# El caso de Phineas Gage

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- Categoría: Psicología
- Publicado: 2026-05-05
- Autoría: Josemari Sarasola Ledesma — Editor coordinador; Profesor titular de escuela universitaria, Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea
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**Phineas Gage** (1823-1860) es el paciente más famoso de la historia de las neurociencias. El 13 de septiembre de 1848, este capataz de una cuadrilla de ferrocarril preparaba una voladura cerca de Cavendish (Vermont) cuando la pólvora explotó antes de tiempo y le disparó la barra de atacar —un hierro de un metro diez, seis kilos y tres centímetros de diámetro— a través de la cabeza: entró bajo el pómulo izquierdo, pasó por detrás del ojo, atravesó el lóbulo frontal y salió por lo alto del cráneo, aterrizando a más de veinte metros. Gage no perdió el conocimiento, o lo perdió apenas: habló durante el traslado, subió casi sin ayuda las escaleras de su alojamiento y recibió al médico del pueblo, John Martyn Harlow, con una frase que hizo historia clínica: «Doctor, aquí hay trabajo de sobra para usted». Sobrevivió a la herida y a la infección que estuvo a punto de matarlo, y vivió once años y medio más.

![Grabado de 1850 de un cráneo de frente atravesado en diagonal por una barra de hierro](https://ikusmira.org/images/ilustraciones/psicologia/gage-bigelow-1850.jpg)

*Frontispicio del artículo de Henry Bigelow (1850): el cráneo de frente con la barra colocada en su trayectoria — entra bajo el pómulo izquierdo y sale por la coronilla. Bigelow examinó a Gage en Harvard y lo presentó como completamente recuperado; el informe del cambio de carácter tardaría dieciocho años más en publicarse.*

La fama del caso no viene de la supervivencia sino de lo que Harlow publicó veinte años después, en 1868, ya muerto Gage: el hombre que volvió del accidente no era el que había salido. El capataz eficiente, equilibrado y apreciado por sus patrones era ahora —son las palabras del informe— irregular, irreverente, caprichoso e impaciente ante toda restricción o consejo, capaz de idear mil planes y abandonarlos todos; sus conocimientos y su memoria estaban intactos, pero el equilibrio «entre su facultad intelectual y sus propensiones animales» se había roto, hasta el punto de que sus amigos decían que «ya no era Gage». La compañía no lo readmitió. En esa página nace el argumento que las neurociencias siguen usando: si una lesión frontal puede cambiar el carácter dejando intactas la inteligencia y la memoria, entonces la [personalidad](https://ikusmira.org/p/personalidad) y el autocontrol tienen asiento cerebral, y ese asiento está en el lóbulo frontal.

Lo primero que conviene saber es que el caso fue munición de ambos bandos antes de ser un emblema. En 1850 Henry Bigelow, catedrático de Harvard, examinó a Gage y lo presentó como **completamente recuperado** — le servía para negar la localización cerebral de funciones, contra los frenólogos. El informe del cambio de carácter es tardío, breve —unas líneas dentro de un artículo dedicado sobre todo al cráneo—, y no fue corroborado por ninguna otra fuente independiente: casi todo lo que la ciencia sabe del Gage posterior al accidente pasa por un solo testigo, su médico. Sobre esa base mínima, los manuales edificaron durante siglo y medio un personaje: el Gage borracho, pendenciero, mentiroso y exhibido en ferias que puebla los libros de texto no está en Harlow ni en ningún documento — Malcolm Macmillan, que rastreó todas las versiones publicadas, mostró que el relato fue creciendo con cada recontado, y que cada época le atribuyó el síndrome que necesitaba ilustrar.

![Grabado de 1868 del cráneo de Gage en tres cuartos, con la barra de hierro apoyada atravesándolo](https://ikusmira.org/images/ilustraciones/psicologia/gage-harlow-fig2.png)

*El cráneo exhumado, en el grabado del informe de Harlow (1868). La familia autorizó la exhumación para que el médico pudiera documentar el caso; cráneo y barra se conservan juntos desde entonces en el museo Warren de Harvard, y siguen siendo la única evidencia física contra la que contrastar cada nueva reconstrucción.*

Los documentos dicen otra cosa más interesante. Gage trabajó después del accidente en una cuadra de New Hampshire, y durante unos siete años como cochero de diligencias en Chile, conduciendo tiros de seis caballos en un trabajo que exigía madrugones, rutina estricta, trato con pasajeros y decisiones constantes. Macmillan y Lena leen ahí una **recuperación social**: la estructura externa del oficio habría hecho de andamiaje para la función ejecutiva dañada — una hipótesis con eco directo en la rehabilitación neuropsicológica actual. En 2009 apareció además el único retrato conocido, un daguerrotipo identificado por los coleccionistas Beverly y Jack Wilgus: un hombre bien vestido y seguro, tuerto, sosteniendo con orgullo la barra que lo atravesó. La imagen, tan lejos del monstruo de los manuales, obligó a redibujarlo. Gage murió en San Francisco en 1860, tras una serie de convulsiones — secuela probable de la lesión. Su cráneo y la barra, que su familia autorizó a exhumar para Harlow, están en el museo Warren de Harvard.

