso de las lenguas minoritarias en la escuela durante el siglo XIX y buena parte del XX, y el prestigio de una lengua dominante hace el resto. Es un proceso de [bilingüismo sustractivo](https://ikusmira.org/p/bilinguismo-aditivo-y-bilinguismo-sustractivo/) a escala de comunidad.

Lo que se pierde con cada lengua se ha descrito de tres maneras. Se pierde, primero, un dato científico: cada lengua es una solución distinta al problema de comunicar, y muchas propiedades de la gramática humana solo se conocen porque alguien documentó una lengua con pocos hablantes antes de que desapareciera. Se pierde también un conocimiento acumulado, sobre plantas, animales, técnicas y lugares, que suele estar codificado en el léxico y que no siempre sobrevive a la traducción; es el argumento de la [ecolingüística](https://ikusmira.org/p/ecolinguistica-ecologia-linguistica-ecologia-del-lenguaje/), que ha subrayado que las zonas de mayor diversidad lingüística coinciden con las de mayor diversidad biológica. Y se pierde, para sus hablantes, una parte de la identidad, con su literatura oral, sus canciones y sus formas de cortesía. La pérdida no es solo simbólica: los estudios con comunidades indígenas de Canadá y Australia han asociado el mantenimiento de la lengua con mejores indicadores de salud y menos suicidios juveniles.



La muerte de una lengua no es siempre irreversible. El caso más famoso es el hebreo, que durante casi dos mil años se usó en la liturgia y en la escritura pero no como lengua materna, y que a finales del siglo XIX Eliezer Ben Yehuda y otros se propusieron volver a hablar en casa; hoy lo hablan millones de personas. El maorí de Nueva Zelanda, en claro retroceso a mediados del siglo XX, se recuperó en parte gracias a las *kōhanga reo*, guarderías en maorí abiertas desde 1982, en las que los abuelos transmitían la lengua a los niños que sus hijos ya no hablaban. El galés, el euskera, con su proceso de [euskaldunización](https://ikusmira.org/p/euskaldunizacion/), y el propio córnico, revivido a partir de textos y hoy con unos cientos de hablantes con buen dominio, muestran que el apoyo institucional, la escuela y los medios pueden invertir la tendencia cuando se unen a la voluntad de la comunidad.

Ninguno de esos casos es fácil de repetir, y todos comparten un requisito: que haya adultos dispuestos a hablar la lengua con los niños, a menudo después de aprenderla ellos mismos. Por eso la tarea más urgente de muchos lingüistas no es teórica sino documental: grabar, transcribir y archivar lenguas mientras quedan hablantes, y hacerlo con la comunidad y para ella. Los diccionarios, gramáticas y grabaciones que resultan no sustituyen a una lengua viva, pero son lo que ha permitido, en casos como el del córnico o el del wampanoag de Massachusetts, que una lengua sin hablantes volviera a tenerlos.

[Lengua nativa, lengua propia, lengua vernácula](https://ikusmira.org/p/lengua-nativa-lengua-propia-lengua-vernacula/) – [Euskaldunización](https://ikusmira.org/p/euskaldunizacion/) – [Diglosia](https://ikusmira.org/p/diglosia/) – [Ecolingüística](https://ikusmira.org/p/ecolinguistica-ecologia-linguistica-ecologia-del-lenguaje/) – [Bilingüismo de mantenimiento](https://ikusmira.org/p/bilinguismo-de-mantenimiento/)

## Fuentes

- Michael Krauss — *The world's languages in crisis*, Language 68 (1) (1992) — https://doi.org/10.1353/lan.1992.0075
- Joshua A. Fishman — *Reversing Language Shift: Theoretical and Empirical Foundations of Assistance to Threatened Languages*, Multilingual Matters, Clevedon (1991)
- Daniel Nettle y Suzanne Romaine — *Vanishing Voices: The Extinction of the World's Languages*, Oxford University Press (2000)
- David Crystal — *Language Death*, Cambridge University Press (2000)
- Christopher Moseley (ed.) — *Atlas of the World's Languages in Danger, 3.ª ed.*, UNESCO, París (2010)

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Cómo citar: Sarasola, Josemari (2025). «La muerte de las lenguas». Ikusmira. https://ikusmira.org/p/la-muerte-de-las-lenguas/
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