# La Mignonette y el estado de necesidad

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- Categoría: Derecho
- Publicado: 2024-12-06
- Autoría: Josemari Sarasola Ledesma — Editor coordinador; Profesor titular de escuela universitaria, Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea
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El caso de la **Mignonette** es la sentencia que cualquier estudiante de derecho penal anglosajón lee en su primer año, y la razón no es el morbo, aunque lo tiene. Es que plantea la pregunta más difícil del derecho penal en su forma más pura: si una persona puede matar a otra inocente para salvar su propia vida cuando no hay otra salida. En 1884 un tribunal inglés contestó que no. Ciento cuarenta años después la respuesta sigue discutiéndose, y los códigos penales de Europa continental, incluido el español, han llegado a una solución distinta que conviene entender.

La Mignonette era un yate de unos dieciséis metros que un abogado australiano, John Henry Want, había comprado en Inglaterra y quería llevar a Sídney. Nadie en su sano juicio cruzaba medio mundo en un barco así, y costó encontrar tripulación. La formaron cuatro hombres: el capitán Tom Dudley, el piloto Edwin Stephens, el marinero Edmund Brooks y un grumete de diecisiete años, Richard Parker, huérfano y sin experiencia en el mar, que se embarcó porque quería ser marino. Zarparon de Southampton el 19 de mayo de 1884. El 5 de julio, en el Atlántico Sur, a unas mil seiscientas millas del cabo de Buena Esperanza, una ola destrozó el costado del yate, que se hundió en cinco minutos.

![Dibujo a tinta de un velero de dos palos navegando, con una anotación manuscrita en diagonal](https://ikusmira.org/images/ilustraciones/derecho/mignonette-dibujo-dudley.jpg)

*La Mignonette dibujada por su capitán, Tom Dudley. Era un yate de recreo pensado para navegar cerca de la costa, no para una travesía oceánica de veinticinco mil kilómetros con cuatro tripulantes.*

Los cuatro llegaron a un bote de algo más de cuatro metros con dos latas de nabos y ninguna agua. Al cuarto día capturaron una tortuga, que les duró una semana. Después solo tuvieron el agua de lluvia que recogían en sus impermeables, y a veces ni eso. Parker, contra el consejo de los otros, bebió agua de mar y se puso enfermo; hacia el día diecinueve estaba inconsciente. Dudley propuso echar a suertes quién moriría para alimentar a los demás, como mandaba lo que los marinos llamaban la costumbre del mar. Brooks se negó. El 25 de julio, sin sorteo, Dudley rezó una oración, clavó una navaja en el cuello de Parker con la ayuda de Stephens, y los tres bebieron su sangre y comieron su carne durante cuatro días. El 29 de julio los recogió la barca alemana Moctezuma, que iba hacia Hamburgo.

![Fotografía antigua y oscura de un pequeño bote de madera sin remos, visto de costado](https://ikusmira.org/images/ilustraciones/derecho/mignonette-bote.jpg)

*El bote de la Mignonette, exhibido en Falmouth en 1884. En él pasaron veinticuatro días cuatro hombres y sobrevivieron tres. La gente pagaba por verlo.*

Lo sorprendente es lo que pasó al llegar a Falmouth el 6 de septiembre. Los tres supervivientes contaron todo a los funcionarios de aduanas con total naturalidad, en la declaración que la ley exigía tras un naufragio. Dudley pidió que le devolvieran la navaja como recuerdo. Ninguno de ellos creía haber cometido un delito: en su mundo, lo que habían hecho era terrible pero conocido y aceptado, y se hablaba de ello en los puertos como de una desgracia del oficio. El ministerio del Interior decidió lo contrario precisamente por eso. Quería un proceso que dejara establecido de una vez que la costumbre del mar no era ley. Brooks, que no había participado en la muerte, fue liberado para declarar como testigo. La opinión pública estaba con los acusados, y el hermano mayor de Parker, marino también, le estrechó la mano a Dudley en el juzgado.

El juicio se celebró en noviembre en Exeter ante el barón Huddleston, que sabía que un jurado de Cornualles y Devon absolvería. Para evitarlo recurrió a un procedimiento raro: pidió al jurado un veredicto especial, que se limitara a declarar probados los hechos y dejara la calificación jurídica a los jueces. El veredicto decía que los hombres habrían muerto probablemente de no alimentarse de Parker, que el muchacho habría muerto probablemente antes que ellos, y que no había probabilidad razonable de salvación de otro modo. El caso pasó a un tribunal de cinco jueces de la Queen's Bench Division, presidido por el juez principal de Inglaterra, lord Coleridge, que dictó sentencia el 9 de diciembre de 1884.

