# Altamira y el fraude de Sautuola

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- Categoría: Arqueología
- Publicado: 2024-07-18
- Autoría: Josemari Sarasola Ledesma — Editor coordinador; Profesor titular de escuela universitaria, Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea
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En 1868, un cazador llamado Modesto Cubillas encontró la entrada de una cueva en la finca de Altamira, cerca de Santillana del Mar, al derrumbarse el terreno tras un desprendimiento. El terrateniente de la zona, el abogado y naturalista aficionado Marcelino Sanz de Sautuola, la visitó por primera vez en 1875 para buscar restos prehistóricos en el suelo, sin fijarse en absoluto en el techo. Fue en una segunda visita, en 1879, cuando su hija María, entonces de unos ocho años, se adentró con una vela más allá de donde él trabajaba y exclamó, según el relato familiar, «¡mira, papá, bueyes!»: sobre ellos se extendía un techo cubierto de bisontes pintados en ocre, negro y almagre, superpuestos a las formas naturales de la roca para aprovechar su relieve.



Sautuola, convencido de que las pinturas eran tan antiguas como las herramientas de sílex que había encontrado en el suelo de la propia cueva, publicó en 1880 un breve folleto, *Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander*, con litografías de los animales pintados, y lo presentó ese mismo año en el Congreso Internacional de Antropología y Arqueología Prehistóricas celebrado en Lisboa. La reacción fue un rechazo casi unánime. El arqueólogo francés Émile Cartailhac, la autoridad europea del momento en arte paleolítico, ni siquiera acudió a ver la cueva y la descartó de plano desde París; otros especialistas, entre ellos Gabriel de Mortillet, llegaron a sugerir abiertamente que Sautuola había pagado a un pintor para falsificar las figuras, en un fraude ideado para dar notoriedad a su finca. El argumento de fondo era de coherencia teórica, no de examen directo: se consideraba que el ser humano del Paleolítico, un cazador-recolector que vivía al límite de la supervivencia, no podía haber producido un arte de semejante calidad técnica, con el dominio del claroscuro y la perspectiva que mostraban los bisontes de Altamira.



La acusación de fraude persiguió a Sautuola el resto de su vida y lo dejó, según sus propios allegados, profundamente amargado. La situación empezó a cambiar solo a partir de 1895, cuando aparecieron pinturas similares en la cueva francesa de La Mouthe, en una zona que se había mantenido sellada por un derrumbe desde época prehistórica y que, por tanto, no podía haberse pintado en el siglo XIX; siguieron Pair-non-Pair (1896), Marsoulas (1897) y Combarelles y Font-de-Gaume (1901), estas últimas investigadas por el propio Cartailhac y por el joven Henri Breuil. El hallazgo que terminó por doblegar al escéptico más influyente de Europa fue el de Font-de-Gaume: ante pinturas que nadie discutía por hallarse en un contexto estratigráfico incuestionable, Cartailhac comprendió que había estado rechazando, veintidós años antes, un hallazgo genuino.



En 1902 publicó en la revista *L'Anthropologie* un artículo titulado sin rodeos «Mea culpa de un escéptico», en el que reconocía públicamente su error y el de toda una generación de prehistoriadores franceses, y viajó a Altamira para estudiar la cueva en persona junto a Breuil; el resultado fue la monografía conjunta de 1906, que fijó el reconocimiento científico definitivo del arte paleolítico de Altamira. Sautuola había muerto catorce años antes sin poder leer la rectificación. Las pinturas se fecharían mucho después, mediante series de radiocarbono de los pigmentos de carbón y de uranio-torio sobre los depósitos de calcita que las recubren, entre unos 36.000 y 13.000 años de antigüedad según la zona del techo, lo que las sitúa entre las manifestaciones de arte figurativo más antiguas conocidas en Europa.

El caso se estudia hoy no solo como una reivindicación tardía, sino como un ejemplo de cómo el prestigio académico y los marcos teóricos dominantes pueden pesar más que la evidencia directa: ningún experto que acusó a Sautuola de fraude había examinado la cueva con el detenimiento que él sí le dedicó, y la objeción de fondo (que un cazador-recolector no podía pintar tan bien) decía más sobre los prejuicios de la antropología victoriana que sobre la capacidad real de los humanos del Paleolítico superior.



## Fuentes

- Marcelino Sanz de Sautuola — *Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander*, Imprenta de Telesforo Martínez (1880)
- Émile Cartailhac — *La caverne d'Altamira, Espagne. 'Mea culpa' d'un sceptique*, L'Anthropologie (1902)
- Émile Cartailhac y Henri Breuil — *La caverne d'Altamira à Santillane près Santander (Espagne)*, Imprimerie de Monaco (1906)
- Óscar Moro Abadía y Eduardo Palacio-Pérez — *Rethinking the Origins of Altamira: Trust, Networks and the Discovery of Prehistoric Cave Art*, Journal of Social Archaeology (2015)

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Cómo citar: Sarasola, Josemari (2024). «Altamira y el fraude de Sautuola». Ikusmira. https://ikusmira.org/p/altamira-y-el-fraude-de-sautuola/
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