# El hombre medio no existe

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- Categoría: Matemática y estadística
- Publicado: 2025-09-12
- Autoría: Josemari Sarasola Ledesma — Editor coordinador; Profesor titular de escuela universitaria, Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea
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A finales de los años cuarenta, la Fuerza Aérea de Estados Unidos tenía un problema que no sabía explicar. Sus aviones se estrellaban con una frecuencia alarmante, a veces hasta diecisiete en un solo día, y no era por fallos mecánicos ni, en la mayoría de los casos, por errores de pilotaje evidentes. Los aviones eran cada vez más rápidos y más complicados, y los pilotos no conseguían controlarlos. Alguien apuntó a la cabina. Se había diseñado en 1926 a partir de las medidas de cientos de pilotos, y se pensó que quizá los pilotos de ahora eran más grandes. Había que medirlos de nuevo.

En 1950, en la base de Wright-Patterson, en Ohio, los investigadores midieron a 4.063 pilotos en 140 dimensiones del cuerpo: la estatura, el largo del brazo, el contorno del pecho, la distancia del ojo al asiento. Entre los encargados del estudio estaba un joven teniente llamado Gilbert Daniels, que había estudiado antropología física en Harvard y que se hizo una pregunta que a nadie se le había ocurrido: ¿cuántos de esos pilotos son realmente medios?

Daniels eligió las diez medidas más importantes para diseñar una cabina y calculó la media de cada una. Luego definió como «medio» a cualquier piloto que quedara dentro del 30 por ciento central de cada medida, es decir, un margen bastante generoso alrededor de la media. Y contó cuántos pilotos eran medios en las diez a la vez. La respuesta fue cero. Ninguno de los 4.063 pilotos era medio en todo. Si solo se consideraban tres de las medidas, menos del 3,5 por ciento cumplía. Una cabina diseñada para el piloto medio estaba diseñada, literalmente, para nadie.

La razón es sencilla una vez que se ve. Un piloto puede tener la estatura media, pero brazos largos y piernas cortas. Otro puede tener el pecho medio y el cuello ancho. Cada persona se aparta de la media en alguna medida, y como esas desviaciones no van siempre juntas, cuantas más medidas se exigen, más difícil es encontrar a alguien que esté cerca del centro en todas. La media de cada medida existe; la persona que tiene todas las medias a la vez, no.

El informe de Daniels, publicado en 1952 con el título *¿El «hombre medio»?*, tuvo una consecuencia práctica inmediata. La Fuerza Aérea dejó de diseñar para la media y empezó a exigir a los fabricantes que los aviones se adaptaran al piloto: asientos que suben y bajan, pedales que se acercan y se alejan, cascos y correas regulables. Hoy esos ajustes nos parecen obvios, y los tenemos en cualquier coche, pero entonces fueron una revolución, y según cuenta el investigador Todd Rose, el rendimiento de los pilotos mejoró de forma notable.

La idea que Daniels desmontó tenía más de un siglo, y tenía padre. Adolphe Quetelet era un astrónomo belga, nacido en Gante en 1796, que había dirigido la construcción del observatorio de Bruselas. Los astrónomos de su época sabían algo muy útil: cuando se mide muchas veces la posición de una estrella, las mediciones salen un poco distintas por culpa de pequeños errores, y esos errores se reparten siguiendo una curva en forma de campana, la que hoy llamamos [distribución normal](https://ikusmira.org/p/distribucion-normal/). La media de todas las mediciones es la mejor estimación de la posición verdadera.



Quetelet tuvo una idea audaz: aplicar el mismo razonamiento a las personas. Tomó las medidas del contorno del pecho de 5.738 soldados escoceses y vio que también se repartían en forma de campana. Concluyó que la naturaleza tenía en mente un tipo ideal, un molde, y que cada persona era una copia imperfecta de él, igual que cada medición de la estrella era una copia imperfecta de su posición real. En 1835 publicó un libro en el que bautizó ese molde como *l'homme moyen*, el hombre medio. Para Quetelet, el hombre medio no era una abstracción, sino el modelo de lo que una sociedad debía ser: la belleza, la salud y la virtud estaban en el centro, y los extremos eran desviaciones, cuando no defectos.

La idea fue un éxito enorme. Quetelet aplicó sus métodos al crimen, al suicidio o a la edad a la que la gente se casaba, y encontró regularidades sorprendentes de un año a otro, igual que había hecho [John Graunt con los muertos de Londres](https://ikusmira.org/p/contar-para-gobernar/) dos siglos antes. Fundó lo que llamó física social, y su influencia llegó a la medicina, a la sociología y a la política. Un invento suyo sigue en las consultas médicas de todo el mundo: dividir el peso de una persona por el cuadrado de su estatura, el índice de Quetelet, que hoy conocemos como índice de masa corporal.

Pero la idea tenía una trampa, y es la que encontró Daniels. Que cada medida se reparta alrededor de una media no quiere decir que exista una persona media. Y que la media resuma bien una medida no la convierte en el ideal. Quetelet confundió una herramienta de resumen con un modelo de ser humano.

La confusión no se quedó en el siglo XIX. En 1945, un periódico de Cleveland organizó un concurso para encontrar a la mujer que más se pareciera a Norma, una escultura hecha con las medias de miles de mujeres jóvenes estadounidenses. Se presentaron casi cuatro mil, y ninguna coincidía con Norma en las nueve medidas que se compararon. La ganadora se le parecía en unas pocas. Pasa lo mismo hoy con las tallas de ropa, los asientos de los aviones o los muñecos de los ensayos de choque de los coches, que durante décadas se diseñaron sobre el cuerpo de un hombre medio y protegían peor a las mujeres.

Nada de esto significa que la media no sirva. Es útil para resumir un grupo, para comparar dos poblaciones o para seguir cómo cambia algo con el tiempo. Lo que no se puede hacer es tratarla como si fuera una persona. Cuando se diseña algo que van a usar personas reales, sea una cabina, una silla o un plan de estudios, conviene pensar en la variedad y no en la media. Y cuando se describe un grupo, conviene recordar que la media es un número sobre el grupo, no sobre ninguno de sus miembros. De lo que pasa cuando la media ni siquiera describe bien al grupo trata el siguiente capítulo: [cuando la media miente](https://ikusmira.org/p/cuando-la-media-miente/).

## Fuentes

- Adolphe Quetelet — *Sur l'homme et le développement de ses facultés, ou Essai de physique sociale*, Bachelier, París (1835)
- Gilbert S. Daniels — *The «Average Man»?*, Technical Note WCRD 53-7, Wright Air Development Center, Wright-Patterson Air Force Base (1952)
- Todd Rose — *The End of Average: How We Succeed in a World That Values Sameness*, HarperOne, Nueva York (2016)
- Ian Hacking — *The Taming of Chance*, Cambridge University Press (1990)

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Cómo citar: Sarasola, Josemari (2025). «El hombre medio no existe». Ikusmira. https://ikusmira.org/p/el-hombre-medio-no-existe/
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