# El telégrafo de Morse

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- Categoría: Ciencia y tecnología
- Publicado: 2025-05-14
- Autoría: Josemari Sarasola Ledesma — Editor coordinador; Profesor titular de escuela universitaria, Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea
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Hasta mediados del siglo XIX ninguna noticia viajaba más deprisa que lo que la llevaba: un jinete, un barco, una paloma, o las torres de señales ópticas que Francia había tendido desde 1794 y que no funcionaban de noche ni con niebla. El **telégrafo eléctrico** rompió esa condición que había regido toda la historia humana, y lo hizo en una sola década: en 1844 había una línea de 60 kilómetros entre Washington y Baltimore; en 1866, un cable bajo el Atlántico.

Samuel Morse era pintor, y bastante bueno: retratista de encargo, profesor de arte en Nueva York, fundador de la National Academy of Design. La idea le llegó en 1832, a bordo del paquebote Sully, volviendo de Europa, en una conversación de sobremesa sobre el electroimán. Si la corriente podía hacerse llegar por un hilo a cualquier distancia, pensó, también podía hacer una marca en un papel a cualquier distancia. Lo que distingue a Morse de otros a los que se les ocurrió lo mismo (Cooke y Wheatstone en Inglaterra tenían su propio telégrafo de agujas funcionando en 1837) no fue la física, que apenas entendía, sino tres decisiones de diseño y una obstinación de doce años.



La primera decisión fue usar un único circuito. El telégrafo inglés necesitaba cinco hilos para mover agujas que apuntaban a letras en un tablero; el de Morse usaba uno, que se abría y cerraba con una llave, y un electroimán en el otro extremo que atraía una palanca con un punzón sobre una tira de papel en movimiento. La segunda fue el código: en lugar de transmitir letras, transmitir pulsos cortos y largos, puntos y rayas, y hacer que las letras más frecuentes fueran las más cortas. Esta parte, y buena parte de la mecánica, fue obra de Alfred Vail, el socio joven que Morse incorporó en 1837 y al que la historia ha tratado peor de lo que merecía: Vail fue a una imprenta a contar cuántos tipos de cada letra tenían en la caja, y así la E, la más abundante, se quedó con un solo punto y la Q con raya-raya-punto-raya. Es el mismo principio con el que un siglo después se diseñaría la [codificación de Huffman](https://ikusmira.org/p/la-codificacion-de-huffman/). La tercera decisión fue el relé, sugerido por el físico Joseph Henry, cuyos electroimanes Morse había copiado: una corriente débil que llegaba al final de un tramo cerraba el circuito de una batería fresca para el tramo siguiente, y así la señal podía cruzar un continente.

El Congreso tardó cinco años en concederle 30.000 dólares para una línea de prueba, y el primer intento de enterrar el cable fracasó; lo colgaron de postes, que es la solución que aún se ve. El 24 de mayo de 1844, desde la sala del Tribunal Supremo en Washington, Morse envió a Vail, en Baltimore, un mensaje elegido por la hija del comisario de patentes, un versículo del libro de los Números: «What hath God wrought», qué ha obrado Dios. Vail lo devolvió letra por letra. Lo que convenció al público no fue eso, sino lo que pasó unos días después, cuando la convención del partido demócrata, reunida en Baltimore, nominó a un candidato y Washington lo supo al instante, horas antes de que llegara el tren. La noticia había dejado atrás al mensajero.



A partir de ahí el crecimiento fue el de una infraestructura: 20.000 kilómetros de línea en Estados Unidos en 1850, la costa del Pacífico en 1861 (el Pony Express cerró a los dos días), Europa y América unidas en 1866 tras un cable roto en 1858. Los telegrafistas aprendieron pronto a leer el código de oído, por el chasquido del electroimán, y la tira de papel que Morse consideraba el corazón del invento quedó en desuso. Del telégrafo salieron la agencia de noticias, la cotización en tiempo real, el huso horario, la columna de prensa breve y una primera generación de gente que conversaba con desconocidos a distancia; Standage lo llamó con razón «el internet victoriano». También salió la obsesión de Morse por el crédito, que pasó sus últimos treinta años en pleitos para demostrar que el telégrafo era suyo y de nadie más. Lo era en la misma medida en que la [pila de Volta](https://ikusmira.org/p/la-pila-de-volta/) era de Volta: la pieza final de una cadena de ideas ajenas, puesta en su sitio por alguien que no soltó.

## Fuentes

- Samuel F. B. Morse — *Improvement in the Mode of Communicating Information by Signals by the Application of Electro-Magnetism (patente US 1.647)*, Oficina de Patentes de los Estados Unidos (1840)
- Tom Standage — *The Victorian Internet: The Remarkable Story of the Telegraph and the Nineteenth Century's On-line Pioneers*, Walker, Nueva York (1998)
- Kenneth Silverman — *Lightning Man: The Accursed Life of Samuel F. B. Morse*, Alfred A. Knopf, Nueva York (2003)

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Cómo citar: Sarasola, Josemari (2025). «El telégrafo de Morse». Ikusmira. https://ikusmira.org/p/el-telegrafo-de-morse/
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