El uso doctrinal del caso tampoco se detuvo en el siglo XIX, y su capítulo más incómodo es quirúrgico. Cuando en los años cuarenta y cincuenta la lobotomía prefrontal se practicaba por decenas de miles, Gage circulaba por la literatura en las dos direcciones a la vez: como prueba de que se podía dañar el lóbulo frontal y sobrevivir funcionalmente —el precedente tranquilizador— y como prueba de que la personalidad se podía alterar cortando por ahí, que era exactamente lo que la operación buscaba. Un mismo expediente de una página sirviendo de aval a la mayor aventura psicoquirúrgica de la historia y a su condena posterior es la demostración más cruda de lo que Macmillan documentó al comparar sistemáticamente los relatos publicados con las fuentes: la mayoría de las versiones académicas del caso contiene afirmaciones sin respaldo documental, y las distorsiones no son ruido aleatorio — apuntan siempre hacia lo que la teoría del autor necesitaba. El paciente más citado de la neurociencia funciona, en la práctica, como una mancha de tinta profesional: cada escuela ve en él su propia doctrina, con la ventaja de que el interesado lleva desde 1860 sin poder desmentir a nadie.

La segunda vida del caso es moderna. Hanna Damasio y su equipo reconstruyeron digitalmente la trayectoria en 1994 y concluyeron que el daño afectaba la corteza prefrontal ventromedial de ambos hemisferios — el sustrato, en la teoría de Antonio Damasio, de la conexión entre emoción y decisión que sus pacientes frontales modernos también tienen rota. Reconstrucciones posteriores lo discuten: Ratiu y sus colegas (2004) y Van Horn y los suyos (2012), con el cráneo real y mejores modelos, sitúan el daño solo en el hemisferio izquierdo, aunque con amplia desconexión de haces entre regiones. Que tres equipos con técnicas de imagen del siglo XXI no coincidan sobre una lesión de 1848 es la advertencia metodológica final del caso: Gage soporta menos peso teórico del que se le ha cargado. Es el ejemplo perfecto de dos cosas a la vez — de que el lóbulo frontal tiene que ver con quiénes somos, y de cómo la ciencia fabrica sus fábulas cuando un caso célebre tiene pocos datos y mucha demanda.

[Personalidad](https://ikusmira.org/p/personalidad) – [Patrones conductuales](https://ikusmira.org/p/patrones-conductuales) – [La histeria y la Salpêtrière](https://ikusmira.org/p/la-histeria-y-la-salpetriere) – [Validez de criterio](https://ikusmira.org/p/validez-de-criterio-validacion-de-criterio-validez-criterial) – [Sesgo del superviviente](https://ikusmira.org/p/sesgo-del-superviviente)

## Fuentes

- John M. Harlow — *Passage of an Iron Rod Through the Head*, Boston Medical and Surgical Journal (1848)
- Henry J. Bigelow — *Dr. Harlow's Case of Recovery from the Passage of an Iron Bar through the Head*, American Journal of the Medical Sciences (1850)
- John M. Harlow — *Recovery from the Passage of an Iron Bar through the Head*, Publications of the Massachusetts Medical Society (1868)
- Hanna Damasio, Thomas Grabowski, Randall Frank, Albert M. Galaburda y Antonio R. Damasio — *The Return of Phineas Gage: Clues About the Brain from the Skull of a Famous Patient*, Science (1994)
- Malcolm Macmillan — *An Odd Kind of Fame: Stories of Phineas Gage*, MIT Press (2000)
- Malcolm Macmillan y Matthew L. Lena — *Rehabilitating Phineas Gage*, Neuropsychological Rehabilitation (2010)
- John Darrell Van Horn y otros — *Mapping Connectivity Damage in the Case of Phineas Gage*, PLoS ONE (2012)

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Cómo citar: Sarasola, Josemari (2026). «El caso de Phineas Gage». Ikusmira. https://ikusmira.org/p/el-caso-de-phineas-gage/
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