# La ley de Gresham

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- Categoría: Economía
- Publicado: 2024-12-16
- Autoría: Josemari Sarasola Ledesma — Editor coordinador; Profesor titular de escuela universitaria, Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea
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La **ley de Gresham** sostiene que, cuando circulan a la vez dos monedas con el mismo valor legal pero distinto valor real, la moneda mala expulsa a la buena. Si una moneda de plata pura y otra con la mitad de plata sirven por ley para pagar la misma deuda, nadie en su sano juicio entrega la pura. La gasta la mala, que es la que pasa de mano en mano, y la buena se guarda en casa, se funde para vender el metal o se lleva al extranjero, donde se aprecia por lo que pesa. Al cabo de un tiempo en el mercado solo queda la moneda peor.

La observación es mucho más antigua que el hombre que le da nombre. En *Las ranas*, estrenada en Atenas en el 405 antes de Cristo, Aristófanes pone en boca del coro una queja política: la ciudad trata a sus mejores ciudadanos como a sus viejas monedas de plata, las más hermosas y mejor acuñadas de Grecia, que nadie usa, mientras corren de mano en mano las de bronce recién acuñadas y de mala calidad. Hacia 1360 el filósofo y clérigo **Nicolás Oresme** escribió en su tratado sobre la moneda que el príncipe que la envilece acaba viendo cómo el buen metal sale de su reino, y en 1526 **Nicolás Copérnico**, el mismo del sistema heliocéntrico, describió el mecanismo en un memorial sobre la acuñación preparado para las tierras prusianas de Polonia, donde la regla aún lleva a veces su nombre.



**Thomas Gresham** fue un mercader de Londres que hizo de agente financiero de la Corona en Amberes, donde negociaba los préstamos de los Tudor con los banqueros flamencos, y que fundó la Royal Exchange, la primera bolsa de Londres. Conocía bien el problema. Entre 1544 y 1551 **Enrique VIII** y después su hijo Eduardo VI rebajaron la ley de la moneda de plata desde los 925 milésimos de la plata esterlina hasta apenas una cuarta parte, para financiar guerras sin subir impuestos. Las monedas nuevas eran tan pobres que el cobre asomaba por el relieve del retrato real con el roce, y el pueblo llamó a Enrique «nariz de cobre». En 1558, al subir al trono Isabel I, Gresham le dirigió una carta en la que atribuía la salida del oro fino del reino al envilecimiento de la moneda, y la reina emprendió poco después la refundición que devolvió a la plata su ley antigua. Casi tres siglos más tarde, en 1858, el economista escocés **Henry Dunning Macleod** atribuyó el principio a Gresham, convencido de que había sido el primero en formularlo, y le dio su nombre. Fue un error histórico, pero el nombre se quedó.



La historia monetaria ofrece ejemplos abundantes. Estados Unidos adoptó en 1792 un sistema bimetálico con una relación legal de quince onzas de plata por una de oro, pero en Europa el mercado pagaba algo más por el oro, así que las monedas de oro estadounidenses se exportaban o se fundían y apenas circulaban. En 1834 el Congreso cambió la relación a dieciséis por uno y el problema se invirtió: el oro volvió y las monedas de plata empezaron a desaparecer. El caso más reciente es el de 1965, cuando la Casa de la Moneda dejó de usar plata en las monedas de diez y veinticinco centavos. En pocos años las monedas antiguas, que valían más por su metal que por su cifra, se esfumaron de los bolsillos y acabaron en cajones y fundiciones.

Los economistas han precisado después cuándo se cumple la ley, que solo tiene sentido si una norma obliga a aceptar ambas monedas al mismo valor. En 1986 **Arthur Rolnick** y **Warren Weber** reunieron casos en que la moneda buena no desapareció, sino que siguió circulando con un premio sobre la mala, y concluyeron que sin un tipo de cambio fijado y obligatorio la gente simplemente pone precio a cada moneda según lo que vale. **George Selgin** respondió en 1996 que eso no anula la ley, sino que delimita su campo: la moneda mala expulsa a la buena cuando las leyes de curso legal impiden que se cobre la diferencia. Cuando no lo impiden puede ocurrir lo contrario, y es lo que se ve en las [hiperinflaciones](https://ikusmira.org/p/la-hiperinflacion-alemana-de-1923/): en cuanto la gente puede elegir, abandona la moneda que se desploma y se refugia en una divisa estable.

La regla ha salido de la numismática para describir cualquier situación en que algo peor desplaza a algo mejor porque el sistema los trata como equivalentes. Se habla de ley de Gresham cuando las noticias falsas, más baratas de producir, ganan terreno a las verificadas, o cuando un mercado en el que el comprador no distingue la calidad acaba lleno de productos malos. La lección de fondo es la de Oresme y la de Gresham: cuando una norma iguala por decreto lo que no es igual, la gente no obedece a la norma sino a la diferencia.

[Dinero mercancía](https://ikusmira.org/p/dinero-mercancia/) – [Dinero fiduciario](https://ikusmira.org/p/dinero-fiduciario/) – [La revolución de los precios](https://ikusmira.org/p/la-revolucion-de-los-precios/) – [La hiperinflación alemana de 1923](https://ikusmira.org/p/la-hiperinflacion-alemana-de-1923/) – [Ley de Goodhart](https://ikusmira.org/p/ley-de-goodhart/)

## Fuentes

- Frank Whitson Fetter — *Some Neglected Aspects of Gresham's Law*, The Quarterly Journal of Economics 46 (3), 480-495 (1932) — https://doi.org/10.2307/1883395
- Arthur J. Rolnick y Warren E. Weber — *Gresham's Law or Gresham's Fallacy?*, Journal of Political Economy 94 (1), 185-199 (1986) — https://doi.org/10.1086/261368
- George Selgin — *Salvaging Gresham's Law: The Good, the Bad, and the Illegal*, Journal of Money, Credit and Banking 28 (4) (1996) — https://doi.org/10.2307/2078075

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Cómo citar: Sarasola, Josemari (2024). «La ley de Gresham». Ikusmira. https://ikusmira.org/p/la-ley-de-gresham/
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