La sentencia de Coleridge es breve y todavía se cita casi entera. Rechaza que la necesidad pueda justificar matar a un inocente y ofrece tres razones que siguen siendo el núcleo del debate. La primera es que el deber de conservar la propia vida no es absoluto, y que a veces el deber más alto es sacrificarla, como hace el soldado o el capitán que se hunde con su barco. La segunda es la pregunta de quién decide: «¿Quién ha de juzgar esta clase de necesidad? ¿Con qué medida se mide el valor comparado de las vidas?». En este caso, observa, el elegido fue el más débil, el más joven, el que menos podía resistirse. La tercera es el miedo a la pendiente: si se admite la excepción, se convierte en «el manto legal de la pasión desatada y el crimen atroz». Dudley y Stephens fueron condenados a muerte. La pena, como todos esperaban, se conmutó a seis meses de prisión.

El derecho anglosajón mantiene hoy esa doctrina: la necesidad no es defensa frente a una acusación de asesinato. En los Estados Unidos había un precedente más matizado, el caso Holmes de 1842, en que un marinero que arrojó a pasajeros de un bote sobrecargado fue condenado solo por homicidio, y el juez dijo que habría sido distinto si se hubiera echado a suertes. El derecho continental tomó otro camino, y la diferencia es sutil. El Código Penal español, en el artículo 20.5.º, exime de responsabilidad a quien, para evitar un mal propio o ajeno, lesiona un bien jurídico, siempre que el mal causado no sea mayor que el que se trata de evitar, que no haya provocado la situación intencionadamente y que no tenga, por su oficio o cargo, obligación de sacrificarse. Una vida frente a otra es un mal igual, no mayor. Buena parte de la doctrina española, siguiendo a la alemana, distingue aquí entre justificar y disculpar: matar a Parker no sería un acto conforme a derecho, pero su autor podría no ser culpable, porque al derecho no le es exigible que alguien se deje morir de hambre.

La pregunta de Coleridge sobre quién decide el valor de las vidas volvió con fuerza en 2006, cuando el Tribunal Constitucional alemán anuló una ley que permitía derribar un avión secuestrado para impedir un atentado como los del 11 de septiembre. El tribunal razonó que el Estado no puede tratar a los pasajeros inocentes como meros medios para salvar a otros, aunque estén condenados a morir de todos modos. Es casi el mismo argumento que se usó contra Dudley. El filósofo del derecho Lon Fuller construyó en 1949 un caso imaginario inspirado en la Mignonette, el de los exploradores de la caverna, con cinco votos judiciales distintos, y ha servido desde entonces para enseñar que cada teoría del derecho da una respuesta diferente al mismo hecho.

A Richard Parker lo recuerda una lápida en el cementerio de la iglesia de Peartree, en Southampton, que lleva una cita de Job: «Aunque él me mate, en él confiaré». Hay una coincidencia que ha alimentado muchas historias: en la novela de Edgar Allan Poe *Arthur Gordon Pym*, de 1838, cuatro náufragos echan a suertes a quién se comen, y la víctima se llama Richard Parker. Yann Martel puso ese mismo nombre al tigre de *La vida de Pi*. El caso real no necesita la coincidencia para ser inquietante. Basta con el veredicto del jurado, que da por probado que sin aquella muerte probablemente habrían muerto los cuatro, y con la respuesta de un tribunal que aun así dijo que no.

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## Fuentes

- High Court of Justice, Queen's Bench Division — *R v Dudley and Stephens (1884) 14 QBD 273*, Law Reports, Queen's Bench Division, vol. 14 (1884)
- A. W. Brian Simpson — *Cannibalism and the Common Law: The Story of the Tragic Last Voyage of the Mignonette and the Strange Legal Proceedings to Which It Gave Rise*, University of Chicago Press, Chicago (1984)
- Circuit Court, Eastern District of Pennsylvania — *United States v. Holmes, 26 F. Cas. 360 (C.C.E.D. Pa. 1842)*, Federal Cases, vol. 26 (1842)
- Edgar Allan Poe — *The Narrative of Arthur Gordon Pym of Nantucket*, Harper & Brothers, Nueva York (1838)
- Lon L. Fuller — *The Case of the Speluncean Explorers*, Harvard Law Review, 62(4), 616-645 (1949) — https://doi.org/10.2307/1336025
- James Fitzjames Stephen — *A Digest of the Criminal Law (Crimes and Punishments)*, Macmillan, Londres (3.ª ed.) (1883)
- Glanville Williams — *Textbook of Criminal Law*, Stevens & Sons, Londres (2.ª ed.) (1983)
- Bundesverfassungsgericht — *Sentencia de 15 de febrero de 2006, 1 BvR 357/05 (Luftsicherheitsgesetz)*, BVerfGE 115, 118 (2006)
- Código Penal español — *Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, artículo 20.5.º*, Boletín Oficial del Estado, 24 de noviembre de 1995 (1995) — https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-1995-25444
- Santiago Mir Puig — *Derecho penal. Parte general*, Reppertor, Barcelona (10.ª ed.) (2016)
- Neil Hanson — *The Custom of the Sea*, Doubleday, Londres (1999)

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Cómo citar: Sarasola, Josemari (2024). «La Mignonette y el estado de necesidad». Ikusmira. https://ikusmira.org/p/la-mignonette-y-el-estado-de-necesidad/
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