# El fraude del hombre de Nebraska

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- Categoría: Arqueología
- Publicado: 2024-10-27
- Autoría: Josemari Sarasola Ledesma — Editor coordinador; Profesor titular de escuela universitaria, Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea
- Perfiles del autor: https://ekoizpen-zientifikoa.ehu.eus/investigadores/127490/detalle, https://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=333202
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En 1917, el ranchero y geólogo aficionado Harold Cook encontró en unos depósitos erosionados del oeste de Nebraska un diente fósil aislado, de aspecto desgastado y forma ambigua, y lo envió al Museo Americano de Historia Natural de Nueva York para que lo examinara Henry Fairfield Osborn, por entonces el paleontólogo de vertebrados más influyente de Estados Unidos y uno de los grandes defensores públicos de la teoría de la evolución frente al creacionismo bíblico. Osborn, tras comparar el diente con moldes de dentición de primates y humanos, concluyó que pertenecía a un homínido fósil desconocido hasta entonces en el continente americano, donde no se había encontrado ningún resto humano primitivo comparable a los de Europa, Asia o África. Lo bautizó *Hesperopithecus haroldcookii* («el simio de occidente de Harold Cook») y publicó el hallazgo en la revista *Science* en abril de 1922, a partir de un único diente y sin ningún otro resto óseo que lo acompañara.



La noticia tuvo una repercusión enorme, desproporcionada respecto a la escasez de la evidencia: la prensa estadounidense bautizó al hallazgo como «el hombre de Nebraska» y algunos periódicos llegaron a publicar reconstrucciones completas de su rostro y su cuerpo, elaboradas por artistas a partir de un solo diente que ni siquiera incluía la raíz completa. El ilustrador Amédée Forestier publicó en el *Illustrated London News* una lámina con una pareja de «hombres de Nebraska» desnudos junto a una fogata, con rasgos físicos enteramente inventados, que se reprodujo después en varios países y fijó en la imaginación popular una imagen que no tenía ningún respaldo anatómico real.



El hallazgo llegó en un momento especialmente cargado políticamente en Estados Unidos: solo tres años después, en 1925, el llamado juicio del mono de Scopes enfrentó en Tennessee la enseñanza de la evolución en las escuelas públicas con la ley estatal que la prohibía, y el fiscal William Jennings Bryan, defensor del creacionismo bíblico, citó explícitamente el caso del hombre de Nebraska para ridiculizar a la ciencia evolucionista, señalando con cierta ironía involuntaria que toda la reconstrucción se sostenía sobre un solo diente. La defensa, encabezada por Clarence Darrow, no pudo usar a Osborn como testigo experto sin arriesgarse a que el propio caso Nebraska se volviera contra ellos, precisamente porque la comunidad científica ya albergaba dudas crecientes sobre la identificación.

Esas dudas se confirmaron de forma contundente en 1927, cuando una expedición del propio Museo Americano de Historia Natural regresó al yacimiento original de Nebraska y encontró, esta vez sí, restos óseos adicionales asociados al mismo tipo de diente: no pertenecían a ningún primate, sino a una especie extinta de pecarí (un mamífero emparentado con el cerdo salvaje americano), *Prosthennops serus*. El propio compañero de Osborn en el museo, William King Gregory, publicó la rectificación en *Science* ese mismo año bajo un título que no dejaba lugar a ambigüedad: «Hesperopithecus, aparentemente ni simio ni hombre». Osborn, que nunca llegó a retractarse públicamente con el mismo despliegue mediático con el que había anunciado el hallazgo, murió en 1935 sin reconocer del todo el error.

El caso se enseña hoy como advertencia metodológica por partida doble: primero, por la temeridad de construir una especie nueva (y, peor aún, toda una reconstrucción artística completa) a partir de una sola pieza dental ambigua sin esperar a más evidencia; segundo, por la facilidad con la que un error científico, una vez amplificado por la prensa y cargado de significado ideológico en un debate ajeno a la paleontología, puede circular durante años antes de que la propia ciencia lo corrija desde dentro. A diferencia de Piltdown, el hombre de Nebraska no fue un fraude deliberado: fue un error de interpretación cometido de buena fe por uno de los científicos más respetados de su tiempo, lo que lo hace, en cierto modo, una lección todavía más incómoda sobre los límites del exceso de confianza.

## Fuentes

- Henry Fairfield Osborn — *Hesperopithecus, the First Anthropoid Primate Found in America*, Science (1922) — https://doi.org/10.1126/science.55.1427.463
- William King Gregory — *Hesperopithecus Apparently Not an Ape Nor a Man*, Science (1927) — https://doi.org/10.1126/science.66.1720.579
- Stephen Jay Gould — *Bully for Brontosaurus: Reflections in Natural History*, W. W. Norton (1991)
- Edward L. Larson — *Summer for the Gods: The Scopes Trial and America's Continuing Debate over Science and Religion*, Basic Books (1997)

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Cómo citar: Sarasola, Josemari (2024). «El fraude del hombre de Nebraska». Ikusmira. https://ikusmira.org/p/el-fraude-del-hombre-de-nebraska/
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